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domingo, 8 de julio de 2012

Semana Negra como el carbón

07 / 07 / 2012 María Cirujano

Más reivindicativo que nunca, el festival literario de Gijón celebra su 25 aniversario entre escritores, cineastas, periodistas, mineros y peticiones de libertad para Sanjuana Martínez.

Cartel de la Semana Negra a
cargo de Jacques de Loustal
Hace unos meses la idea de que Gijón alojara la vigésimo quinta edición de la Semana Negra era poco menos que una utopía, un sueño que albergaban los incondicionales de un festival que lleva años proporcionando diversión, cultura y polémica a partes iguales. Sin embargo, poco antes de las 8 de la mañana del viernes 6 de julio, Paco Ignacio Taibo II, por fin pronunciaba las palabras: “Declaramos iniciada la XXV Edición de la Semana Negra”, y decenas de escritores y periodistas las aplaudían con todas sus ganas. Daba comienzo el certamen, y el viaje del Tren Negro, cuyo trayecto original (Madrid-Mieres-Gijón) se vio interrumpido por el corte de la vía en La robla (León) por las protestas mineras, una situación que no provocó ni un mal gesto, ni una mala mirada entre los viajeros.

Afortunadamente no fue la única noticia del trayecto de 8 horas. La literatura y la política estuvieron presentes en el Tren negro gracias a las ruedas de prensa celebradas en su cafetería, que sirvió también como lugar de reunión de todos con todos, dando la oportunidad de recuperar amistades y forjar nuevas. Abrió fuego el propio Taibo con unas declaraciones a favor de la liberación de la periodista mexicana Sanjuana Martínez, detenida el pasado 5 de julio y liberada finalmente tras pasar 24 horas en prisión y nominada esta año al premio Rodolfo Walsh que la Semana Negra otorga a la mejor obra policiaca de no ficción por La frontera del narco. Pero la mecha se había encendido, y si la Semana Negra siempre ha tenido fama de ser un poco contestataria, este año está dispuesta a demostrarlo, y celebrarlo, por todo lo alto.

La siguiente en intervenir fue Lisa Díez, cineasta francesa que debuta en la dirección de largometrajes con el documental De aquí y de allá. La línea invisible, que narra la tradición de un pueblo centromexicano, El alberto, de reproducir en sus terrenos un simulacro del paso de la frontera mexicana. A medio camino entre el campo de entrenamiento y el parque temático, La caminata nocturna tiene lugar todos los fines de semana y en ella participan unos 20 turistas cada vez, lo que supone un total de más de mil personas al año. El documental, estrenado en París a finales de 2011, podrá verse en el ciclo de cine De aquí y de allá, una de las novedades del festival.

La ciencia ficción y la novela negra fueron las siguientes protagonistas del Tren negro. La primera gracias al buen hacer de la mexicana Ana Colchero, economista reconvertida en actriz y, ahora, reconvertida en escritora a la que no pararon de lloverle los elogios por parte de uno de los decanos del género en España, Juan Miguel Aguilera. Colchero ha viajado hasta Gijón para presentar su novela Los hijos del tiempo, una distopía situada en el año 2060, en una sociedad dividida en privilegiados que viven en la superficie del planeta y aquellos obligados a vivir en el subsuelo, incapaces de tener un sitio en una sociedad que no es sino un reflejo de la nuestra, porque como recuerdan Aguilera y Colchero, la ciencia ficción es mucho más que una novela futurista, es novela social, es denuncia, es novela realista en su fondo, aunque no lo sea en sus formas.

La novela negra la representa en este viaje Empar Fernández, escritora barcelonesa autora de más de una decena de novelas, sola o en compañía de Pablo Bonell, que comparten siempre un punto en común: una búsqueda dolorosa de la verdad. Presenta en esta ocasión, flaqueada por Cristina Macía y Juan Bolea, Sin causa aparente, la que parece primera entrega de una nueva serie protagonizada por el subinspector Enric Nasarre, policía entregado a su trabajo que Fernández reconoce entre risas que no tiene nada especial: “Quería que recordara al Maigret de Simenon. Un hombre muy normal que sabe hacer muy bien su trabajo”. Si la ciencia ficción es en el fondo literatura social, la novela negra es en realidad un estudio de la naturaleza humana, campo que domina este subinspector Nasarre, del que seguro oiremos mucho más en los próximos años.

Y en una perfecta mezcla de lo social y lo humano el Tren negro llegó a Mieres, a un andén abarrotado de mineros y sus familiares, hermanos en solidaridad y ganas de luchar de la organización semanera, que cada año se supera a sí misma sorteando los problemas y dificultades que les echan al ruedo. Camisetas negras que pasan de unas manos a otras, puños en alto y un himno cantado en esos susurros fuertes que solo puede provocar la emoción, En el pozo María Luisa. Lágrimas contenidas y aplausos en mineros y semaneros. Las mismas lágrimas que no se contienen cuando, horas después, se corta la cinta negra en el acto oficial de inauguración. Lo hacen el Senador Vicente Álvarez Areces (PSOE); la Alcaldesa de Gijón, Carmén Mo- riyón (FORO); el Director del Festival, Paco Ignacio Taibo; Susana Quirós, Presidenta de la Asociación Se- mana Negra; la Consejera de Cultura, Ana González (PSOE) y los concejales gijoneses Justo Vilabrille (PSOE), el forista Rafael Felgueroso y Libertad González (IU), pero los que lloran son otros: aquellos que llevan años formando parte de esta semana especial, aquellos que la organizan, que se desviven, aquellos que han vivido una montaña rusa de emociones en el viaje de 12 meses que ha hecho el Tren negro, aquellos que pensaron que esta vez iba en serio, que este año no habría Semana Negra. Pero la hay. En los terrenos de Naval Gijón se levantan una vez más, desafiantes ante vientos y mareas políticas, las carpas blancas que en Gijón son sinónimo de cultura, de exposiciones, de libros, de tertulias, de diversión, de comida, de feria... de comunidad, a fin de cuentas.

Esto es la Semana Negra... y sigue.
Fuente: tiempo

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