28 junio 2012
Por Valentín Bustos
Si a principios del siglo XIX, la maraña administrativa era tal que hasta Mariano José de Larra la inmortalizó en su célebre Vuelva usted mañana,
dos siglos después, y al menos para la actividad emprendedora, sigue
siendo un obstáculo. De hecho, en 146 países del mundo, de un total de
183, es más fácil crear una empresa que en España, según el informe Doing Business 2011.
Tampoco es de recibo que se tarden 18 días, el doble que en Europa,
solo en registrarla. Porque si contamos los sistemas de autorización y
licencias nos vamos a 47 días y a casi diez procedimientos con
administraciones diferentes. ‘Hay que eliminar trabas administrativas y
simplificar los procedimientos bajo el principio básico de un solo
trámite, una sola vez y en un solo día”, apunta Celia Ferrero,
vicepresidenta ejecutiva de la Asociación de Trabajadores Autónomos
(ATA). Por eso sería aconsejable la creación de una autorización única y
express para la creación de empresas, válida en todo el territorio
nacional. Y, respecto a las licencias, que el control de éstas fuera
posterior a la puesta en marcha del negocio, de tal forma que las
autorizaciones no dilaten o impidan que pueda estar funcionando. ¿Otros
escollos? Los hay estructurales, como la elevada y desfasada fiscalidad,
y los hay coyunturales, como la falta de acceso a la financiación. “Que
en los tres primeros años de actividad se pudieran hacer quitas en el
pago a la Seguridad Social sería una buena medida”, asegura Natalia
Andía, responsable del programa social entrepreneurship de ESCP Europe.
Como una bonificación en las cotizaciones sociales, establecer una
reducción para microempresas en el Impuesto de Sociedades de cinco
puntos, cambiar el criterio de devengo en la tributación del IVA por el
de caja o facilitar fiscalmente las reinversiones de beneficios.
Fuente: Capital
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