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miércoles, 8 de octubre de 2014

Haruki Murakami , favorito para el Premio Nobel de Literatura

Haruki Murakami , favorito para el Premio Nobel de Literatura
Créditos: EFE Haruki Murakami, Svetlana Alexijevich, Joyce Carol Oates, Philip Roth y Don DeLillo son los favoritos a llevarse el Nobel de Literatura este jueves.

El japonés Haruki Murakami, el keniano Ngugi wa Thiong"o, la argelina Assia Djebar, la bielorrusa Svetlana Alexijevich y habituales en los pronósticos como los estadounidenses Joyce Carol Oates, Philip Roth y Don DeLillo encabezan las quinielas al Nobel de Literatura, que la Academia Sueca falla este jueves.

Como es habitual desde hace un lustro, Murakami, un éxito de ventas pero no tanto de crítica, domina las listas previas de las casas de apuestas, donde aparece muy bien situado Thiong"o y la escritora y periodista Alexijevich, que ya sonaba el año pasado, al igual que el dramaturgo noruego Jon Fosse.

También se mencionan en las casas de apuestas y en los medios suecos clásicos la canadiense Margaret Atwood, el albanés Ismail Kadaré y el irlandés William Trevor.

Entre los nombres nuevos figuran el francés Patrick Modiano, el somalí Nuruddin Farah, la egipcia Nawal El Saadawi y el rumano Mircea Cartarescu, además de poetas como el escocés Don Paterson y el chino Bei Dao.

Los representantes de la lírica han perdido presencia en las quinielas desde que el sueco Tomas Tranströmer ganara en 2011, pero aparte de los mencionados, aparecen también este año habituales como el surcoreano Ko Un, el polaco Adam Zagajewski y el sirio Adonis.

Las letras estadounidenses, que no ganan desde 1993 con Toni Morrison, están representadas también con otros autores como Cormac McCarthy, Thomas Pynchon o incluso el cantautor Bob Dylan.

El factor tiempo suele apuntarse como importante, aunque la Academia Sueca insiste en que no se premian literaturas ni países, sino a autores, aunque a veces dé la impresión de que se usa el criterio de rotación geográfica.

La elección de Vargas Llosa o la de otros como los británicos Harold Pinter (2005) y Doris Lessing (2007) demuestra que la Academia puede recuperar a nombres que parecían ya olvidados tras sonar muchos años.

En esa categoría entrarían por ejemplo el checo Milan Kundera, el portugués Antonio Lobo Antunes, el israelí Amos Oz, el holandés Cees Nooteboom, los italianos Umberto Eco y Claudio Magris y el británico Salman Rushdie.

Entre los 210 aspirantes al premio, de los que 36 no habían sido nominados antes, se nombra también al húngaro Peter Nadas, al austríaco Peter Handke y a la italiana Dacia Maraini.

Aunque las elecciones de los últimos años han coincidido con nombres bien situados en los pronósticos previos, como el chino Mo Yan y la canadiense Alice Munro, la Academia ya ha demostrado antes que puede escoger nombres inesperados como la austríaca Elfriefe Jelinek o la alemana Herta Müller. EFE
Fuente: RPP

sábado, 14 de diciembre de 2013

La Isla del Lector: 50 libros imprescindibles de 2013. La mejor cosecha literaria

Una imagen de la Feria del libro de Fráncfort del pasado octubre. (EFE)
Una imagen de la Feria del libro de Fráncfort del pasado octubre. (EFE)

 
Un año después podemos decir que la cosecha 2013 ha sido extensa y variada. Una añada para no olvidar. Aquí ofrecemos una selección de libros que definirán la calidad, saboreados y elegidos por los especialistas Marta Sanz, Ricardo Menéndez Salmón y Miqui Otero, y la sección de Cultura de El Confidencial. No hay un vencedor, sólo son muchos de los libros que deberían figurar entre las lecturas del año que termina. 

Instrucciones para fracasar mejor, de Miguel Albero (Abada Editores). Un repaso por la historia del fracaso desde la novela, la filosofía, el cine, las artes, la autoayuda... El fracaso como referente cultural del hombre capitalista. Miguel Albero ha levantado una obra magna contra el éxito como bien supremo y todos los pagarés devengados a los que se somete uno, pero también como revelación de un tabú que esconde un hecho inherente e inevitable.

Cuentos completos, de J. G. Ballard (RBA). Cuatro años después de su muerte, llega por fin a España el libro que quizás refleja mejor la ruptura histórica propuesta por Ballard: sus Cuentos completos. Una biblia de la ciencia ficción que pesa 1,5 kilos, tiene 1.400 páginas e incluye 98 cuentos, cuatro de ellos inéditos en español. Relatos escritos entre 1956  y 1992, pero cuya lectura sigue provocando una extrañeza blindada a la erosión del tiempo.

El chico de la trompeta, de Dorothy Baker (Contraseña). Bix Beiderbecke, cornetista y protagonista de una vida de jazz propia de las mejores novelas de autodestrucción. Escrita en 1938 y adaptada al cine en 1950, el fanatismo contra una vida normal y tibia es recogido sin complacencia.  

Coral Glynn, de Peter Cameron (Libros del Asteroide). Un ejercicio vintage que rescata el tono, la trama y los ambientes de las novelas de autoras como Elizabeth Taylor o, incluso, Muriel Spark; historias que arrancan en la candidez y viran hacia lo perverso y casi gótico. Si la idea era escribir una novela que captase el pulso de toda una sociedad, si no lo ha logrado se ha quedado muy cerca.

Intemperie, de Jesús Carrasco (Seix Barral). Con un cargamento infinito de términos caídos en desgracia y cocidos al calor de los encinares, Carrasco presenta una simple narración en fuga: un niño emprende la huida de un alguacil y sus ayudantes, y un cabrero anciano le da cobijo. No hay más trama, Intemperie es una novela urdida con las hebras del paisaje natural y humano, los dos protagonistas.

Limónov, de Emmanuel Carrère (Anagrama). La novela arranca en Moscú el 7 de octubre de 2006, el día en que fue asesinada Politkóvskaya a tiros. El escritor y periodista francés monta una novelesca y muy exagerada vida de Limónov, un personaje turbio en la era de Putin.

Librerías, de Jorge Carrión (Anagrama). Crónica de viajes y libros, en la que el autor investiga y reflexiona sobre las librerías que ha ido encontrando por los cinco continentes. Aborda en su peculiar repaso cuestiones tan dispares como la figura del librero, los editores, los consumidores, las bibliotecas, el futuro digital, la censura o su propia experiencia en la visita y el recorrido. Un retrato vivo.

La mala luz, de Carlos Castán (Destino). Para pasar uno de esos “buenos malos ratos” que proporcionan el cine o la literatura. Una literatura que no se avergüenza de serlo y rescata referentes como El dolor de Marguerite Duras. Aridez, oscuridad, muerte del hijo, precariedad, la mala luz… Es evidente que algo huele a podrido en Dinamarca y que los novelistas no son ajenos a lo que ocurre en la calle.

En la orilla, de Rafael Chirbes (Anagrama). Desolación en la plaza pública y la lucidez del aguafiestas. Dos de las inconfundibles marcas de la casa de uno de los escritores de referencia, incómodo para el poder, para los de la burbuja, para los del sobre, para todos los mangantes. Y los magnates. No es amable, es necesario para saber de dónde viene este cementerio de esqueletos de hormigón llamado España.

Colegiala, de Osamu Dazai (Impedimenta). Colección de relatos que habla de mujeres, crecimiento, literatura y de un concepto muy especial de la sensibilidad: “La belleza pura siempre carece de sentido y de moral […] Por eso me gusta tanto el rococó”. A pesar del menosprecio de sus personajes femeninos, la perspectiva de Dazai no es misógina, refleja una capacidad de observación que avala su apelativo del Dostoievski japonés.

Cómo todo acabó y volvió a empezar, de E. L. Doctorow (Miscelánea). Una novela trágica sobre proxenetas, prostitutas, pioneros, asesinos, inmigrantes, mineros… La crónica que el personaje narra con frialdad sobre el empeño por levantar un pueblo en mitad de Dakota y así sobreponerse a un instante de cobardía y vergüenza, para lograr un instante de civilización y esperanza.

La piedra de moler, de Margaret Drubble (Alba). Con un agridulce sentido del humor la escritora relata una experiencia de maternidad al margen de tópicos, tanto tópicos progresistas como tópicos conservadores en torno a la decisión, no tan premeditada ni tan grandilocuente, de ser madre.

14, de Jean Echenoz (Anagrama). La nueva novela del autor francés es el resultado de otro encontronazo de quien está condenado a la realidad. Amante de los hechos, los documentos, los archivos, las fotografías, las cartas manuscritas, grabaciones, llegaron a su poder la vida y papeles de uno de aquellos cientos de miles de personas convertidas en soldados convertidos en muertos, que se encargó de transformar en personaje.

Necesario pero imposible, de Javier Gomá (Taurus). Con este ensayo remata Javier Gomá la tetralogía en la que ha tocado todos los temas universales del ser humano, desde el amor a la angustia. Su última visión es lanzar una vieja pregunta ignorada: en qué condiciones la individualidad del ser humano continúa más allá de la muerte. 

Contarlo todo, de Jeremías Gamboa (Mondadori). Diez años en la vida de un joven periodista peruano que ha renunciado a todo con el propósito de convertirse en escritor. Para ello tendrá que contarlo todo y el resultado es una profunda y generosa novela, en la que Lima se presenta como el personaje más cautivante de todos ellos.

El tiempo menos solo, de Abraham Gragera (Pre-Textos). Casi ocho años después del primer poemario (Adiós a la época de los grandes caracteres) del autor más importante de su generación, su nueva obra confirma la renovación formal que emprende a partir de la profunda lectura de la tradición del aprecio por la palabra. “Porque en nuestro futuro no hay memoria/ y somos el futuro de todo lo que está a nuestras espaldas”.

La transmigración de los cuerpos, de Yuri Herrera (Periférica). La epidemia del virus AH1N1 arrasa con todos. En México, la población asustada se encierra en sus casas por miedo al contagio y la ciudad queda abandonada. Herrera monta un ambiente sórdido ante la amenaza del fin del mundo. Y ahí aparece su protagonista, el Alfaqueque, caminando entre la miseria y el desconsuelo, con una prosa exacta, renovadora y llamada a ser estrella latinoamericana.  

Diario de campo, de Rosario Izquierdo (Caballo de Troya). La intensidad puede hasta con la sociología, los números, las clasificaciones y las estadísticas. La documentación y el análisis se convierten en historias de vida que discurren sin límites por el barrio de las tres mil viviendas de Sevilla, en busca de la exclusión social, de los límites humanos que separan el pudor del sensacionalismo. 

Chavs: la demonización de la clase obrera, de Owen Jones (Capitán Swing). "El odio a los chavs es una manera de justificar una sociedad desigual". Un chav inglés es un choni español. Owen Jones recupera en este portentoso estudio el conflicto de las clases. Ese odio contra el choni es para el autor propio de una sociedad clasista: este odio es mucho más que enobismo, “es lucha de clases”.

Kafka enamorado: Cartas a Felice. Correspondencia de la época del noviazgo (1912-1917), de Franz Kafka (Nórdica). El gran volumen recoge todas las palabras de amor desesperado del autor de La metamorfosis (1915) por aquella joven que conoció por casualidad. Kafka se echa novia, pero el intenso romance epistolar no acaba bien.  

Lección de anatomía, de Danilo Kiš (Acantilado). Soberbio, sagaz, delirante. Kiš se inclina sobre el cadáver. Bisturí y raja sobre el kitsch artístico e ideológico, como una metáfora de las relaciones entre el arte y el poder. Una lección modélica y contundente sobre la impostura y la falsificación; una resistencia al sinsentido de las sociedades totalitaristas europeos que desbarataron el siglo XX.   

Hallazgo de un cadáver, de Eva-Marie Liffner (Nórdica). Un ejercicio de estilo brillante donde se superponen imágenes y estratos del tiempo. Los resortes de la mejor novela criminal se solapan con los de la mejor novela histórica. Una apasionante novela sobre la recuperación de la memoria y el hallazgo de la dignidad.

1914. De la paz a la guerra, de Margaret MacMillan (Turner). Para calentar los motores del recuerdo a los cien años de la Primera Guerra Mundial, nadie como la historiadora canadiense –la mayor experta en la Gran Guerra- para advertir sobre las similitudes entre la situación actual y el contexto previo a la contienda y que no suene a tesis coyuntural. Asegura que hoy también prima el recurso a la violencia que al diálogo.  

En los dominios de Amazon, de Jean-Baptiste Malet (Trama). La fórmula del éxito de la multinacional: sólo esfuerzo y rentabilidad, descubierta por el periodista francés que se coló en una de sus naves para trabajar como el resto de empleados. Los de Amazon se definen como “exploradores”, Malet les define como “explotadores”, para dibujarles como una amenaza para la sociedad democrática.

Operación dulce, de Ian McEwan (Anagrama). Pasó por las fajas y las estanterías como la primera novela de espías del sardónico autor británico, cuando, en realidad, es el envoltorio que esconde el ejercicio más breve y experimental de todos los suyos. Cose el mundo de los escritores al mundo de los servicios secretos, rociados con una historia de amor y una mirada irónica sobre novelistas apasionados por el poder.

Cuatro por cuatro, de Sara Mesa (Anagrama). Un texto, ambientado en un internado, absolutamente exótico en el panorama de la literatura española: la indagación sobre el mal se encorseta en una estructura cerrada y claustrofóbica, en la reiteración del compás del cuatro por cuatro y en esos espejos de sexualidad y muerte que se reflejan unos dentro de otros hasta el infinito.

La hora violeta, de Sergio del Molino (Mondadori). La narración constituye la búsqueda de una palabra para expresar el dolor por la pérdida de un hijo pequeño. Una palabra que no existe en los diccionarios y que Del Molino cerca con una prosa que nunca cae en el melodrama ni en el sentimentalismo. Una de las novelas más bellas y más duras del año, que aventura un autor con futuro.

Por si se va la luz, de Lara Moreno (Lumen). Sin rodeos: una de las apariciones más satisfactorias de la temporada. Una primera persona deslumbrante, enemiga del sentimentalismo y obligada a las esperanzas. Una pareja de urbanitas se da a la fuga del asfalto esperando que el campo y el pueblo calmen sus dolores y sequen sus desdichas. Un viaje íntimo e intimista camino a la renuncia.

Todo lo que era sólido, de Antonio Muñoz Molina (Seix Barral). Ensayo urgente sobre la destrucción de un país fraguado en los débiles pilares de una transición democrática, que se ha mostrado carente de proyecto por el bien común. Un mea culpa en el que Muñoz Molina hace un repaso de las facilidades con las que los políticos han dilapidado las esperanzas de un Estado libre y autocrítico.

Cielos, de Wajdi Mouawad (KRK).  En un mundo apocalíptico, donde todo rastro de vida, excepto la humana, ha desaparecido, un grupo de técnicos intenta desentrañar las claves que permitan evitar un inminente ataque terrorista. Pieza teatral que funciona como una máquina dialéctica que arrasa y aplasta toda pretensión de verosimilitud, para mostrar las miserias de la época posindustrial.   

Mi vida querida, de Alice Munro (Lumen). “La verdad es que en el amor nada cambia demasiado”. La Premio Nobel de Literatura mantiene el cuchillo afilado hasta la última línea. En su último libro de relatos, la escritora canadiense deja pasar a las habitaciones de su propia vida. Ella misma lanza una falsa advertencia para emborronar aún más los límites entre ficción y realidad: “Esto no es un cuento, tan solo es vida”.

Donde mueren los payasos, de Luis Noriega (Blackie Books). Vale, nos e puede confiar en los payasos, pero ¿y en los políticos? Si la respuesta está en este libro ya se pueden imaginar cuál es. Noriega ha montado una disparatada fábula sobre la idea de la democracia como farsa electoral, que esconde una carrera de ratas por conquistar la presencia de un país. Irreverente, oportuno y divertido.

El comunista manifiesto, de Iván de la Nuez (Galaxia Gutenberg). El comunismo se ha convertido en una nueva experiencia con la que vivir la ilusión de la rebeldía. Ha devenido en marca, en un ingrediente más del mercado. Una vez muerto y enterrado, su fantasma recorre toda Europa gracias a la fuerza de la publicidad. De la Nuez firma uno de los ensayos más perspicaces del año.

¿Dónde está mi tribu? Maternidad y crianza en una sociedad individualista, de Carolina del Olmo (Clave intelectual). Madres culpables e inseguras por la montaña de propaganda y mercadotecnia para triunfar en la crianza del hijo. Padres con los mismos problemas. Y una sociedad que ignora una pieza básica en las políticas sociales: dejar de someter la vida de los niños a la de los adultos.

The Wanderers, de Richard Price (Roja y Negra). Realista en sus emociones, la mítica novela de Price repasa la vida de un grupo de amigos que juegan a los bolos y se pelean con bandas rivales, que siguen emborrachándose y que hacen de la adolescencia una leyenda. Una de las mejores épicas de estos días, sin caducidad.  

Todo lo que una tarde murió con las bicicletas, de Llucia Ramis (Libros del Asteroide). La autora conjuga la crisis y la precariedad con el recurso a la memoria como evasión, intentando extraer lo que de mítico existe en cada historia familiar. En este libro de algún modo se manifiesta lo mucho que puede llegar a doler los intentos de escapada.

Sociofobia, de César Rendueles (Capitán Swing). No hay duda de que con este libro Rendueles ha logrado devolver al debate político la necesidad de resolver las desigualdades. El gran triunfo del capitalismo es volver incapaces a sus ciudadanos para gestionar su propia vida y demostrarles que no hay necesidad de alcanzar consensos. Frente a las preferencias individuales, el autor llama a atender los problemas comunes entre todos.

La habitación oscura, de Isaac Rosa (Seix Barral). ¿Puede un espacio oprimir y liberar? ¿Podemos volver a confiar en los demás y apoyarnos en los otros para lograr un avance común? Una novela contra el empeño individualista, con el máximo rigor retórico como única fórmula para afrontar una visión crítica del mundo en un texto literario. Isaac acaba con el discurso complaciente anticapitalista, porque el capitalismo somos nosotros. Aunque no lo vemos.

Beowulf, de David Rubín (Astiberri). A partir de la leyenda del héroe escandinavo, el dibujante David Rubín y el guionista Santiago García han montado una de las adaptaciones al cómic más espectaculares del año. Tras la publicación de El héroe, este álbum supone la confirmación de uno de los autores más prometedores de la disciplina.

Crisis (de ansiedad), de Juanjo Sáez (Reservoir Books). El final del escapismo y la complacencia hace cima en este trabajo con el que Sáez expurga el peor año de su vida para convertirlo en asunto común. Una línea muy dura y cruda, que el autor de cómics ha adoptado por exigencias del guion, sorprendiendo con una notable capacidad contra la indiferencia.  

Daniela Astor y la caja negra, de Marta Sanz (Anagrama). Sin rodeos, esta novela es importante porque supone un ajuste de cuentas con aquella España hipócrita capaz de crear y defender leyes que mandaron a la cárcel a las mujeres que decidieron sobre su cuerpo y su vida. Daniela se rebela contra un mundo de misses, escotes, destapes, “sueños de mierda”, asediados por una palabra tabú: aborto.

Atlas de islas remotas. Cincuenta islas en las que nunca estuve y a las que nunca iré, de Judith Schalansky (Nórdica y Capitán Swing).  De entre la multitud de autores aparecidos esta temporada en nuestras librerías, sin duda Schalansky destaca por su apuesta por la originalidad y la imaginación. Además, por partida doble, porque junto al libro referido apareció otra maravilla suya titulada El cuello de la jirafa (Mondadori). Dos cantos contra la opresión.

Al envejecer, los hombres lloran, de Jean-Luc Seigle (Seix Barral). Verano de 1961. El primer aparato de televisión llega a un pequeño pueblo francés. Motivo suficiente para que Seigle destripe en veinticuatro horas los afectos y mentiras de una familia, pero también los de un país y, por extensión, los de una época. La potencia de esta novela radica en su capital emotivo, una de las más conmovedoras que hayamos podido leer en 2013.  

Karoo, de Steve Tesich (Seix Barral). En una sociedad sin grandes ideales y sin alternativas a un sistema derrotado que sigue matando, aparece este personaje ultrajado y trágico, un payaso superviviente al que compadecemos y repelemos. Tesich hurgó en una herida sangrante, del humor al drama, en una novela humanista escrita contra la imagen del artista animador de fieras.   

La vida simple, de Sylvain Tesson (Alfaguara). Huir a los bosques, escapar del rumor de los trabajos y los días, hacer de la libertad el empeño más arduo y la conquista más honda, es el motivo de esta narración en primera persona sobre la ruptura radical con el gregarismo. Los osos a la puerta de tu casa tras el deshielo no importan si has conquistado la independencia desde la profunda soledad.

Divorcio en el aire, de Gonzalo Torné (Mondadori). Nostalgia, familia, amor, frustración, la tercera novela de Torné es la más irónica de todas. Era el tono para construir una tragicomedia sobre un individuo que no descansa de la contradicción. Efecto inmediato de nuestro mundo, sin intenciones críticas contra él, pero de consecuencias devastadoras sobre la comunidad en la que vivimos.

Europa en ruinas, de Hans Magnus Ezensberger (Capitán Swing). Antología de relatos de testigos oculares de la posguerra europea, recopilados entre los años bisagra 1944 y 1948 por el ensayista alemán Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades y uno de los mejores ensayistas europeos del último medio siglo. La clave vigorosa del reportaje literario sobre una época en ruinas y extrañamente poco estudiada.

Vomit. Antología de poesía joven norteamericana, de Varios autores (El Gaviero). Drogas, sexo, aburrimiento y mucha poesía, la literatura que vomita es obra de una generación de adolescentes llamada a protagonizar una revolución contra las falsas esperanzas. Esta compilación de 15 autores norteamericanos demuestra que más allá de la belleza y del verso, la poesía es posible.  

Las armas y el oro, de Ángel Viñas (Pasado & Presente). La síntesis de la tetralogía sobre la Guerra Civil, publicada por el autor en la editorial Crítica, se presenta con nuevos datos de la aportación en armas y financiación que ambos ejércitos recibieron durante la contienda, con nuevos datos sobre la movilización del oro del Banco de España y la estrategia de Franco para recuperarlo.

La canción de amor de Jonny Valentine, de Teddy Wayne (Blackie Books). Justin Bieber es la mayor estrella fabricada nunca por ese agujero negro pop llamado YouTube y Teddy Wayne aprovecha las peripecias del cantante canadiense para hablar de los que asistimos al espectáculo. La sátira evita el blanco fácil y apunta a la tristeza y el dolor de un niño de once años atrapado en la maquinaria. 
Fuente: El Confidencial

lunes, 21 de octubre de 2013

La Isla del Lector: En su nueva obra, Murakami reflexiona una vez más sobre la soledad

Con una novela que rinde una vez más tributo a la música a través de alusiones a compositores y de una prosa cadenciosa salpicada de notas alegóricas, el escritor japonés plantea en "Los años de peregrinación del chico sin color" una trama que resignifica el valor de los vínculos y metaforiza la soledad de la vida urbana

Siempre hay una obsesión en la narrativa del eterno candidato al Nobel de Literatura que se filtra en las singularidades de sus personajes, en este caso las estaciones de trenes, una afición que el protagonista de la novela adquirió siendo niño y que ahora, a los 36 años, se ha convertido también en una forma de subsistencia en todos las acepciones posibles.

Tsukuru Tazaki, tal el nombre de la criatura que asoma en la nueva obra del autor de "Kafka en la orilla", es un ingeniero que diseña estaciones.

Y es en esta profesión que Haruki Murakami desliza la primera de sus sutiles metáforas: este hombre dedicado a mejorar las condiciones de circulación de los trenes ha dejado escapar muchos trenes en su vida que lo han sumido en la soledad que lo atraviesa y lo define en el presente.
 
"Los años de peregrinación del chico sin color" viene de vender un millón de copias en Japón y confirma una vez más el respaldo comercial que tiene la pluma del autor 
Pero fiel a su costumbre de equiparar amor y salvación, el escritor hace irrumpir a Sara, una mujer que desata sensaciones encontradas que arrancan en el entusiasmo más prometedor y terminan en la exhumación de un episodio traumático de la juventud de Takazi, aquel que lo conecta con antiguas fantasías suicidas.

"Desde el mes de julio del segundo curso de carrera hasta enero del año siguiente, Tsukuru Tazaki vivió pensando en morir. Entretanto, cumplió 20 años, pero esa muesca en el tiempo no significó nada para él. Durante esos meses, la idea de acabar con su vida le parecía de lo más natural y legítima", bosqueja Murakami el vacío de su personaje.

"Todavía ahora ignoraba la razón por la que no había dado ese último paso, a pesar de que, en aquel entonces, franquear el umbral que separaba la vida de la muerte le habría resultado más fácil que tragarse un huevo crudo. Si Tsukuru no llegó a consumar el suicidio fue quizá porque su fijación con la muerte era tan pura e intensa que el modo en que podría suicidarse no se asociaba en su mente a una imagen concreta", relata.

Pronto revela el origen de la vertiente nihilista del protagonista: cuando tenía 22 años, cuatro amigos que llevaban como apellido un color distinto -Aka (rojo), Ao (azul), Shiro (blanco) y Kuro (negro)- deciden dejar de hablarle sin que medie una razón.

Mientras explora la influencia que este episodio puede haber tenido en sus dificultades para entablar lazos, Takazi -a quien si hubiera que definirlo con un color el autor dictamina que ése sería "desvaído”- decide rastrear a cada uno de sus ex amigos mientras en el trasfondo narrativo suena una pieza del compositor húngaro Franz Liszt titulada "Los años de peregrinación", de ahí el título de la obra.

La música recibe otra vez su tributo en esta novela recién editada por Tusquets, así como ”Norwegian Wood” se colaba un  homenaje a un tema de los Beatles o en “Kafka en la orilla” los personajes desgraban sus pasiones al ritmo de Beach Boys y  Radiohead.

En "Los años de peregrinación del chico sin color", que viene de vender un millón de copias en Japón y confirma una vez el respaldo comercial que tiene la pluma del autor de "Sputnik, mi amor", los personajes están a la altura de la vocación alegórica del escritor: un pianista capaz de vaticinar la muerte, adolescentes atrapados en climas oníricos y mujeres que al morir dejan al descubierto los enigmas de la existencia.

Y nuevamente la soledad es el atributo excluyente de estas criaturas en situación de potencial orfandad que cultivan la austeridad, no ven televisión ni van al cine, tienen vinculación con algún deporte y ejercen trabajos poco habituales que los mantienen a salvo de los contratiempos económicos.

Lo que retrata hasta la obsesión el autor de "After dark" en esta novela -como en otras anteriores- es por un lado el desasosiego del mundo contemporáneo y por el otro la idea de un trauma que se instala y precariza la relación con el mundo, justificando en algunos casos el refugio emocional en mundos paralelos.

En "Los años de peregrinación del chico sin color" la estrategia narrativa consiste en regresar al pasado -otro tópico bien conocido por el escritor- para reflexionar sobre la manera en que se trasladan al presente sus secuelas.

“La gente recibe daño y cierra su mente, pero cuando pasa el tiempo se abren poco a poco y crecen mientras esto se repite. Esta novela trata del crecimiento”, sostuvo el autor de "Al sur de la frontera, al oeste del sol" en una conferencia en Japón convocada para anunciar el lanzamiento de la obra.

Y así como supo dedicarle un libro a su fascinación por el running ("De que hablo cuando hablo de correr") en esta novela Murakami hace extensivo al personaje principal su pasión por la natación, una disciplina que empezó a practicar con frecuencia en la vida adulta y que lo llevó incluso a anotarse en circuitos de  triatlón. 

Fuente: télam

jueves, 10 de octubre de 2013

La Isla del Lector: Alice Munro gana el Premio Nobel de Literatura

Un Nobel de cuento


Considerada la Chejov canadiense, era favorita desde hace varias ediciones | La Academia Sueca destaca su "maestría en el relato corto"

La escritora canadiense Alice Munro, Premio Nobel de Literatura 2013. Foto: AFP

ELCULTURAL.es | Publicado el 10/10/2013
La Academia Sueca ha decidido entregar este jueves el Premio Nobel de Literatura 2013 a la escritora canadiense Alice Munro (Wingham, Ontario, 1931), que se convierte en la decimotercera mujer en ganar el galardón y la primera canadiense que lo logra. La Academia ha destacado su trayectoria como "maestra del relato corto", así como su "armonioso estilo de relatar, que se caracteriza por su claridad y realismo psicológico". Considerada por algunos críticos como "la Chejov canadiense", la escritora ha publicado numerosas colecciones a lo largo de los últimos años.

La autora ha declarado que la obtención del galardón siempre había sido "un castillo en el aire que podría suceder, pero probablemente no sucedería". La autora ha declarado a la cadena de televisión canadiense CBC News que fue informada del premio por su hija y que ni siquiera recordaba que este jueves se iba a anunciar al ganador: "Aquí es medianoche y lo había olvidado del todo", ha asegurado. Asimismo, ha manifestado que su marido, fallecido hace pocos meses, habría sido "muy feliz" con la noticia. Sobre su decisión de no volver a escribir, ha asegurado en la misma entrevista que no le va a hacer reconsiderar esta decisión porque se está volviendo "más vieja".

Munro comenzó estudios universitarios de periodismo e inglés, pero los abandonó al casarse para regentar la librería Munro's Books. "Me educaron para creer que lo peor que podía hacer era llamar la atención sobre mí, o pensar que era inteligente o brillante", dijo en una de las pocas entrevistas que concede. Escribió sus primeras historias en la adolescencia, aunque publicó su primera obra en 1968, una colección de relatos titulada Dance of the Happy Shades. Tras poner fin a su primer matrimonio, regresó a su universidad como escritora de Residencia. Considerada una de las voces más originales y libres del panorama narrativo universal, sus obras suelen tener como escenario pequeñas ciudades donde la lucha por unas condiciones de vida aceptables provoca en ocasiones conflictos morales y están escritas con un estilo llano y preciso.

Es autora de doce volúmenes de relatos, dos antologías y una novela. "Durante años y años pensé que mis relatos sólo eran tentativas para escribir la Gran Novela, pero descubrí que lo mío eran las narraciones breves. Supongo que al final todo mi esfuerzo ha tenido recompensa...", ha admitido. A lo largo de su carrera ha recibido numerosos premios de prestigio, entre los que cabe destacar el Governor General's Award de Canadá, que le ha sido concedido en tres ocasiones, el W.H. Smith Prize, el National Book Circle Critics Award de los Estados Unidos, el PEN/Malamud Award for Excellence in Short Fiction, el Rea Award for the Short Story, el Giller Prize, el Trillium Prize y el Libris Award. Actualmente la autora vive parte del año en Clinton, Ontario, y parte en Comox, en la Columbia británica.

Volcada en sus letras con el mundo de las relaciones humanas, analizadas a través de la lente de la vida cotidiana, ella misma se declara en deuda con autoras como Flannery O'Connor, Katherine Anne Porter y Eudora Welty. Tras su debut literario, publicó su única novela, La vida de las mujeres (reeditada en español por Lumen en 2011). Posteriormente, regresó al cuento con recopilaciones como Something I've been meaning to tell you (1964) y Who do you think you are (1978). Otras antologías como Las lunas de Júpiter (1982), El progreso del amor (1986), Amistad de juventud (1990), Secretos abiertos (1994) y El amor de una mujer generosa (1998) ampliaron su recocimiento internacional. Entre sus últimos recopilatorios figuran Odio, amistad, noviazgo, amor, matrimonio (2001), Runnaway (2004), en los que ha abordado la temática de las mujeres mayores y la soledad, y La vista desde Castle Rock (2006) y Demasiada felicidad (2010) y Mi vida querida (2013), del que dijo que podía ser su último libro.

"Cada cuento suyo es un universo entero. Eso es lo que caracteriza a Alice Munro", ha destacado una emocionada y "feliz" Silvia Querini, editora de Lumen y su editora en el ámbito hispanohablante, minutos después de recibir la noticia del galardón durante la Feria del Libro de Fráncfort. "Está marcado por la perplejidad frente al mundo. No va con respuestas, siempre está haciendo preguntas. Eso distingue el talante femenino", ha añadido. Siete de las ficciones de Munro han sido llevadas a la pantalla, con predominio de los telefilmes. Sarah Polley filmó en 2006 Lejos de ella, con Julie Christie, basada en uno de sus cuentos.

El galardón está dotado con ocho millones de coronas suecas (876.785 euros), después de que el pasado año la organización decidiera bajar dos millones la cuantía por la crisis. La ceremonia de entrega se celebrará como es tradicional el 10 de diciembre, aniversario de la muerte de su creador Alfred Nobel (1833-1896), en la capital sueca.

El premio Nobel de Literatura, el más prestigioso a nivel mundial, se concede desde 1901. En las últimas ediciones han sido galardonados el novelista chino Mo Yan (2012), el poeta sueco Tomas Tranströmer (2011), el peruano Vargas Llosa (2010), la germanorumana Herta Müller (2009), el francés Jean-Marie Gustave Le Clézio (2008), la británica Doris Lessing (2007), el turco Orhan Pamuk (2006), el británico Harold Pinter (2005), la austriaca Elfriede Jelinek (2004), el surafricano John M. Coetzee (2003), el húngaro Imre Kertész (2002), el británico nacido en Trinidad Naipaul (2001), el francés de origen chino Gao Xingjian (2000), el alemán Günter Grass (1999), el portugués José Saramago (1998), el italiano Dario Fo (1997), la polaca Wislawa Szymborska (1996), el irlandés Seamus Heaney (1995), el japonés Kenzaburo Oe (1994), la estadounidense Toni Morrison (1993), el caribeño Derek Walcott (1992), la surafricana Nadine Gordimer (1991) y el mexicano Octavio Paz (1990). En total, con el de este año, son 110 los galardonados, de los cuales sólo 13 son mujeres. El anuncio del Nobel de Literatura precede al de la Paz, que se conocerá este viernes, mientras que el lunes llegará el turno al de Economía.


Hace siete meses que en El Cultural apostamos por Alice Munro. La editorial Lumen publicaba entonces Mi vida querida. Tradicionalmente esquiva con la prensa, nos pareció imposible entrar a diseccionar su último libro de relatos sin ofrecer detalles más personales de la escritora canadiense. La entrevista publicada por New Yorker fue la puerta de entrada para aproximarnos mejor a una de las grandes escritoras contemporáneas. Además, la reproducción exclusiva en nuestras páginas de uno de los cuentos de su último volumen, Voces, desvelaba claves muy íntimas de su pasado.

La Isla del Lector: Premio Nobel de Literatura 2013

El japonés Haruki Murakami, estadounidenses como Joyce Carol Oates y Philip Roth y nombres menos conocidos como la bielorrusa Svetlana Alexijevich y el noruego Jon Fosse dominan los pronósticos para el Nobel de Literatura, que se falla mañana en Estocolmo.

Murakami, más valorado por sus lectores que por la crítica, vuelve a aparece como gran favorito a suceder en el palmarés al chino Mo Yan.

Su nombre se mantiene en los primeros puestos de las quinielas de los medios suecos y las casas de apuestas, inmediatamente por delante de dos autores que hasta este año no sonaban en los pronósticos: el dramaturgo noruego Jon Fosse y la periodista y escritora bielorrusa Svetlana Alexijevich.

Bien situados aparecen "clásicos" de las vísperas del Nobel como el checo Milan Kundera, la argelina Assia Djebar, el húngaro Peter Nadas, la canadiense Alice Munro, el keniano Ngugi wa Thiongo, el irlandés William Trevor y el israelí Amos Oz.

El sirio Adonis, el surcoreano Ko Un y el australiano Les Murray son los poetas mejor colocados, aunque la nómina de vates se ha reducido tras ganar el sueco Thomas Tranströmer el Nobel en 2011.

Thomas Pynchon, Don De Lillo, Cormac McCarthy y el cantautor Bob Dylan son otros autores estadounidenses que se mencionan y a favor de los que podría jugar el factor tiempo, ya que las letras de ese país no ganan desde 1993 con Toni Morrison.

Esa teoría perjudicaría a los españoles Javier Marías, Eduardo Mendoza, Enrique Vila-Matas y Antonio Gamoneda, así como al argentino César Aira y al nicaragüense Ernesto Cardenal, ya que sólo han pasado tres años desde el triunfo del peruano Mario Vargas Llosa.

Sin embargo, no hay que olvidar que la Academia sueca otorgó el Nobel de Literatura al mexicano Octavio Paz (1990) justo un año después de que el galardón fuera a parar al español Camilo José Cela.

La elección de Vargas Llosa o los británicos Harold Pinter (2005) y Doris Lessing (2007) demostró que la Academia puede recuperar a "eternos candidatos", como son los italianos Claudio Magris y Umberto Eco, el holandés Cees Nooteboom, el albanés Ismail Kadare, el portugués Antonio Lobo Antunes y la canadiense Margaret Atwood.

Las listas previas, las quinielas y las apuestas son una tradición, pero no suelen acertar salvo en casos aislados, como ocurrió con el turco Orhan Pamuk en 2006, o con el propio Mo Yan el año pasado. 

La Academia Sueca ha optado en otras ocasiones por sorpresas como la austríaca Elfriede Jelinek o la alemana Herta Müller.

martes, 21 de mayo de 2013

La Isla del Lector: «La Fiesta del Chivo», novela del siglo

Día 19/05/2013 - 18.28h

Un centenar de personalidades del mundo de la cultura elige las mejores novelas españolas desde 2000. El libro de Vargas Llosa encabeza la lista 

«La Fiesta del Chivo», novela del siglo
Kiril Konstantinov / ABC
El novelista Mario Vargas Llosa posa en Sofía (Bulgaria) tras conocer el resultado de la encuesta de ABC

La encuesta que ABC ha realizado entre escritores, editores, agentes y personalidades de la cultura ha elegido «La Fiesta del Chivo», de Mario Vargas Llosa, como la novela española del siglo XXI. La incuestionable calidad de su autor, premio Nobel de Literatura, ha decidido a un mayor número de votantes a inclinarse por este libro, que se publicaba justamente en el cambio de milenio, en el año 2000.

En el prólogo de la Feria del Libro de Madrid, ABC quiere así aportar una instantánea de la creación español actual. Después de varios años hablando en torno a la crisis, pensamos que también es bueno tener una visión retrospectiva de lo que los últimos trece años han dado de sí para nuestra literatura.

De este modo, la encuesta ha servido también para definir cuáles son las tendencias principales de nuestra literatura en los últimos trece años. Destaca enormemente, en un verdadero tú a tú con el ganador, la obra de Rafael Chirbes, que desde la óptica realista ha sabido retratar la profunda crisis (económica, moral, casi total) de la sociedad española de manera dolorosa y fidedigna.

Otros autores que han destacado en esta consulta son grandes valores, realmente sólidos, de la literatura española actual, como Javier Marías, Arturo Pérez-Reverte, Enrique Vila-Matas, Javier Cercas, Juan Marsé, Ignacio Martínez de Pisón, Fernando Aramburu, Mauricio Wiesental, Andrés Trapiello, Álvaro Pombo, Agustín Fernández Mallo... 

Un caso aparte merecen algunos autores hoy superventas como Albert Sánchez Piñol, cuya literatura nació con el siglo y recibe algunos y relevantes votos. Destaca, en todo caso, también la aparición de la nueva literatura de grandes ventas, con Carlos Ruiz Zafón a la cabeza, como precursor, seguido de María Dueñas, Matilde Asensi o Juan Gómez Jurado. En todo caso, la complejidad de lecturas posibles es enjundiosa y permite plantear antes de la cita anual del Parque del Retiro una mirada a algunos de los más interesantes libros que se han editado en los últimos años. 

Pero en todo caso, la encuesta refleja mucho más, ya que da pistas sobre la riqueza de estilos y tendencias que los lectores tienen ante sí. En próximos días trataremos de seguir esas pistas.

Libro de portada
 
Se da la circunstancia de que el libro ganador, «La fiesta del chivo» de Mario Vargas Llosa, ha sido una de las pocas novelas que ganó el tema principal de la portada de un diario nacional. En efecto, ABC le dedicó aquel 2 de marzo de 2000 el espacio prominente, junto a la entrevista con el escritor, en la que reflexionaba sobre la importante relación entre la literatura y la conciencia y el aprendizaje de la libertad, que su misma obra representa. Comprometido con la vida pública tanto como con la literatura, es en la libertad y su defensa donde nuestro Nobel ha puesto desde siempre toda la carne en el asador.

Las 10 mejores novelas
 

domingo, 5 de mayo de 2013

La Isla del Lector: de cuando Miguel Hernández fue andaluz

Los herederos del autor de 'Nanas de la cebolla' confían en la Junta para impulsar en Quesada (Jaén) la casa del poeta tras el desentendimiento de su Orihuela natal

P. Godino Sevilla | Actualizado 05.05.2013 - 10:45 

Miguel Hernández dicta poemas a su mujer, Josefina Manresa, en la casa de la Calle Llana de Jaén, en marzo de 1937.

"Recordar a Miguel Hernández que desapareció en la oscuridad y recordarlo a plena luz, es un deber de España, un deber de amor. Pocos poetas tan generosos y luminosos como el muchachón de Orihuela cuya estatua se levantará algún día entre los azahares de su dormida tierra, No tenía Miguel la luz cenital del Sur como los poetas rectilíneos de Andalucía sino una luz de tierra, de mañana pedregosa, luz espesa de panal despertando. [...] ¡Y éste fue el hombre que aquel momento de España desterró a la sombra! ¡Nos toca ahora y siempre sacarlo de su cárcel mortal, iluminarlo con su valentía y su martirio, enseñarlo como ejemplo de corazón purísimo! ¡Darle la luz!". Glosaba Pablo Neruda al poeta de Nanas de la cebolla de manera premonitoria, con la certeza de saber que en este país, donde pocas veces gana terreno la tercera España que escribiera Chaves Nogales, la condición política de un autor ensombrece la altura de su obra.

No es la cuna de Miguel Hernández (Orihuela, 1910-Alicante, 1942) la que trata de restituir el legado del poeta de entre las sombras, sino Andalucía -a través de distintas instituciones- la tierra a la que "vuelve y donde escribió lo más hermosos poemas que tiene", en palabras de Lucía Izquierdo, nuera del poeta alicantino.

Desde su llegada en febrero de 1937 a tierras de Jaén, como comisario de cultura del periódico Altavoz del Frente Sur donde ejercerá de corresponsal de la Guerra Civil, el poeta pública en distintos diarios algunos de los versos que dan la medida del compromiso y la talla humana de quien murió de tifus y hambre en una cárcel alicantina en 1942, con sólo 31 años. Jornaleros, El niño yuntero, Las manos, Compañera de nuestros días, Las luchas y la vida del campesino andaluz, Andaluzas, Al soldado internacional caído en España, La rendición de la Cabeza son algunas de las creaciones universales que han evocado, desde las artes, cantantes, bailarines y escritores. Pero es, sobre todo, Aceituneros de Jaén, los versos que han propiciado, ahora, a los 70 años de su muerte, la recuperación del legado de Miguel Hernández por parte de las instutuciones andaluzas y el definitivo -¡ojalá!- impulso del proyecto de la Casa Museo Miguel Hernández y Josefina Manresa, en Quesada (Jaén), ciudad natal de su mujer, con quien tuvo dos hijos, Manuel Ramón, que moriría a los cuatro años, y Manuel Miguel.

El origen de esta iniciativa, recordó el pasado jueves Francisco Reyes (PSOE), presidente de la Diputación de Jaén, se remonta a los contactos que en 2012 mantuvo con los herederos para solicitarles la autorización para utilizar dicho poema como base del himno oficial de la provincia. Ya lo era, en realidad, para todos aquellos que asomados a la campiña jiennense recordaban los versos del poeta "Andaluces de Jaén/ aceituneros altivos/ decidme en el alma/ ¿quién, quién levantó los olivos?/ No los levantó la nada/, ni el dinero/, ni el señor/, sino la tierra callada/, el trabajo y el sudor".

La familia mostró su "total disponibilidad" a la petición pero también hizo saber la difícil relación que se estableció entre los herederos del poeta -y, al fin, valedores de un legado compuesta de legajos, primeras ediciones, cartas, manuscritos, fotografías y demás documentos hasta sumar 5.000 además de enseres de su vida cotidiana- con el gobierno de Orihuela votado tras las elecciones de 2011. "La llegada del PP a la alcaldía rompió de forma unilateral un convenio que había firmado la familia con las autoridades locales por las que el legado del poeta debía custodiarse e impulsarse" desde su cuna alicantina.

La Diputación de Jaén pensó entonces que ese proyecto, aunque diseñado en principio para Elche, podía adaptarse a Jáen para "fomentar el turismo cultural en la provincia"; una propuesta que los herederos del escritor vieron con buenos ojos. Y tan bien recibida fue la invitación jiennense que el pasado 14 de agosto llegó el legado de Miguel Hernández a Jaén, tierra desde la que la familia quiere impulsar la obra de este poeta, dramaturgo y periodista de quien Dámaso Alonso dijo que fuera el genial epígono de la Generación del 27.

"Para nosotros, su familia, no creemos que Miguel haya tenido el reconocimiento que debe, pero para eso estamos aquí, para ver si de una vez trabajamos en su figura desde los institutos y universidades y si lo colocamos en el sitio que le corresponde. El proyecto -continuó Izquierdo a la salida de su encuentro con José Antonio Griñán en San Telmo- es muy hermoso y muy ambicioso culturalmente", y en su apartado investigador participan la Universidad de Jaén y el Instituto de Estudios Giennenses.

Si las previsiones se mantienen ajenas al devenir de los recortes, el 30 de octubre de 2014, para hacerlo coincidir con la fecha de su nacimiento, está prevista la inauguración de la Casa Museo en Quesada. "Hay muchas expectativas e ilusiones. Hemos hecho ya todo el inventario de lo que hemos traído a Jaén y ahora vamos a empezar con la microfilmaciones y la catalogación de los documentos. Nos queda mucho por hacer y queremos implicar a la Junta en esto".

Después de este primer encuentro con el presidente del Ejecutivo andaluz, los impulsores del proyecto tienen previsto mantener reuniones con el consejero de Cultura, Luciano Alonso, para "concretar" y "canalizar" la ayuda de la Administración andaluza.

Las miras están puestas ahora en 2016, año en el que se conmemora el 75 aniversario de la muerte de este pastor, una fecha en la que la familia aspira que los colegios tengan como lectura obligatoria versos como Sonreír con la alegre tristeza del olivo. Ése es su verdadero legado. Ajeno al color político y a las modas.

Fuente: diariodesevilla.es

Todas las crisis de España: desde la Edad Media al banco malo

Claves históricas de la depresión del siglo XXI
04.05.2013 Madrid David Page. Siga al autor en
De la crisis que propició la peste negra en el siglo XIV a los años del hambre del primer franquismo; de la depresión del XVII con los Austrias a las subprime, la prima de riesgo y los rescates... Un repaso histórico por los peores momentos de la economía de España.

Todas las crisis de España: desde la Edad Media al banco malo
Cuando el común de los ciudadanos descubrió en verano de 2007 lo que era una hipoteca subprime y un año después implosionaba Lehman Brothers, en España aún se presumía de tener una economía de Champions League. Un lustro después, el país va ya por su segunda recesión, la sociedad se ahoga con más de seis millones de parados, las empresas salvan sus resultados sólo en función del peso de su negocio internacional, la banca -antaño 'la más sólida del mundo' (Zapatero dixit)- ha tenido que ser rescatada por Europa... y la recuperación no está y no se la espera al menos hasta 2016. Esa España de Champions League se ha convertido en uno de los patitos feos de la Unión Europea.

Nadie duda de que la actual crisis es por su profundidad, su persistencia y sus múltiples implicaciones un fenómeno histórico. Otras la precedieron. Algunas más duras, y más duraderas. Ahora que tanto se habla aún de la herencia recibida, algunos historiadores siguen buceando en el pasado, al margen de luchas partidistas, para desgranar las herencias seculares que han llevado a nuestra economía a crecer o hundirse a lo largo de la historia. Dos libros publicados casi simultáneamente repasan de la Edad Media hasta (casi) anteayer los peores baches de la economía española: Crisis económicas en España. 1300-2012 (Alianza Editorial) y España en crisis. La grandes depresiones económicas, 1348-2012 (Pasado & Presente). Dos títulos que no son redundantes, sino complementarios, por sus diferentes enfoques: el primero analiza las crisis agrupándolas por sectores (demográficas, agrarias, comerciales, industriales, financieras...) y el segundo lo hace por fases cronológicas.

Cada tiempo tiene su crisis. Y conocerlas ayuda a comprender la naturaleza de nuestra economía y también los porqués de la crisis actual. De la depresión que propició la peste negra en la Edad Media a los años del hambre de la posguerra y el primer franquismo; de la quiebra del antiguo régimen en la primera mitad del XVIII a la crisis del petróleo y los problemas en la España de la transición a la democracia; de los efectos de la Gran Depresión del 29 en la Segunda República a la prima de riesgo, los rescates de la UE y el banco malo. De la mano de los dos títulos que coinciden hoy en las librerías, un repaso histórico por los peores momentos económicos de España.

LA PESTE NEGRA Y LA GRAN DEPRESIÓN MEDIEVAL.
 
La gran crisis bajomedieval es considerada un punto de inflexión a escala global (al menos lo que se consideraba global en la época). En Europa la peste negra supuso en el siglo XIV una debacle demográfica que se llevó por delante entre un tercio y la mitad de la población del continente, lo que provocó un auténtico colapso de la actividad económica, hundiendo la producción agraria y el consumo, así como la incipiente actividad industrial y también el comercio. A escala europea, además, la crisis supuso un debilitamiento de las estructuras feudales. En España las características de la crisis fueron particulares, y diferentes a las de los vecinos europeos.


Los efectos de la peste negra también se dejaron notar en la Península Ibérica a partir de 1348, pero con una incidencia muy desigual según las diferentes Españas, por lo que el impacto sobre la economía es también relativo (que no menor). No obstante, ya antes incluso de la llegada de la peste negra a mediados de la centuria, la Península había sufrido graves carestías y hambrunas por malas cosechas. Y, además, en el caso español tuvieron una mayor relevancia en la profundidad de la depresión bajomedieval las continuas guerras, que provocaron una elevada carga fiscal para financiarlas y posteriormente una imparable escalada de deuda. Las guerras no sólo impedían la normal actividad económica y comercial, asolaban cosechas y segaban vidas, sino que también había que pagarlas. El resultado fue una enorme crisis de deuda que acabó con varios entes de banca privada en diferentes reinos y que, por ejemplo, derivó en la quiebra del Reino de Mallorca en 1405.

EL DURO SIGLO XVII ESPAÑOL.
 
La Guerra de los Treinta Años, de 1618 a 1648, hizo tambalear la economía de toda Europa. Pero el caso español se agravó, además de por varias epidemias que socavaron las bases demográficas, por la insaciable política impositiva que los Austrias aplicaron para financiar su política imperial. "El formidable mecanismo de succión de recursos puesto a su servicio entre las décadas de 1570 y 1660 tuvo un papel estelar en el viraje hacia la crisis de la Corona de Castilla en el último cuarto del siglo XVI, en el deslizamiento hacia la depresión en el primer tercio del XVII y en la extrema lentitud de la recuperación posterior”, subraya José Antonio Sebastián, profesor de Historia Económica de la Universidad Complutense de Madrid. Algunas estimaciones apuntan a que durante el reinado de Felipe II se llegó a acumular deuda por valor del 60% del PIB español a finales del XVI, un porcentaje que seguiría creciendo durante décadas.


La escalada fiscal de los Austrias castigó a los productores agrícolas más productivos y los mercaderes más prósperos, en beneficio de la nobleza y las oligarquías locales que financiaron la aventura imperial y acabaron por tomar un progresivo y creciente control de las tierras. Los cargos y prebendas que obtuvieron derivaron en un predominio de actividades poco productivas, lo que acentuó los efectos de la crisis y alejó las posibilidades de recuperación. Y al tiempo, la monarquía realizaba cesiones de poder a cambio de deuda y la fragmentación de la soberanía impedía una mayor integración de los mercados. "Sólo cuando la monarquía de los Austrias renunció en el tratado de Westalia (1648) a sus aspiraciones terriotriales en Europa, pudo España iniciar el largo trayecto de la recuperación. Degradada, eso sí, del rango de potencia europea al de nación periférica", sostienen los profesores Francisco Comín y Mauro Hernández, editores de Crisis económicas en España.

LA QUIEBRA DEL ANTIGUO RÉGIMEN.
 

El XIX español arrancó con dos crisis sucesivas de muy diferente carácter. La primera, de 1803 a 1805, fue una crisis aún de corte feudal, motivada por las malas cosechas y las epidemias. La segunda, de 1808 a 1814, fue consecuencia de la Guerra de la Independencia y se convirtió en la puntilla para las instituciones del Antiguo Régimen. La guerra provocó un grave problema para las haciendas públicas, que en muchos casos no pudieron afrontar los compromisos de deuda adquiridos para financiarla.

El resultado fue que muchos acreedores promovieron la privatización de bienes y tierras. Una suerte desamortización silenciosa e informal que, como contrapartida positiva, acabó por elevar la productividad una vez en otras manos y fomentaron el crecimiento económico entre 1815 y 1830. Un crecimiento más rápido, pero aún muy por detrás de los ritmos europeos; que aún estaba basado en un modelo muy tradicional en la mayoría de las regiones, que no implicó un cambio estructural por no apoyarse en un paralelo proceso de industrialización y urbanización, según recuerda Enrique Llopis, catedrático de la UCM, en España en crisis. No obstante, "todo ello sentó las bases para un periodo de cambios institucionales que, con números altibajos, culminaría en la instauración de un régimen liberal y un sistema capitalista en torno a la década de 1840, que permitieron el surgimiento de un nuevo modelo de crecimiento económico", apuntan Comín y Hernández.

LA PRIMERA CRISIS CAPITALISTA DE ESPAÑA.
 
España tuvo que esperar hasta bien entrado el XIX para sufrir su primera crisis típicamente capitalista. La de 1864-1874 fue 'por fin' una crisis financiera equiparable a las que ya habían padecido los vecinos europeos. Coincidiendo con otra crisis agraria, se empezaron a producir las primeras quiebras de compañías ferroviarias en el país, lo que arrastró a muchos bancos que también quebraron y suspendieron pagos, ahogando el crédito tras años de especulación, burbujas y enorme captación de capital externo. La liberalización bancaria había hecho que entre 1856 y 1865 el número de entidades bancarias pasara en el país de 13 a 58. La crisis financiera hizo que se volviera a pasar a 14 bancos en 1874.


Unos años después la gran depresión de la primera globalización afectó de lleno a España entre 1882 y 1897. La fuerte caída de los precios agrarios internacionales provocó una importante crisis del sector en el país que también tuvo secuelas industriales y financieras. La situación vino agravada, además, por la deuda pública emitida para financiar las guerras coloniales, muy singularmente la de Cuba. De la crisis se salió con una fuerte depreciación de la peseta, con proteccionismo arancelario y la repatriación de capitales de las colonias perdidas, lo que sirvió de base para crear grandes bancos e impulsar las empresas que se embarcarían en la segunda industrialización.

LA GRAN DEPRESIÓN Y LA SEGUNDA REPÚBLICA.
 
La gran depresión internacional que siguió al crash del 29 afectó de una manera muy particular, al menos por su menor intensidad, a la economía de la naciente Segunda República. "La recesión económica coetánea de la Segunda República fue similar a la sufrida por las democracias europeas, aunque menos profunda y más corta, pues en 1935 ya se había acabado. No puede hablarse de gran depresión en la España de los treinta", sostiene Francisco Comín, catedrático de la Universidad de Alcalá y que participa como autor en ambos libros. Paradójicamente, el atraso de una economía española aún basada en la agricultura tradicional, el subdesarrollo de su sector bancario y su poca apertura sirvieron de escudo para paliar el contagio de la crisis internacional.


Los gobiernos republicanos se valieron de instrumentos convencionales para combatir la depresión coyuntural (medidas proteccionistas) pero lo hicieron tarde y con poca convicción, por lo que el contagio, aunque menor, no se evitó. "Aunque los factores políticos no crearon la depresión de la economía, contribuyeron a agravarla. Aunque el estallido de la crisis económica fue previo a la proclamación de la Segunda República, las reformas republicanas contribuyeron a la inestabilidad política, pero también lo hicieron la beligerancia de las derechas, las patronales y los sindicatos", apunta Comín.

LA POSGUERRA, LA AUTARQUÍA Y LOS AÑOS DEL HAMBRE.
 
La mayor catástrofe económica de la historia de España arrancó con la guerra civil y pervivió hasta casi 1960 por las equivocadas políticas que la dictadura franquista aplicó hasta entonces. El nuevo régimen salido de la guerra trató de erigirse en único actor de la economía, de sustituir toda la acción del mercado por una intervención total del Estado. El Estado lo ocupaba todo, y esta política castiza sólo provocó escasez y mercado negro por la caída de la producción. Y en paralelo, la apuesta por la autarquía prohibió importaciones de bienes y servicios, se restringieron las inversiones extranjeros y se nacionalizaron algunas multinacionales.


"La dictadura franquista siguió aplicando las políticas económicas de guerra que habían implementado las potencia fascistas durante la segunda guerra mundial. En aquella política autárquica y castiza está el origen de la profunda crisis económica de la posguerra. La de los cuarenta fue la auténtica gran depresión española del siglo XX. En la autarquía España sí que fue diferente", sentencia el profesor Comín. El resultado de esa desastrosa política económica fue reducir el PIB per cápita por debajo del nivel de 1929 hasta finales de la década de los cincuenta, cuando se iniciaron los primeros pasos hacia la apertura que acabarían por provocar el famoso salto de la alpargata al 600.

LA CRISIS DEL PETRÓLEO, EL OCASO DE LA DICTADURA Y LA TRANSICIÓN.
 
Factores internacionales e internos volvieron a poner en un brete a la economía española entre 1975 y 1985. La crisis del petróleo en 1973 y el colapso del sistema monetario internacional de Bretton Woods en 1979 coincidieron con una etapa de profunda inestabilidad política en el ámbito nacional por los últimos años de la dictadura y los albores de la nueva democracia. "Fue la primera crisis realmente moderna de la economía española: básicamente industrial y de servicios, en un contexto de creciente libertad económica y en la que un problema monetario, la inflación adquirió un gran protagonismo", explican Hernández y Comín.


Los últimos gobiernos de Franco tardaron en reaccionar ante la crisis del petróleo y los primeros de la democracia estaban más centrados en la transición política que en los vaivenes económicos. El resultado fue un freno del PIB per cápita, desequilibrios presupuestos, fuertes crisis industrial y energética, alta inflación, desempleo creciente... También hubo una importante crisis bancaria que llevó a las entidades a desprenderse de sus carteras industriales y empezar a centrarse en la banca minorista y los préstamos hipotecarios, abonando el terreno para la aparición de los problemas financieros actuales.

El intento de salida de la crisis se encarnó en los Pactos de la Moncloa, de 1977, que impusieron sacrificios a los ciudadanos a cambio del establecimiento del Estado del Bienestar y que apuntaban unas reformas estructurales que patronal y/o sindicatos, según el caso, se encargaron de descafeinar o frenar. Unas reformas (laboral, de la Administración, de la representación política...) que algunos expertos ven aún hoy pendientes. "Éste es quizás, visto en perspectiva, el legado más negativo de los años de la transición. La larga dictadura nos dejó en herencia una economía en muchos aspectos desequilibrada", sentencia Carles Sudrià, profesor de la Universidad de Barcelona.

EL SIGLO XXI Y LA NUEVA GRAN DEPRESIÓN.
 
La entrada en la CEE abrió una etapa de crecimiento que duró dos décadas. De 1985 a 2007 España vivió una edad de oro de expansión casi ininterrumpida; con la única excepción de la crisis de 1992-1993, una crisis corta y que el Gobierno solventó con un plan de estabilización al uso y las tradicionales devaluaciones de la peseta. La que estalló en 2007 y se arrastra hasta hoy (sin pistas certeras de cuándo terminará) se trata de la primera crisis que enfrenta España como una economía realmente abierta al exterior y un sistema financiero liberalizado y homologable a los de otras naciones desarrolladas. Y el resultado está siendo una de las depresiones más profundas de nuestra historia.


Los años de crecimiento continuo engordaron el caldo en que fue cocinándose la gran crisis. La desregulación bancaria a uno y otro lado del Atlántico y la internacionalización de la operativa de los bancos españoles facilitaron una burbuja crediticia que derivó en muchos casos en una relajación de la ortodoxia en sus prácticas. Hubo en España una verdadera adicción al crédito, aprovechando que por primera vez en su historia el país se financiaba al mismo tipo de interés que Alemania y por la necesidad de cubrir con capital exterior los enormes déficits de la balanza de pagos. Y de la mano de la burbuja financiera vino la burbuja de la construcción, respaldada por la enorme oferta de suelo que propició la desregulación y la deficiente financiación local (amén de la corrupción); por la demanda de vivienda (principal activo en cartera de los españoles y asequible gracias al crédito); y por la insaciable inversión en infraestructuras públicas no siempre necesarias e impulsadas principalmente por la financiación de las cajas de ahorros.

Los bancos españoles en un principio parecieron soportar bien la crisis que ya sufrían sus hermanos norteamericanos y europeos, fruto de la regulación que el Banco de España había impulsado para alejarlos de las hipotecas basura de EEUU y para que contaran con reservas genéricas (unas reservas que fueron insuficientes y que, además, empezaron a relajarse en 2005 con permiso del Gobierno). No obstante, los balances de los bancos contaban con grandes cantidades de pasivos que eran préstamos a corto plazo y que tras el colapso del mercado interbancario les obligaron a reducir el crédito. Con el grifo del crédito cerrado, la burbuja de la construcción empezó a explotar y, con ello, a desatarse un imparable incremento del paro (que aún perdura: vamos ya por los 6,2 millones de parados). La crisis bancaria finalmente derivó, pese a los parches y paños calientes que los gobiernos pusieron para aplazarlo, en un rescate del sistema financiero español por parte de la UE el pasado año. Y tras los intentos por evitarlo, al final el Gobierno ha acabado por crear un 'banco malo' para acoger los activos tóxicos inmobiliarios que acumulaban las entidades en sus balances.

Entretanto, la recesión ha estrujado al máximo las cuentas públicas, que han pasado del superávit precrisis a un déficit histórico que aún no se ha conseguido embridar. Y España ha pasado por una auténtica travesía del desierto en forma de crisis de deuda (veremos si ya solventada), con primas de riesgo absolutamente desatadas y que hoy parecen templarse. "Aunque el Gobierno intentaba mantener la ficción, las condiciones impuestas por la UE para el mero anuncio del rescate bancario y la compra de deuda pública implicaban una intervención en toda regla de la política económica española", sostienen los editores de Crisis económicas en España. "España no sólo había cedido la soberanía monetaria, al entrar en el euro, sino también la soberanía de la política económica", apuntan los expertos, que vinculan esta circunstancia con la actual política de recortes del gasto para contener el déficit y con las reformas estructurales que estarían por llegar.

EPÍLOGO: Las crisis y los cambios.
 
Las grandes crisis suelen ser causa, o al menos acicate, de cambios sustanciales de los sistemas económicos y también políticos. Pura catarsis, destrucción creativa o un mero ejercicio de hacer de la necesidad virtud, tanto da; crisis y cambios siempre vienen de la mano. La gran depresión bajomedieval contribuyó al nacimiento del estado moderno en Europa, no tanto en España; las crisis de la primera mitad del XIX sirvieron para asentar el modelo capitalista en España; la crisis de los treinta y siguientes convulsionó el sistema político con la caída de la monarquía, la llegada de la república y el establecimiento de una dictadura; la liberalización de la economía posterior propició el Estado del Bienestar... Está por ver cuáles son los cambios de calado que propiciará la gran depresión de este convulso inicio del siglo XXI. Para algunos, una oportunidad. Para otros, una temida amenaza. ¿Cara o cruz?

Fuente: Expansión.com

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