El sector inmobiliario, origen de gran parte de
los males de la banca, seguirá de momento sin ser parte de su solución.
La compraventa de viviendas nuevas cayó un 11,6% en abril, elevando la
caída acumulada en el año hasta el 20,9%.
Una tendencia que indica que los potenciales compradores de pisos
siguen replegándose ante el empeoramiento de la economía y a pesar de
las medidas del Gobierno (prórroga del IVA reducido, recuperación de la
deducción en el IRPF por la compra de vivienda habitual...) y los
descuentos ofrecidos por promotoras y sociedades inmobiliarias de los
bancos. De ahí que el Banco de España vaticine que se producirán
“descensos adicionales en los precios” y la fundación de las cajas de
ahorros, Funcas, calcule que la actividad en el sector se contraiga un
35,4% adicional. Las esperanzas del sector y del Ejecutivo a corto y
medio plazo vuelven a estar puestas en el mercado del alquiler.
Las medidas recién aprobadas para dinamizar la incorporación de más
viviendas a la bolsa de arrendamiento deberían apreciarse a corto plazo,
favoreciendo el desarrollo de este mercado y su profesionalización. Sin
embargo, de tener éxito, la reforma sólo sería un paliativo menor para
un sector condenado a seguir purgando los excesos de una etapa de
absoluto descontrol y cuyas consecuencias se han convertido en un lastre
demasiado pesado para las propias compañías, los bancos que les
financiaron (cuya sobreexposición se ha convertido en el talón de
Aquiles de todo el sistema financiero nacional) y, por ende, para el
conjunto de la economía española.
Fuente: Expansión.com
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