La Universitat de València debate en unas jornadas sobre las cotas de poder femeninas y los retos pendientes
Cristina Argudo
A Emilia Pardo Bazán y a María Moliner se les negó un asiento en la Real Academia Española porque era una sociedad de varones. Hoy, de las 43 sillas que componen el mobiliario de la RAE, sólo cinco son ocupadas por mujeres.
En otra academia, la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, el número de mujeres es todavía menor: cero. Y eso a pesar de que el 60% de los licenciados en derecho son mujeres.
Existe una barrera invisible que impide a las mujeres avanzar en su carrera profesional. Se la conoce como 'techo de cristal'. No son leyes ni códigos con validez legal, pero sí normas aprehendidas por la cultura empresarial que entrebancan el ascenso de muchas mujeres a puestos directivos.
Por supuesto, ha habido, hay y habrá excepciones, mujeres en lo más alto que, entre el mito y la realidad, fueron incluso veneradas. Tenemos a la Judit de alta educación y pasión patriótica que salvó Israel del ejército babilónico o a la misma Cleopatra, que ordenaba perfumar las velas de sus navíos para hacerse notar al llegar a puerto.
En efecto, ha habido mujeres con poder, aunque según Teresa Blat, directora del Instituto de la Mujer, “ha sido de forma excepcional y hasta anecdótica, pues aún hay infrarepresentación femenina”. De nosotros depende que mujeres de la talla de María Moliner no se queden sin su silla en la Academia de la vida.
Fuente: aDn.es
En otra academia, la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, el número de mujeres es todavía menor: cero. Y eso a pesar de que el 60% de los licenciados en derecho son mujeres.
Existe una barrera invisible que impide a las mujeres avanzar en su carrera profesional. Se la conoce como 'techo de cristal'. No son leyes ni códigos con validez legal, pero sí normas aprehendidas por la cultura empresarial que entrebancan el ascenso de muchas mujeres a puestos directivos.
Por supuesto, ha habido, hay y habrá excepciones, mujeres en lo más alto que, entre el mito y la realidad, fueron incluso veneradas. Tenemos a la Judit de alta educación y pasión patriótica que salvó Israel del ejército babilónico o a la misma Cleopatra, que ordenaba perfumar las velas de sus navíos para hacerse notar al llegar a puerto.
En efecto, ha habido mujeres con poder, aunque según Teresa Blat, directora del Instituto de la Mujer, “ha sido de forma excepcional y hasta anecdótica, pues aún hay infrarepresentación femenina”. De nosotros depende que mujeres de la talla de María Moliner no se queden sin su silla en la Academia de la vida.
Fuente: aDn.es
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