España
La esposa de Mariano Rajoy trata de mitigar la presión mediática y está decidida a no renunciar a su privacidad
Día 27/11/2011 - 04.02h
EFE Elvira Fernández, pensativa durante el cierre de campaña del PP en Madrid |
Viri sabe que la mejor manera de recuperar la normalidad cotidiana es no llegar a perderla nunca, pero en las últimas semanas las circunstancias se lo están poniendo muy difícil. No resulta sencillo pasar de una privacidad cuidadosamente preservada a retratarse para la Historia asomada al balcón de la euforia, y por eso ha dedicado estos últimos días a «nada en particular» o, dicho de otro modo, a tratar de bajar el diapasón de la presión mediática y a dedicar más horas a sus hijos, Mariano (doce años) y Juan (seis), después de las ausencias de campaña. Pero la situación ya no volverá a ser la de siempre, y a la esposa de Mariano Rajoy le toca ahora recomponer el puzle de otra manera, en el tránsito hacia una nueva forma de vida. La noche del 20-N en la planta séptima de Génova había sido muy larga y, sobre todo, de gran intensidad emocional, junto a su marido (el más tranquilo, dicen) y la familia casi en pleno: allí estuvieron los tres hermanos de Rajoy con sus respectivos cónyuges, y también los dos hermanos de Viri. Tampoco faltaron a la cita algunos de sus íntimos, como Pilar Rojo, la presidenta del Parlamento de Galicia.
Cuando por fin compareció en público sobre una marea de banderas azules, a la esposa de Rajoy se la vio más melancólica que exultante, lo que no significa que se sintiese sobrepasada por los acontecimientos: el mismo lunes se encargó de enviar ramos de flores a todos los integrantes del equipo electoral, y ya está pendiente de los engranajes de una casi inevitable mudanza desde su casa de Aravaca a La Moncloa. Aunque el futuro presidente del Gobierno ha reiterado que preferiría seguir en su actual domicilio, y Viri comparte ese deseo, los dos asumen que «se hará lo que se tenga que hacer». Ahora parece más difícil lograr lo que el líder del PP sí consiguió en 2002: convertirse en el primer ministro del Interior que no dejaba su casa para instalarse en una vivienda oficial.
El matrimonio ha venido llevando estos años una vida metódica dentro de lo posible (entre otras cosas, porque Viri es muy ordenada), con paseos matinales y comidas en casa que últimamente se han convertido casi en una quimera inalcanzable. Rajoy ha estado en los últimos días tan volcado en la tarea descomunal que ha de asumir (visita a La Moncloa, despacho con Rato, «showroom» de ministrables y arduas conversaciones con Merkel y la UE), que su esposa apenas le ha visto el pelo. Casi el único respiro que se ha podido permitir el futuro presidente del Gobierno fue un almuerzo con algunos de sus colaboradores en su tasca favorita, «El Santo», junto a la sede del partido. Algunos viandantes aprovecharon para fotografiarse con él.
«Mediática» carrera laboral
Este lapso de espera coincide también con el paréntesis de Viri en el terreno profesional: empleada hasta hace pocos meses en el departamento de Control de Gestión de Telefónica Contenidos, pidió excedencia para acompañar a Rajoy durante la campaña y, después de la victoria electoral, la quiere prorrogar hasta nueva orden. Pero pocos ven este paso como una renuncia definitiva, porque le gusta mucho su trabajo.
Elvira se instaló en Madrid en 1995, cuando fue contratada por el Departamento Financiero de Antena 3, donde la recuerdan como eficiente y de trato afable. Aunque llegó a la cadena televisiva de la mano de José Manuel Lorenzo, miembro de la pandilla pontevedresa de Rajoy, no fue vista como una enchufada porque pronto acreditó su cualificación para el puesto. Además, cuando a su todavía novio lo hicieron ministro del Gobierno de Aznar, unos meses después, muchos de sus compañeros siguieron sin saber la relación que los unía. Igual sucedió más adelante, cuando pasó a ocupar un puesto en Admira, rama mediática de Telefónica.
La mayor de tres hermanos
Nacida en Pontevedra en 1965, Elvira Fernández Balboa no es exactamente la hija de un «emigrante en Venezuela», como se ha venido comentando, porque su padre, Manuel Fernández Fernández, estuvo sólo tres años en ese país. Asentado después en su Galicia natal, montó con sus hermanos y su cuñado Elisardo Balboa la empresa «Saneamientos Balboa», de suministros para la construcción. Viri es la primogénita: después llegaron Ana María, con la que se lleva dieciocho meses y que trabaja como profesora de Historia en un colegio privado de Pontevedra, y Manuel, siete años menor, licenciado en Económicas.
Los Fernández eran en esos años una familia de clase media y de costumbres austeras. Viri fue escolarizada primero con las monjas (las Doroteas) y completó su formación secundaria en el instituto Valle-Inclán de Pontevedra. Ahí forjó la relación con algunas de sus mejores amigas: Myriam Bellido, Mar Novás y Beatriz Portela. Después estudió Económicas en la Universidad de Santiago de Compostela. Su tío Elisardo entró en política y fue durante ocho años alcalde de Sangenjo por el Partido Popular, pero Viri nunca ha vivido de forma encendida los asuntos públicos: a día de hoy, aunque se declara simpatizante del PP, no tiene carné de militante. Eso sí, en casa opina y su criterio pesa.
Dice una de sus amigas que su apariencia tímida en público es engañosa: «Es una persona jovial y extravertida, lo que no le gusta es la proyección mediática». También es paciente y perseverante, como el propio Rajoy. Ella se considera una persona noble, parecida a su padre (fallecido en 2002), y confiesa que «cuando algo me parece injusto, soy incapaz de disimularlo». Por eso en la calle Génova no pasó inadvertido su desapego de quienes en 2008 intentaron arrebatar a su esposo las riendas del partido. También su cuñada Mercedes Rajoy encajó mal aquellas operaciones de acoso y derribo. La hermana del líder del PP, registradora de la propiedad, es pieza indispensable del círculo de allegados. Ella y su esposo (el eurodiputado Francisco Millán, amigo de juventud de Rajoy) son, además de familia, vecinos de la misma urbanización.
Desde que en 1996 contrajo matrimonio con Mariano Rajoy (ya por entonces ministro), Viri tuvo que tragar su primer tazón de sobreexposición pública: vio con asombro cómo su boda, celebrada en la Capilla de las Conchas de la isla de la Toja, se hacía hueco en la portada del «Hola». Fue el punto de partida de una vida familiar con un primer trago amargo (un aborto a los seis meses de gestación de la que hubiera sido su primera hija) y un feliz cambio de rumbo después con la llegada de Mariano y Juan, nacidos en la clínica Dexeus de Barcelona. Los dos estudian en el British Council, y su madre intenta que el vértigo de los acontecimientos les afecte lo menos posible: al mayor no le permitió seguir el debate televisado del día 7. Junto a su marido y los niños, Viri secunda las tardes de fútbol televisado (son madridistas) y araña todo el tiempo que puede para ver películas o leer libros. Le gustan los novelones (de la trilogía «Millenium», de Stieg Larsson, a «El tiempo entre costuras», de María Dueñas), y, después de bebérselos, los recomienda por tierra, mar y aire. También es buena anfitriona y le gusta recibir en casa.
Con Sonsoles Espinosa ha mantenido siempre una buena relación. Es un hecho que ha quedado patente en la tribuna del Congreso cuando las dos han coincidido en el Debate del Estado de la Nación. No habrá marejada en esa línea de «traspaso de poderes».
Fuente: ABC.es
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