José Luis Polo Francisco
9 JUL 2012 - 00:26 CET
Efectivamente, en Euskadi no hemos seguido la senda del urbanismo
salvaje de otras zonas. ¡Quizá nos ha salvado la campana de la crisis…!,
porque una buena parte de los Planes Generales que se han aprobado en
los últimos años programaban crecimientos que no se sustentaban en un
crecimiento vegetativo sostenible, ni en un saldo migratorio positivo,
ni siquiera en un cambio del modelo familiar realista. Todas estas
variables se manipulaban y manoseaban para justificar la emisión de
“papel moneda” en forma de suelos urbanizables densos o muy densos que
permitirían a las arcas municipales seguir firmando lucrativos convenios
urbanísticos, monetarizar quincesporcientos, girar tasas e impuestos y
seguir financiando empresas públicas de dudosa rentabilidad. Los Planes
Generales dejaron en un segundo plano su esencia de hacer ciudad a medio
y largo plazo para convertirse en “fábricas de moneda y timbre”; pero
aceptemos que no lo hemos hecho tan mal o al menos que no nos ha dado
tiempo a hacerlo peor.
Ahora bien, para un análisis saludable de la situación actual debemos
empezar a diferenciar urbanismo de mercado inmobiliario. Quizá caminen
en paralelo o uno detrás del otro, pero el urbanismo no puede ser un
mercado, ni el mercado inmobiliario puede diseñar el futuro de una
ciudad y de sus ciudadanos. Marcada esta diferencia ¿quién puede negar
que en Euskadi se han cometido disparates inmobiliarios?....al menos uno
y muy grave: El precio de la vivienda. Mientras en Levante y en el sur
tienen un exceso de volumen edificado, nosotros tenemos un exceso de
precio. En las épocas de gloria económica, en el País Vasco, un
trabajador podía ganar un treinta o un cuarenta por ciento más que en
cualquier otra parte del país y tenía que pagar el doble, el triple o el
cuádruple que en otras zonas por una vivienda. Y este modelo ha sido
defendido y justificado políticamente en base al eslogan Euskadi es
diferente. Ahora que ganamos menos y que se ha demostrado que aquí la
vivienda también puede bajar de precio tenemos un grave problema y deja
al descubierto el mayor disparate inmobiliario. Mientras en Levante el
exceso de volumen edificado y la deuda que ha generado está en manos de
la banca y la banca va a ser rescatada, nuestro exceso de precio pagado
está en manos de la deuda de las familias, pero las familias no van a
ser rescatadas. La banca quizá venda el exceso de volumen por debajo del
precio de coste y de deuda, o incluso se derribe una parte de estos
excesos, con el respaldo de “papa Estado”, pero las familias, aquí y en
el resto de España, han perdido sus ahorros y mantienen una deuda para
la que nadie plantea una solución. Y el mercado tampoco les va a ayudar.
¿Quién puede negar que el precio de la vivienda ha bajado? ¿...
incluso en el centro de Donostia? ¿…incluso en Bilbao? En mi condición
de presidente del Colegio Oficial de Agentes de la Propiedad
Inmobiliaria de Gipuzkoa, semana tras semana, hablo con notarios, con
registradores, con promotores, con el propio Gobierno vasco y todos
coincidimos en el difícil momento que atraviesa el sector inmobiliario, y
con mis compañeros constato que el mercado está en letargo permanente
y, aunque no se refleje en la oferta, las pocas viviendas que se
transmiten se venden a precios que se sitúan un 35 ó 40%, o incluso más,
por debajo del precio disparatado que se alcanzó entre noviembre de
2007 y febrero de 2008. El que quiere o necesita vender tiene que asumir
estos precios, y me consta que el trabajo más difícil y más profesional
que realizan mis compañeros es trasladar esta realidad a los vendedores
y reflejarla en la oferta. Y es verdaderamente penoso y desilusionante
que se siga defendiendo, en base a no sé qué estadísticas, que el precio
de la vivienda en Euskadi apenas ha bajado, para a renglón seguido
defender nuevas reclasificaciones de suelo urbanizable “para que haya
una oferta más grande y se venda más barato”. ¡Si aún estamos aquí es
que no hemos aprendido nada!
No me creo que el mercado inmobiliario sea un mercado en libre
competencia, ni que el ajuste del precio de la vivienda se produzca, ni
se vaya a producir jamás, por el equilibrio entre la oferta y la
demanda; una vivienda no se compra con dinero de bolsillo, necesita del
mercado financiero. Hemos llegado hasta aquí jugando con cartas marcadas
y con reglas trucadas y ahora la crisis y la reforma financiera nos ha
dicho con absoluta claridad quién es el dueño de la baraja. Mientras el
mercado inmobiliario es local el mercado financiero es global y los
bancos priorizan la asignación de sus “escasos” recursos financieros a
la venta de sus inmuebles, estén éstos donde estén, ignorando la
financiación de cualquier otra operación salvo que ésta se produzca a
precios muy rebajados y con una estimación de riesgo prácticamente nula.
Y hasta que el mercado financiero no tape sus vergüenzas y cure sus
heridas no fluirá el crédito. “El ladrillo está estigmatizado”, dicen, y
con razón. Una vez que Europa aplique una torunda de millones en los
boquetes que ha dejado el ladrillo, ¿alguien piensa, en su sano juicio y
a estas alturas de la película, que el nuevo regulador financiero va a
permitir asumir nuevos riesgos financiando sobreprecios heredados,
aunque el banco empiece por K y lleve txapela? Euskadi tiene sus propios disparates inmobiliarios y cuanto antes los reconozcamos más fácil será su digestión.
Hasta que el mercado financiero no tape sus vergüenzas y cure sus heridas no fluirá el crédito
José Luis Polo Francisco es presidente del Colegio Oficial de Agentes de la Propiedad Inmobiliaria de Gipuzkoa.
Fuente: EL PAÍS.com PAÍS VASCO
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