El movimiento que nació de la
protesta de un puñado de agricultores ha pasado ahora a calar entre la
población griega: la patata ha traído una nueva esperanza para el
espíritu del “querer es poder” enterrado por la crisis.
| Reparto de sacos de patatas por parte de agricultores en Salónica, Grecia, ayer, 2 de marzo de 2012. La escuela de Agricultura de la universidad de esta ciudad propuso a los cultivadores la distribución de 50 toneladas de patatas a precio de coste para paliar la situación de los ciudadanos y la alta demanda de productos básicos. EFE |
En Grecia,
mientras la economía se contraía poco a poco entre 2009 y 2011, los
precios iban subiendo. Este aumento, sumado a la caída de los ingresos,
se mezcló en una coctelera explosiva hasta reventar, recoge la cadena Al Jazeera.
Pero ahora, cada vez más recelosos de sus políticos, los ciudadanos
son los que están tratando de salir del abismo como pueden. El activismo
de base está triunfando con logros tan mesurables como un saco de
patatas. ¿Patatas?
En el mes de abril la Autoridad Helénica de Estadísticas (ELSTAT)
informó de una sorprendente caída en los precios de los tubérculos en
marzo del año pasado, cuenta Al Jazeera. ¿La razón para esta deflación histórica? La revolución ciudadana de la patata.
Este movimiento comenzó a gestarse cuando una serie de agricultores
de Nevrokopi tuvieron una idea para protestar contra las importaciones
de tubérculo egipcio: distribuir gratis toneladas de patatas en el
centro de Salónica.
Después, llegó todo lo demás.
El Grupo de Acción de Voluntariado de la Prefectura de Pieria
les invitó a vender sus patatas al por mayor. El 19 de febrero se
organizó una venta de patatas a 25 centavos el kilo, un tercio de su
precio en el mercado.
El movimiento se extendió a la Universidad Aristóteles de Tesalónica, donde un profesor de marketing agrícola organizó una venta de patatas en el campus. Vendió 50 toneladas.
Ahora, la revolución ha saltado las patatas y se organizan ventas
regulares de más alimentos baratos como aceite de oliva, harina, arroz o
miel. Incluso en Atenas.
Pero más allá, muchos señalan que la mayor contribución del
movimiento a la cultura griega sumida en la crisis es su capacidad de
fomentar el espíritu del “querer es poder”. “Esto
sucede todos los días. Ven este movimiento como algo muy esperanzador”,
declara un ciudadano llamado Tsolakidis a Al Jazeera.
“Podemos movilizar a más gente que cualquier otra persona”, dice
Tsolakidis a Al Jazeera. “Recibimos alrededor de 5.500 pedidos de cada
venta de productos, lo que representa alrededor de 45.000 personas, o el
55% de la población de nuestra ciudad... Las reuniones políticas tienen suerte si consiguen 50 personas”.
La patata ha dado un nuevo énfasis al poder individual. Y puede que,
aunque ahora limitados al ámbito local, sus valores de independencia y
servicio calen algún día en lo más alto del poder público en Grecia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario