Ana Mendoza.
Madrid, 20 jun.- Cincuenta años después de que "La ciudad y los perros" ganara el premio Biblioteca Breve, Mario Vargas Llosa no sabe qué influencia pudo tener su primera novela en el Perú de la época, pero está "absolutamente convencido" de que "una sociedad que lee buena literatura es más crítica y menos manipulable que otras".
"Una
sociedad impregnada de buena literatura es más exigente con el mundo en
el que vive y con las instituciones que la gobiernan; exige más porque
sueña más, porque desea más", decía hoy Vargas Llosa al presentar ante
la prensa la edición conmemorativa que las veintidós Academias de la
Lengua Española han realizado de "La ciudad y los perros", una novela
que contribuyó de forma decisiva al llamado "boom" latinoamericano.
Esta cuidada edición, revisada por el propio autor y coordinada por la Academia Peruana de la Lengua, está ya a la venta en España
y, en el plazo de dos semanas, estará disponible en todos los países
hispanoamericanos. La publica Alfaguara y su precio será de 12,90 euros o
del equivalente en la moneda de cada país.
Vargas Llosa no suele
releer sus obras, pero, con motivo de esta edición, sí lo ha hecho con
"La ciudad y los perros" y ha sentido "una gran nostalgia" de la época
en que la escribió y de lo que significó para él este libro.
Fue
su primera "obra ambiciosa" y, al enfrentarse de nuevo a ella, se acordó
mucho de aquellos comienzos en los que "nunca" pudo "imaginar que esta
novela tendría la historia que ha tenido y, mucho menos, que 50 años
después estaría todavía viva" y que se traduciría a más de treinta
idiomas, comentó el premio nobel en la sede de la Real Academia
Española, donde luego tuvo lugar la presentación oficial de la edición.
Un
libro no solo es fruto de "la fantasía y la imaginación" sino también
de la experiencia vivida, y la que reflejó el gran escritor peruano en
su primera novela fue el tiempo que pasó en el colegio militar "Leoncio Prado", donde su padre lo matriculó para que se le quitaran las ganas de dedicarse a la literatura.
A
ese colegio iban muchachos de todas las clases sociales del Perú, "con
sus prejuicios, sus resentimientos y rencores". La experiencia "no fue
grata" para el futuro novelista, que sufrió "mucho con la disciplina y
con la violencia" que reinaba en aquel centro.
Pero Vargas Llosa
le está "muy agradecido" al "Leoncio Prado" porque le descubrió el país
donde había nacido. Fue para él "una gran aventura" y desde entonces
soñó con reflejarla en un libro.
Empezó a escribir la novela en
1958, en Madrid, en su casa y en una tasca de la calle Menéndez Pelayo
llamada El Jute, y la terminó en una buhardilla de París.
El
manuscrito "estuvo rodando como un alma en pena de editorial en
editorial", recuerda Vargas Llosa en el prólogo, hasta que llegó a manos
de Carlos Barral, director de Seix Barral, que lo presentó al premio Biblioteca Breve y tuvo que sortear mil dificultades para superar la férrea censura franquista.
Como
señalaba hoy con humor Vargas Llosa, las negociaciones con los censores
duraron "casi un año" y al final le pidieron al escritor que cambiara
ocho frases. En una de ellas sustituyó el "vientre de ballena" que tenía
el coronel, director del colegio, por "un vientre de cetáceo", y en
otra cambió "el burdel" por el que solía merodear el capellán por "un
prostíbulo", términos que, al parecer, eran más del agrado del censor.
En
la segunda edición del libro, Barral restauró las frases originales,
comentó el autor de "La casa verde", que estuvo acompañado por el
director y el secretario de la Real Academia Española, José Manuel
Blecua y Darío Villanueva, y por el presidente de Santillana, Emiliano Martínez.
Para
escribir "La ciudad y los perros" se inspiró en muchos autores pero,
sobre todo, en Faulkner, "el novelista que más ha influido en la
literatura moderna latinoamericana". Y también le sirvió la convicción
de Flaubert de que un escritor que nace sin talento, se lo puede labrar "a base de perseverancia, disciplina y terquedad".
Vargas
Llosa sabe que la buena literatura hace "menos manipulable" a una
sociedad, y sabe también que "los tiempos malos son generalmente buenos
para la literatura".
Por eso, ahora que "estamos viviendo un
período de gran incertidumbre, inseguridad y confusión, desde el punto
de vista literario y cultural no es malo, sino que creo más bien que es
un tiempo muy propicio para grandes empresas creativas", concluyó el
escritor.-EFE
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