Cada una de las múltiples fases de la reforma financiera (ya fuera con el PSOE o con el PP)
proclamaba que el objetivo final era que los precios de la vivienda
bajasen. Pero los pisos no caen tan rápido como se esperaba. ¿Es ahora
el paso definitivo? ¿Cómo se ha llegado hasta aquí? ¿Conviene comprar
ahora o esperar un poco más?
| La caída acumulada ronda el 40% en la costa mediterránea |
La historia pasada, presente y futura del mercado
inmobiliario español está repleta de cifras, previsiones, augurios y
catástrofes. Sólo unos pocos hechos se pueden dar por ciertos. El resto
lo forman variables que apuntan a una misma dirección: el mercado
español tendrá pisos baratos durante lo que queda de década.
Hecho: el máximo histórico del precio de la vivienda en España se alcanzó en el último trimestre de 2007, cuando la media nacional se situó en 190.277 euros, según las cifras oficiales del Ministerio de Fomento. Hoy, el promedio ha bajado a 147.533 o, dicho en forma de descuento: un 22,4% más barata.
Previsión: el Banco de España
calculó a principios de año que el precio de la vivienda a medio
construir debería bajar un 80% desde los parámetros conocidos durante el
boom inmobiliario. El del suelo puro y duro, hasta casi un 90%. El
organismo elaboró la cifra a partir del primer decreto sobre el sistema
financiero aprobado por el Partido Popular.
Decreto: la primera norma del ministro de Economía, Luis de Guindos,
ahondó en febrero en el concepto de las provisiones que la banca
debería aprobar respecto a sus créditos relacionados con el sector
inmobiliario.
Además, el Gobierno obligó a los bancos a cubrir un 7% del crédito
sano. También se barajó que el impacto sobre el mercado real podría
terminar en descuentos de hasta el 60%.
Definición: las provisiones han existido desde hace
años en España. En puridad, se trata de una exigencia por la que un
banco aparta un porcentaje de su capital para cubrir la posibilidad de
que un crédito no se pague. En los tiempos del boom inmobiliario se
decía que España era uno de los países con mayor colchón de seguridad de
Europa.
Hecho: el Banco de España estimó a finales de 2011 que las entidades españolas sumaban hasta 176.000 millones en préstamos dudosos
del ladrillo, es decir, en dinero concedido a promotores o incluso
particulares en riesgo de ser impagados. Esa cifra suponía un 11% de
toda la cartera crediticia nacional.
Decreto: la segunda norma de Guindos
(de principios de mayo) elevó la obligación de las entidades
financieras a provisionar hasta un 45% del total del préstamo
relacionado con la vivienda, es decir, más de 84.000 millones de euros.
El primer decreto había exigido el saneamiento de unos 54.000 millones.
Los 30.000 millones restantes se explican por la ampliación en los créditos no dudosos desde el 7% del primer decreto a distintos porcentajes, dependiendo del riesgo. De media, un 30% de protección.
Previsión: el sector da por hecho que habrá un
tercer decreto del ministro. Que es lo mismo que decir que habrá una
ampliación en las provisiones que los bancos deben hacer para cubrir su
agujero inmobiliario con la misma intensidad que se aplicó en la fase
final de Bankia (y que elevó la previsión de 9.000 millones a 23.000 en
apenas unos días). La norma podría llegar a finales de mes, cuando el
Gobierno reciba el informe de las auditoras independientes sobre el
sistema financiero.
Causa: cuando se habla de que la morosidad en España
está cerca de su máximo histórico, la mayor parte de los impagados
procede de promotores que, en plena expansión de la construcción,
pidieron a las entidades créditos multimillonarios para adquirir suelo o edificar nuevas urbanizaciones, con la esperanza de que la escalada de precios nunca se detendría.
El estallido de la burbuja les sobrevino con inmuebles a medio erigir y
secarrales sobre los que nunca se llegó a poner una piedra porque el
mercado colapsó. Los bancos habían financiado cientos de proyectos
fallidos e incluso impulsaron promociones por su cuenta.
Toda esa cartera es la que debe provisionar ahora y entramos en el terreno de las consecuencias:
1) Cuando se habla de que un banco debe provisionar
hasta el 65% de las promociones en curso, eso también quiere decir que
podría poner a la venta esa misma vivienda con un descuento de hasta el
65%, ya que es la pérdida que se ha anotado en sus cuentas por
obligación legal.
De paso, si vende el activo tóxico, gana por partida doble: porque ya
no debe hacerlo constar y porque, al menos, lo ha vendido por un 35% de
su valor (siguiendo el ejemplo anterior).
Más allá de casos puntuales, y como decía el Banco de España, las rebajas podrían ser de hasta el 80% a medio plazo.
2) El rescate a la banca española de la Unión Europea
debe servir para que emerjan de una vez todos los activos inmobiliarios
de los balances de las entidades financieras. Eso puede desembocar en
un aumento de las provisiones, es decir, que el precio puede bajar
todavía más.
3) Los bancos necesitan dinero a toda costa y por
eso deben quitarse de encima las viviendas que lastran sus resultados.
El principal negocio de una banco es el crediticio: sin liquidez que
ofrecer a sus clientes no puede ganar por el interés, las comisiones, el
negocio...
4) Un particular tiene casi imposible vender una
vivienda por sí mismo, dado que los bancos siempre ofrecerán una
hipoteca mejor y una vivienda en mejores garantías que pertenezca a su
propia cartera.
La distancia entre oferta y demanda es, en estos momentos, abismal.
Según idealista.com, los actuales compradores están ofreciendo de media
un 20% menos del precio de partida del vendedor. Dicho precio ya es un
22% inferior al que se registraba en 2007, según el mismo portal.
Resumiendo: sólo el que vende aplicando una rebaja por encima del 40% respecto a como compró hace cinco años logra situarse al precio de mercado en estos momentos.
En viviendas de segunda residencia (sobre todo en la costa), los
descuentos actuales se acercan al 60%, en estimaciones de Look and Find,
que ha emprendido una campaña para ofrecer este tipo de inmuebles en el Reino Unido.
5) El español medio se ha empobrecido por culpa de
esta explosión de la burbuja. Aunque no tenga intención de vender, la
vivienda siempre ha sido la propiedad más preciada de una familia con
mucha diferencia. Sobre todo, en un país donde casi nadie vive de
alquiler. Lo que valía 100 hace un lustro, ahora no pasa de 60.
6) A todo lo anterior se suma la situación económica
del país. Con casi seis millones de parados y el riesgo de perder el
empleo más presente que nunca, el mercado se ha contraído hasta casi
desaparecer. Además, el perfil del comprador de vivienda habitual es una
pareja joven, precisamente el sector más castigado por el desempleo.
7) Las condiciones de financiación han empeorado. El
Euríbor vuelve a estar cerca de su suelo, pero hoy día es más cara la
firma de una hipoteca que nunca. Los bancos han elevado el diferencial y
lo ha situado por encima del 4% de interés.
8) Los bancos no tienen liquidez. Hasta que no
solucionen los problemas en sus cuentas, el crédito no volverá a fluir y
mientras no haya préstamos, tampoco se podrán comprar o vender
viviendas de forma natural. Sólo si se hacen descuentos brutales logrará
un vendedor desprenderse de su inmueble, ya sea un banco o un
particular.
9) La fiscalidad tampoco ayudará. El IVA que se
aplica a la compra de nueva vivienda es temporalmente de un 4%, frente
al 8% habitual. La más que probable subida de este impuesto (lo niega el
Gobierno, pero Europa lo exige)
no sólo podría devolver al 8% el porcentaje sino acabar con su
condición de excepción y que se aplique el régimen general del 18% (o al
que se suba finalmente).
Conclusión: los pisos van a seguir bajando y van a estar en precios muy reducidos durante los próximos años.
En primer lugar, el 22% real registrado por Fomento tiene que acercarse
al 40% de la demanda actual. Y eso, para empezar a hablar, ya que el
desfase entre oferta y demanda seguirá ampliándose durante los próximos
años.
Al mismo tiempo, tras la aprobación del primer decreto, el Gobierno calculó que el descenso generalizado no se notaría hasta 2014 como mínimo.
Pero después de aquella estimación vinieron más decretos, más
provisiones, más crisis y más paro, cuya tasa no empezará a recuperarse
con nitidez hasta 2016.
Es decir, que con un paro juvenil que supera a la mitad de la
población menor a 25 años y el mercado de trabajo sin signos claros de
recuperación, los pisos estarán muy baratos en la segunda mitad de la
década, pero ¿habrá alguien capaz de comprarlos?
Fuente: lainformacion.com
Fuente: lainformacion.com
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