Hoy se lanza en España La civilización del espectáculo, primer libro tras recibir el Nobel.
Por Roberto Careaga
A mediados de 2010, Mario Vargas Llosa saltó al frente de batalla:
en un artículo en la revista Letras Libres, el escritor peruano se lanzó
al cuello de los estudios culturales y la crítica literaria posmoderna,
disparó contra Michel Foucault y Jacques Derrida, y acusó que la noción
de cultura se esfumaba en la banalización de nuestros días. Vargas
Llosa lloraba por el orden perdido. "Hemos hecho de la cultura uno de
esos vistosos pero frágiles castillos construidos sobre la arena que se
deshacen al primer golpe de viento", terminaba.
Titulado Breve discurso sobre la cultura, el artículo de Vargas Llosa levantó una andanada de críticas y alabanzas. El gesto del autor de Los cachorros
era provocador: decía que la ruta democratizadora emprendida a mediados
del siglo XX por intelectuales y artistas había terminado por
relativizarlo todo. Demasiado: "Hemos conseguido un remedio que resultó
peor que la enfermedad: vivir en la confusión de un mundo en el que ya
no hay manera de saber qué cosa es cultura".
Era un tema enorme, de muchas entradas y salidas, varias de las
cuales Vargas Llosa había transitado en artículos, entrevistas y
apuntes. Se convirtió en algo mayor, en su nuevo libro. Se llama La civilización del espectáculo y
hoy es lanzado en España. Alegato de defensa de viejos y amenazados
valores, se trata del primer libro que publica tras recibir el Premio
Nobel de Literatura en 2010. A Chile el volumen llegará recién en
noviembre.
Bases de la civilización
Fue ya hace algunos años, en la Bienal de Venecia. Vargas Llosa
sintió que le estaban tomando el pelo. El sistema artístico completo,
desde los autores hasta los galeristas y críticos, formaban parte de una
"mentira monstruosa" que, por ejemplo, pone al tiburón en formol de
Damien Hirst en la categoría de grandes obras del arte. "Semejante
payasada debería ser divertida", precisaba el escritor el año pasado.
Desde esa sospecha, el autor de Conversación en La Catedral elabora
un oscuro retrato sobre la situación cultural y política de Occidente.
Dialogando con T.S. Eliot, George Steiner y Gilles Lipovetsky, entre
otros, Vargas Llosa indaga en cómo la cultura dejó siquiera de intentar
responder preguntas tan básicas como "qué hacemos aquí en este astro sin
luz propia que nos tocó, si la mera supervivencia es el único norte que
justifica la vida". Hoy, sostiene el escritor, lo cultural es "una
forma de diversión ligera para el gran público".
"La cultura, en el sentido que tradicionalmente se ha dado a este
vocablo, está en nuestros días a punto de desaparecer", anota en el
prólogo el escritor. Sigue: "Y acaso haya desaparecido ya, discretamente
vaciado de su contenido, y esté reemplazado por otro, que desnaturaliza
el que tuvo".
Hombre liberal, en 1990 candidato a la presidencia de Perú, a Vargas Llosa lo mueve un miedo en La civilización del espectáculo: que
la "corrupción de la vida cultural por obra de la frivolidad" pueda
socavar esa "delicada materia que da contenido y orden a lo que llamamos
civilización".
Pasatiempos populares
La inmensa mayoría del género humano no practica, consume ni
produce hoy otra forma de cultura que aquella que, antes, era
considerada por los sectores cultos, de manera despectiva, mero
pasatiempo popular, sin parentesco alguno con las actividades
intelectuales, artísticas y literarias que constituían la cultura. Esta
ya murió, aunque sobreviva en pequeños nichos sociales, sin influencia
alguna sobre el mainstream.
Crítica literaria
Responsabilidad e inteligibilidad van parejas con una cierta
concepción de la crítica literaria, con el convencimiento de que el
ámbito de la literatura abarca toda la experiencia humana, pues la
refleja y contribuye decisivamente a modelarla, y de que, por lo mismo,
ella debería ser patrimonio de todos, una actividad que se alimenta en
el fondo común de la especie y a la que se puede recurrir incesantemente
en busca de un orden cuando parecemos sumidos en el caos.
Laicismo vs. religión
El laicismo no está contra la religión; está en contra de
que la religión se convierta en obstáculo para el ejercicio de la
libertad y en una amenaza contra el pluralismo y la diversidad que
caracterizan a una sociedad abierta. En ésta, la religión pertenece al
dominio de lo privado y no debe usurpar las funciones del Estado, el que
debe mantenerse laico precisamente para evitar en el ámbito religioso
el monopolio, siempre fuente de abuso y corrupción.
Cultura y publicidad
Cuando una cultura relega al desván de las cosas pasadas de
moda el ejercicio de pensar y sustituye las ideas por las imágenes, los
productos literarios y artísticos son promovidos, aceptados o rechazados
por las técnicas publicitarias y los reflejos condicionados de un
público que carece de defensas intelectuales y sensibles para detectar
los contrabandos y las extorsiones de que es víctima. Por el contrario,
la teoría llegó a sustituir a la obra de arte.
Arte y erotismo
El erotismo ha desaparecido, al mismo tiempo que la crítica y
la alta cultura. ¿Por qué? Porque el erotismo, que convierte el acto
sexual en obra de arte, en un ritual al que la literatura, las artes
plásticas, la música y una refinada sensibilidad impregnan de imágenes
de elevado virtuosismo estético, es la negación misma de ese sexo fácil,
expeditivo y promiscuo en el que paradójicamente ha desembocado la
libertad conquistada por las nuevas generaciones.
La anodina tinta digital
Me cuesta trabajo imaginar que las tabletas electrónicas,
idénticas, anodinas, intercambiables, funcionales a más no poder, puedan
despertar ese placer táctil preñado de sensualidad que despiertan los
libros de papel en ciertos lectores. Pero no es raro que en una época
que tiene entre sus proezas haber acabado con el erotismo se esfume
también ese hedonismo refinado que enriquecía el placer espiritual de la
lectura con el físico de tocar y acariciar.
Fuente: LA TERCERA
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