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miércoles, 11 de abril de 2012

La Isla del Lector: Vargas Llosa publica demoledor ensayo sobre la cultura en nuestros días

Hoy se lanza en España La civilización del espectáculo, primer libro tras recibir el Nobel.

Por Roberto Careaga
A mediados de 2010, Mario Vargas Llosa saltó al frente de batalla: en un artículo en la revista Letras Libres, el escritor peruano se lanzó al cuello de los estudios culturales y la crítica literaria posmoderna, disparó contra Michel Foucault y Jacques Derrida, y acusó que la noción de cultura se esfumaba en la banalización de nuestros días. Vargas Llosa lloraba por el orden perdido. "Hemos hecho de la cultura uno de esos vistosos pero frágiles castillos construidos sobre la arena que se deshacen al primer golpe de viento", terminaba. 

Titulado Breve discurso sobre la cultura, el artículo de Vargas Llosa levantó una andanada de críticas y alabanzas. El gesto del autor de Los cachorros era provocador: decía que la ruta democratizadora emprendida a mediados del siglo XX por intelectuales y artistas había terminado por relativizarlo todo. Demasiado: "Hemos conseguido un remedio que resultó peor que la enfermedad: vivir en la confusión de un mundo en el que ya no hay manera de saber qué cosa es cultura". 

Era un tema enorme, de muchas entradas y salidas, varias de las cuales Vargas Llosa había transitado en artículos, entrevistas y apuntes. Se convirtió en algo mayor, en su nuevo libro. Se llama La civilización del espectáculo y hoy es lanzado en España. Alegato de defensa de viejos y amenazados valores, se trata del primer libro que publica tras recibir el Premio Nobel de Literatura en 2010. A Chile el volumen llegará recién en noviembre. 

Bases de la civilización

Fue ya hace algunos años, en la Bienal de Venecia. Vargas Llosa sintió que le estaban tomando el pelo. El sistema artístico completo, desde los autores hasta los galeristas y críticos, formaban parte de una "mentira monstruosa" que, por ejemplo, pone al tiburón en formol de Damien Hirst en la categoría de grandes obras del arte. "Semejante payasada debería ser divertida", precisaba el escritor el año pasado. 

Desde esa sospecha, el autor de Conversación en La Catedral elabora un oscuro retrato sobre la situación cultural y política de Occidente. Dialogando con T.S. Eliot, George Steiner y Gilles Lipovetsky, entre otros, Vargas Llosa indaga en cómo la cultura dejó siquiera de intentar responder preguntas tan básicas como "qué hacemos aquí en este astro sin luz propia que nos tocó, si la mera supervivencia es el único norte que justifica la vida". Hoy, sostiene el escritor, lo cultural es "una forma de diversión ligera para el gran público". 

"La cultura, en el sentido que tradicionalmente se ha dado a este vocablo, está en nuestros días a punto de desaparecer", anota en el prólogo el escritor. Sigue: "Y acaso haya desaparecido ya, discretamente vaciado de su contenido, y esté reemplazado por otro, que desnaturaliza el que tuvo".

Hombre liberal, en 1990 candidato a la presidencia de Perú, a Vargas Llosa lo mueve un miedo en La civilización del espectáculo: que la "corrupción de la vida cultural por obra de la frivolidad" pueda socavar esa "delicada materia que da contenido y orden a lo que llamamos civilización".

Pasatiempos populares
 
La inmensa mayoría del género humano no practica, consume ni produce hoy otra forma de cultura que aquella que, antes, era considerada por los sectores cultos, de manera despectiva, mero pasatiempo popular, sin parentesco alguno con las actividades intelectuales, artísticas y literarias que constituían la cultura. Esta ya murió, aunque sobreviva en pequeños nichos sociales, sin influencia alguna sobre el mainstream.

Crítica literaria

Responsabilidad e inteligibilidad van parejas con una cierta concepción de la crítica literaria, con el convencimiento de que el ámbito de la literatura abarca toda la experiencia humana, pues la refleja y contribuye decisivamente a modelarla, y de que, por lo mismo, ella debería ser patrimonio de todos, una actividad que se alimenta en el fondo común de la especie y a la que se puede recurrir incesantemente en busca de un orden cuando parecemos sumidos en el caos.

Laicismo vs. religión

El laicismo no está contra la religión; está en contra de que la religión se convierta en obstáculo para el ejercicio de la libertad y en una amenaza contra el pluralismo y la diversidad que caracterizan a una sociedad abierta. En ésta, la religión pertenece al dominio de lo privado y no debe usurpar las funciones del Estado, el que debe mantenerse laico precisamente para evitar en el ámbito religioso el monopolio, siempre fuente de abuso y corrupción.

Cultura y publicidad

Cuando una cultura relega al desván de las cosas pasadas de moda el ejercicio de pensar y sustituye las ideas por las imágenes, los productos literarios y artísticos son promovidos, aceptados o rechazados por las técnicas publicitarias y los reflejos condicionados de un público que carece de defensas intelectuales y sensibles para detectar los contrabandos y las extorsiones de que es víctima. Por el contrario, la teoría llegó a sustituir a la obra de arte.

Arte y erotismo 

El erotismo ha desaparecido, al mismo tiempo que la crítica y la alta cultura. ¿Por qué? Porque el erotismo, que convierte el acto sexual en obra de arte, en un ritual al que la literatura, las artes plásticas, la música y una refinada sensibilidad impregnan de imágenes de elevado virtuosismo estético, es la negación misma de ese sexo fácil, expeditivo y promiscuo en el que paradójicamente ha desembocado la libertad conquistada por las nuevas generaciones.

La anodina tinta digital

Me cuesta trabajo imaginar que las tabletas electrónicas, idénticas, anodinas, intercambiables, funcionales a más no poder, puedan despertar ese placer táctil preñado de sensualidad que despiertan los libros de papel en ciertos lectores. Pero no es raro que en una época que tiene entre sus proezas haber acabado con el erotismo se esfume también ese hedonismo refinado que enriquecía el placer espiritual de la lectura con el físico de tocar y acariciar. 
Fuente: LA TERCERA

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