DEFENSA PERSONAL
18.12.11 - 01:34 - JUAN BONILLA |
La legislatura empezó alegre: nada mejor que una polémica jurídico-ideológica para animar esos corazones. Los independentistas vascos de Amaiur quieren grupo parlamentario propio, pero para ello necesitan un 15 por ciento de los votos en las circunscripciones donde concurrieron: en Navarra le faltan unas décimas, lo que nos lleva a una de las preguntas fundamentales de la existencia, una de esas preguntas que martirizaron mi adolescencia: ¿es un 4,5 un aprobado o es suspenso? Oficialmente es suspenso, pero había profesores que te pasaban la mano.a sabiendas de que es suspenso. Creyendo que eludían el caso, los independetistas decidieron que el escaño de Navarra no se presentase a la apertura de las Cortes, burdo truco que no les sirvió de nada. Hay que alabar, de todas formas, su espléndido sentido de la ironía: enviaron a ver al Rey a un balonmanista que fue compañero en la selección española de Urdangarín, como diciéndole a la Casa Real: mirad dónde estáis vosotros, y dónde nosotros.
La Mesa del Congreso rechazó que los independentistas formasen grupo propio. Tienen el reglamento a su favor: esas décimas de fiebre. Es una decisión política, dijeron los independentistas, que, en su derecho, han recurrido. Es una decisión jurídica, dicen los populares, contentos de que lo jurídico no les quite lo político por una vez. Seguro que antes o después los independentistas tendrán su grupo parlamentario, pero está bien que ellos, que tantas veces han utilizado los amplios márgenes de lo jurídico para hacer política, padezcan un poco de los amplios márgenes de la política para influir en lo jurídico. No deja de tener su gracia -soberana, por supuesto- que quienes retiran símbolos españoles de ayuntamientos que gobiernan, tensando al máximo lo que dicen los reglamentos, se vean ahora destensados por unas horas por la aplicación estricta de un reglamento.
Y con ese asunto hemos estado entretenidos en la semana de la formación de las nuevas cortes, lo que ha lanzado al conocimiento público, si es que el público tiene algún interés en tener conocimiento, las causas por las que interesa tanto a los partidos contar con grupo parlamentario propio: no sólo es por descongestionar el grupo Mixto, formado por los partidos que carecen de escaños suficientes para tener grupo propio, es fundamentalmente por el dinero. 28.000 euros al mes les damos a los partidos que tienen grupo propio. Aparte de eso, les damos 1.600 euros por cada escaño obtenido. Quiere decirse que por cada diez escaños, el Estado da 16.000 euros. Hagan cuentas y verán si la política es un negocio o no, y entenderán por qué razón los partidos con representación parlamentaria ponen toda clase de impedimento para que nuevos partidos puedan hacerse un hueco y lograr un escaño. Si hay empresas a las que parece irles bien en estos tiempos en los que a todos nos va mal, son precisamente las empresas políticas. Si quieren hacer negocio, no pongan un hotelito en zona rural, ni abran una librería en un centro urbano: funden un partido. Facturan como si fueran cadenas de hamburgueserías.
Para convencernos de que no es vano ni banal el gasto que hacemos en esas empresas formidables -que se han gastado una fortuna en la última campaña electoral, en plena crisis: haga cuentas teniendo en cuenta que un panel publicitario de carretera vale 6.000 euros- las Nuevas Cortes nos han dicho que en el año que entra enero será lectivo, quiere decirse que hasta ahora no lo era, o sea, que sus señorías tenían vacaciones hasta poco antes de los carnavales. Nos tranquiliza que vayan a trabajar en enero: por lo menos trabajará alguien en un país donde la tendencia viene siendo, ay, la contraria.
Se dirá que todo esto es demagogia. Seguramente, no lo niego. La cuestión de fondo es ¿por qué el Estado entrega a manos privadas -que los partidos políticos lo son- un dineral que no va a redundar en riqueza alguna para el Estado, pues con el dinero que se da a los partidos políticos estos van a sostener sus empresas ideológicas, no a hacer mayores servicios al propio Estado que les paga? Que sus señorías tengan sueldos decentes, es de sentido común, pero que a los partidos que representan -y nos representan- se les entregue un sueldo para que los dediquen a sus cosas -por eso tienen las sedes que tienen: no las pagan sus militantes, las pagamos todos- es el negocio del milenio. Pero de esto, naturalmente, no se ha hablado apenas en la semana de la apertura de las Cortes, porque se contaminaría el ambiente, aunque en datos como los mostrados se vea de lejos la respuesta a la pregunta que los políticos se hacen cada vez más a menudo: ¿por qué está tan desprestigiada la clase política? Así que no es que los independentistas vascos quieran tener una voz fuerte en el Parlamento con su 4,5 que quieren que se dé por aprobado: es por la lluvia de dinero que les cae encima si logran el favor político que la jurisprudencia imprudente les niega. No se trata de una polémica jurídico-política, como se ha dicho: es sólo una polémica jurídico-económica.
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