UNA HISTORIA BARCELONESA
El paseo de Gràcia acogió entre 1853 y 1872 el enorme parque de atracciones Els Camps Elisis
Martes, 6 de diciembre del 2011
Un libro de Ròmul Brotons relata la historia de los nueve espacios lúdicos de BCN
Martes, 6 de diciembre del 2011
CRISTINA SAVALL
BARCELONA La primera montaña rusa de Barcelona era de madera y se instaló en el paseo de Gràcia, que entre 1853 y 1872 acogió en lo que hoy queda delimitado por las calles de Llúria, Aragó, Rosselló y Diagonal, el parque de atracciones Els Camps Elisis, en honor a los aristocráticos Champs-Élysées de París. Ròmul Brotons, ilustrador, editor y autor de libros que rescatan la memoria cotidiana de los ancestros de Barcelona, revive las horas de esplendor de los nueve parques que ha acunado la capital catalana, de los cuales solo ha logrado sobrevivir el Tibidabo. Por el camino se han quedado las Atraccions Apolo, el Maricel Park, el Caspolino, Saturno Park, Turó Park, el Gran Casino de l'Arrabassada y el Parc d'Atraccions de Montjuïc.
«El Tibidabo se mantiene por cuestión sentimental. Es un icono de la ciudad, su silueta se vislumbra desde cualquier barrio y desde sus barandillas se contempla toda Barcelona», subraya Brotons, que acaba de publicar Parcs d'atraccions de Barcelona en la colección Orígens de la editorial Albertí. «Indago en los aspectos colaterales de la historia», dice. En sus inicios estos parques eran todo un acontecimiento social para el público adulto.
Els Camps Elisis fue un gran complejo lúdico diseñado por Josep Oriol Mestres. «Ocupaba seis hectáreas, unas ocho manzanas del futuro Eixample». El libro detalla que brotaban frondosos jardines cubiertos de flores, con avenidas, caminos con recodos, jaulas con exóticas aves, pérgolas, glorietas, estatuas y estanques. Había cafés, salas de baile y restaurantes. La joya, no obstante, era la gigantesca montaña rusa inspirada en las llamadas Promenades Aerienes inauguradas en París en 1817. «Era una experiencia no exenta de riesgo, aún no se había adoptado ninguna medida de seguridad. Por no tener, no tenía ni freno ni mecanismos para evitar un descarrilamiento».
Brotons bucea en las hemerotecas para transmitir las pasiones que causaba la montaña rusa entre la alta sociedad. «La delicada sílfide que no haya tomado asiento en uno de sus coches y probado su velocidad [50 km/h] no es heroína», publicaba El Correo de Barcelona en 1853.
En 1874, el complejo quedó reducido a un teatro, que terminó siendo demolido. «Hoy solo queda un humilde vestigio: el pasaje de Els Camps Elisis entre València y Mallorca».
No obstante, la montaña rusa más asombrosa de Barcelona se erigió medio siglo después en el Gran Casino de l'Arrabasada aprovechando la pendiente del terreno. «El entorno era bucólico», precisa Brotons, que dedica un capítulo a esta iniciativa impulsada por Josep Sabadell y empresarios franceses que decayó prematuramente. Historias curiosas también provienen de Saturno Park (1911-1926), en el parque de la Ciutadella y cuyo nombre hacía referencia al Luna Park, primer complejo lúdico moderno abierto en 1903 en Coney Island, cerca de Nueva York.
El Turó Park (1912-1927) nació cuando la Diagonal no estaba trazada. Disponía de un diminuto ferrocarril, pista de patinaje, y espacios para exposiciones. En 1913 acogió la primera edición del Saló de l'Automòbil.
«En los parques de atracciones la referencia fue París, hasta que llegaron los inventos mecánicos de los americanos». En este contexto, nació en 1966 el parque de Mont-juïc, fundado por un adinerado venezolano.
Fuente: elPeriódico.com
BARCELONA La primera montaña rusa de Barcelona era de madera y se instaló en el paseo de Gràcia, que entre 1853 y 1872 acogió en lo que hoy queda delimitado por las calles de Llúria, Aragó, Rosselló y Diagonal, el parque de atracciones Els Camps Elisis, en honor a los aristocráticos Champs-Élysées de París. Ròmul Brotons, ilustrador, editor y autor de libros que rescatan la memoria cotidiana de los ancestros de Barcelona, revive las horas de esplendor de los nueve parques que ha acunado la capital catalana, de los cuales solo ha logrado sobrevivir el Tibidabo. Por el camino se han quedado las Atraccions Apolo, el Maricel Park, el Caspolino, Saturno Park, Turó Park, el Gran Casino de l'Arrabassada y el Parc d'Atraccions de Montjuïc.
Acuático El estanque de la Ciutadella con las atracciones de Saturno Park. Abajo, publicidad del Witching Waves, en el Maricel Park. ARCHIVO |
Montjuïc 8 Obras en el parque de atracciones impulsado por Porcioles, que abrió al público en 1966. ARCHIVO / CARLOS PÉREZ DE ROZAS |
Montjuïc 8 Obras en el parque de atracciones impulsado por Porcioles, que abrió al público en 1966. ARCHIVO / CARLOS PÉREZ DE ROZAS |
Els Camps Elisis fue un gran complejo lúdico diseñado por Josep Oriol Mestres. «Ocupaba seis hectáreas, unas ocho manzanas del futuro Eixample». El libro detalla que brotaban frondosos jardines cubiertos de flores, con avenidas, caminos con recodos, jaulas con exóticas aves, pérgolas, glorietas, estatuas y estanques. Había cafés, salas de baile y restaurantes. La joya, no obstante, era la gigantesca montaña rusa inspirada en las llamadas Promenades Aerienes inauguradas en París en 1817. «Era una experiencia no exenta de riesgo, aún no se había adoptado ninguna medida de seguridad. Por no tener, no tenía ni freno ni mecanismos para evitar un descarrilamiento».
Brotons bucea en las hemerotecas para transmitir las pasiones que causaba la montaña rusa entre la alta sociedad. «La delicada sílfide que no haya tomado asiento en uno de sus coches y probado su velocidad [50 km/h] no es heroína», publicaba El Correo de Barcelona en 1853.
En 1874, el complejo quedó reducido a un teatro, que terminó siendo demolido. «Hoy solo queda un humilde vestigio: el pasaje de Els Camps Elisis entre València y Mallorca».
No obstante, la montaña rusa más asombrosa de Barcelona se erigió medio siglo después en el Gran Casino de l'Arrabasada aprovechando la pendiente del terreno. «El entorno era bucólico», precisa Brotons, que dedica un capítulo a esta iniciativa impulsada por Josep Sabadell y empresarios franceses que decayó prematuramente. Historias curiosas también provienen de Saturno Park (1911-1926), en el parque de la Ciutadella y cuyo nombre hacía referencia al Luna Park, primer complejo lúdico moderno abierto en 1903 en Coney Island, cerca de Nueva York.
París y EEUU, referentes
El Turó Park (1912-1927) nació cuando la Diagonal no estaba trazada. Disponía de un diminuto ferrocarril, pista de patinaje, y espacios para exposiciones. En 1913 acogió la primera edición del Saló de l'Automòbil.
«En los parques de atracciones la referencia fue París, hasta que llegaron los inventos mecánicos de los americanos». En este contexto, nació en 1966 el parque de Mont-juïc, fundado por un adinerado venezolano.
Fuente: elPeriódico.com
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