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sábado, 5 de noviembre de 2011

Mi voto por la imperfección


02 de Noviembre de 2011 | Ángela Becerra
Quién cuando se está dando a conocer a alguien que le interesa no ha desplegado un extenso y atractivo plumaje que muestra lo mejor de sí. Simpatía, inteligencia, educación, sensatez, sensibilidad, ilustración, comprensión, sonrisas, miradas y gestos a la altura de las circunstancias. Todos los atributos que demuestren que vales y eres fantástico. Cuestión de marketing.

El escaparate que llama la atención es la habilidad de enseñar en poco tiempo –a veces va de minutos o segundos lo que ofreces. Si la cosa va por buen camino, del primer contacto pasas a la repetición, pero ampliada. Más miradas, más historias por contar, más gustos y afinidades por descubrir, más confidencias y complementos. Y si sigue funcionando, se pasará a un nuevo estado que requiere dedicación y convencimiento: el peligroso estado de LA CONFIANZA.

La confianza, como su nombre lo indica, es un arma de doble filo: con, que quiere decir acompañado, y fianza, que quiere decir asegurar. En estos momentos de tanta incertidumbre, toca pedir que no nos vendan motos. Que los que, por descarte, tengan más probabilidades de llegar al poder, no carguen sus buches vendiéndonos películas que ni la 20th Century Fox se atrevería a producir. Que sean honestos y nos hablen de lo que pueden conseguir y lo que no. Que nos muestren primero sus debilidades antes que sus fortalezas. Que nos digan que no es fácil llegar a buen puerto, pero que remando con fuerza todo puede ser. Que se dejen de seducciones efímeras y opten por compromiso a largo plazo. Los ciudadanos no somos tontos.
Fuente: aDn.es

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