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jueves, 17 de noviembre de 2011

Los morros salvadores

16 / 11 / 2011 Alfonso Ussía
 
Pronto se dieron cuenta de que sus vidas corrían peligro por la mar, no por los grandes mamíferos acuáticos que los golpeaban, que los empujaban hacia tierra.

Sucedió en la bahía de Formentor, que es bahía de bahía, arco de mar de la bahía de Pollensa. El Mediterráneo juega malas pasadas, porque no es mar que avisa, como el Cantábrico o el Atlántico. Pasa del azul añil, al cobalto y de ahí al marengo enloquecido.

Sol, buen tiempo y el azul del mar añil. Dos niños que hacían windsurfing. Navegaban por el mar abierto, rumbo a la isla Colomers, ese formidable grito de roca del norte de Mallorca. De golpe el mar cambió, se levantó el terral, y los niños deportistas sucumbieron al miedo. No podían volver. Volcaron sus embarcaciones y se agarraron a las tablas que se dirigían mar adentro.

Uno de ellos gritó, aterrorizado. Había sentido el golpe de un gran pez en el culo. El otro experimentó la misma realidad segundos más tarde. Tiburones, pensaron. Mucha gente ignora que el Mediterráneo, de Malta a Sicilia, es lugar de cría del tiburón blanco. Otro golpe, otro grito, y más golpes y más gritos. Pero no eran tiburones. Se trataba de una pareja de delfines.

Pronto se dieron cuenta de que sus vidas corrían peligro por la mar, no por los grandes mamíferos acuáticos que los golpeaban, que los empujaban hacia tierra. Después de tres horas angustiosas, alcanzaron la costa de Formentor. Ya los buscaban sus padres y otras embarcaciones. Ahí estaban, sanos, salvos y con los traseros amoratados de golpes. Pero vivos. Cuando los delfines salvadores decidieron que habían cumplido con su deber, desaparecieron.

No se trata de un cuento ni de una leyenda. Allí ocurrió. Las cosas de la vida son así. Dos niños imprudentes se pierden en la mar, y dos delfines, a morrazos, los devuelven a la costa. Los niños tienen hoy más de 40 años, y en sus casas, como si se tratara del familiar más querido, tienen un marco de plata con la fotografía de un delfín. No está dedicada. Pero todas las mañanas, cuando se levantan para ir a sus trabajos, miran la foto y hablan con ella. “Buenos días, y muchas gracias “.

Siempre la imaginación superada por la realidad.
Fuente: tiempo

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