Las horas entre el 6 y el 7 de noviembre de 1986, cuando Ron Atkinson anunció su renuncia y el escocés fue presentado, marcaron el inicio de la era de un entrenador irrepetible y también un hito importante en la transformación del fútbol inglés.
Una evolución notable, tanto en el plano deportivo como el social.
En aquella época el deporte todavía estaba atrapado en una cultura alcohólica que entorpecía la consolidación del profesionalismo pleno.
Ferguson no fue el único técnico en combatir las tendencias parranderas de ciertos jugadores, pero fue el más enérgico, contratando detectives para seguir los pasos de los recalcitrantes.
Tampoco vaciló en interrumpir personalmente algunas juergas y terminó alejando del equipo a los irrecuperables, entre ellos los irlandeses Norman Whiteside y Paul McGrath.
El proceso llevó su tiempo, pero los éxitos deportivos posteriores fueron reconocidos por otros técnicos y directivos, y esta acción en común aceleró la introducción de una disciplina más profesional.
Sir Alex Ferguson al ser nombrado entrenador del Manchester United (Foto de archivo, del 7/11/86)
El propio Ferguson destacó en su autobiografía este aspecto de su trayectoria: es más difícil cambiar la mentalidad social de un deportista que su dieta, técnica, movimientos tácticos, etc.
Y la bebida, en particular la cerveza, ha sido un referente básico en la historia social y cultural de los pueblos de las Islas Británicas.
En la Edad Media, una cerveza débil, llamada small ale, era un producto básico, ya que alimentaba e hidrataba al mismo tiempo, en una época en que el agua solía estar contaminada.
El nivel de alcohol era bajo, con una función preservativa pero sin llegar a intoxicar. En las juergas corría la strong ale, con más alcohol.
Lo importante es que, en aquella época, hasta los niños de familias pobres se alimentaban con pan y ale, porque el agua podía matarlos.
La evolución social conservó este vínculo natural entre la cerveza y la alimentación o recreación, particularmente entre la clase obrera.
Esta relación explica también el papel social de los pubs, los bares tradicionales, donde se iba a beber, sí, pero también a conversar.
Y así fue que, en muchos pueblos y ciudades, el pub y el club deportivo fueron, para muchos, instituciones con un valor social equivalente a la escuela y la iglesia de "los otros".
Cabe señalar que en la época en que Ferguson llegó al Manchester United, el fútbol tenía muy mala imagen en la clase media, que repudiaba la violencia de "vándalos alcoholizados" en las tribunas.
O sea que, entre otras cosas, el trabajo de Alex Ferguson ha tenido algún efecto, por modesto que sea, en la elevación social del fútbol, o si esto suena elitista, en su aceptación por toda la sociedad.
Se ha dicho que su contratación en 1986 fue una "apuesta arriesgada" y que estuvieron a punto de echarlo varias veces, hasta que en la temporada 1992-93 el equipo ganó su primer título de liga en 26 años, desde la época de otro Sir Alex escocés, el celebérrimo "Matt" Busby (su verdadero nombre era Alexander Matthew Busby).
Lo cierto es que, en aquella época, el fútbol inglés y el escocés tenían niveles mucho más próximos que ahora, y además el trabajo de Ferguson, que con su Aberdeen puso fin (momentáneamente) a la "eterna" hegemonía del Rangers y el Celtic, le daba un prestigio equivalente al de Terry Venables, que había ganado la liga española con el Barcelona. De modo que el escocés era un candidato sólido.
Martin Edwards, entonces presidente y ahora presidente honorario del club, asegura que en ningún momento se pensó en despedirlo, porque si bien no llegaban los títulos, "apreciábamos el valor de su trabajo en el desarrollo de jugadores jóvenes y la identificación y contratación de futbolistas de otros clubes".
De este trabajo de preparación surgieron, claro, figuras como Eric Cantona (comprado por menos de dos millones de dólares al Leeds), Peter Schmeichel (menos de un millón) y Ryan Giggs.
Se puede creer o no a Edwards, a quien le conviene destacar su propia sabiduría en contratar y confiar en alguien tan exitoso, pero lo cierto es en aquella época era posible mantener a técnicos que hacían un trabajo decente, aunque no ganaran títulos.
Y conviene recordar que entonces el United estaba acostumbrado a las decepciones, ya que llevaba otro cuarto de siglo de vacas flacas.
El encuentro del sábado no estuvo a la altura del aniversario: lo único realmente memorable fue la imposición del nombre del homenajeado a la tribuna principal del estadio de Old Trafford.
El partido, ante un Sunderland dirigido por Steve Bruce, ex jugador de Ferguson, terminó con la victoria deslucida del equipo local por 1-0, un autogol cedido por otro ex diablo rojo, Wes Brown; fue un lance del juego, por supuesto, pero esto subraya otra característica de Ferguson: la buena suerte que suele acompañar al buen trabajo.
El Blog de Lalo
Fuente: BBC
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