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lunes, 28 de noviembre de 2011

La guerra sectaria vuelve a Yemen

INTERNACIONAL 

Combates entre chiíes y salafistas en el norte provocan 32 muertos en dos días mientras el presidente saliente anuncia una amnistía

28.11.11 - 00:11 - MIKEL AYESTARAN | EL CAIRO.

Consumado el adiós de Alí Abdulá Saleh tras 33 años en el poder, las guerras internas vuelven a primera línea en Yemen. Al menos 32 personas perdieron la vida y decenas más resultaron heridas en las últimas 48 horas, según el Ministerio de Defensa yemení, en los combates entre milicianos chiíes Houthi y salafistas (corriente reformista dentro del sunismo que impera en el país) en la provincia norteña de Sada, fronteriza con Arabia Saudí. Durante los diez meses de revolución, parecía que la paz había llegado a una zona que ha vivido en guerra abierta con el Gobierno central durante numerosos y largos años.

Los problemas sectarios entre suníes radicales y chiíes quedaron zanjados de forma temporal tras una tregua alcanzada recientemente por ambas partes, pero los combates volvieron a estallar el sábado, justo cuando el resto del país disfruta del inicio de una nueva era y solo piensa en las elecciones fijadas para el próximo 21 de febrero. El portavoz salafista, Abu Ismail, denunció el ataque de la milicia Houthi contra la aldea de Damaj, 150 kilómetros al norte de la capital, y dio por roto el alto el fuego.

Esta guerra sectaria es una herencia envenenada que deja Saleh a los nuevos mandatarios, que también deberán responder a las ansias separatistas de las provincias del sur y hacer frente a la amenaza permanente de Al-Qaida en la Península Arábiga. Hasta el estallido revolucionario, a nivel doméstico era la guerra en la montañosa frontera con Arabia Saudí la que centraba la atención de los yemeníes por encima de todo.

El zaidismo es una rama de la secta chií del islam que solo se encuentra en Yemen, y el Houthi es la milicia zaidí que desde 2004 ha librado seis guerras con el Gobierno de Saná, «una guerrilla inspirada en Hezbolá que lucha por la defensa de los derechos y la libertad de culto chií en un país bajo control salafista», explicaba a este periódico el analista Sadam Al- Asmouri en un viaje reciente a Saná.

Saleh no se quiere marchar 

Pese a su renuncia al cargo a cambio de inmunidad del pasado miércoles, Saleh parece querer seguir gobernando y por ello decretó una amnistía para aquéllos que cometieron «locuras durante la crisis», en alusión a la revuelta contra su régimen. Este indulto, publicado por la agencia oficial de noticias yemení Saba, anunciado después en una intervención televisada por el propio dirigente saliente y criticado por los opositores, que ya no reconocen a Saleh como presidente, excluye a los implicados en crímenes y en el atentado contra el palacio presidencial de Saná en el que el mandatario resultó gravemente herido.

La transición está en marcha y por eso el nuevo hombre fuerte, el vicepresidente, Abd-Rabbu Mansur Hadi, cumplió con la hoja de ruta prevista y nombró a Mohamed Basindwa, líder de la principal coalición opositora, el Consejo Nacional, primer ministro interino del país. El nuevo Yemen quiere incluir a todas las fuerzas políticas para dejar atrás tres décadas de monopartidismo. 
Fuente: HOY.es

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