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jueves, 17 de noviembre de 2011

Asturias: Votantes de última hora

Las claves del 20-N en Asturias







ÓSCAR R. BUZNEGO Publicadas las últimas encuestas, los electores hacen apresuradamente una composición de lugar que les ayude a tomar la decisión definitiva. Disponen para ello hasta la tarde del domingo, antes de que las urnas se cierren y sean contados los votos depositados en su interior. Con los datos que ahora tienen y sus motivaciones, unos optarán por votar y otros por abstenerse, unos serán fieles a unas siglas, otros cambiarán su voto. Harán lo que les dicten sus impulsos, sus vínculos o sus cálculos. En el tramo final de la campaña es llegado el momento para los electores indecisos, una parte de los cuales pondrá en juego el voto estratégico, invocado por casi todos los partidos, que se emite teniendo más en cuenta su utilidad y sus consecuencias que la lealtad ideológica.

La mayoría de los electores votará a su partido de siempre. Ellos no necesitan meditar la decisión: la tienen tomada de antemano y no la cambiarán, cualesquiera sean las circunstancias. Es la razón de que los grandes partidos continúen siendo los más votados después de cada convocatoria. Pero el reparto de los últimos escaños depende de lo que decidan en estos días los electores dubitativos. Estos ocupan en la arena electoral asturiana dos franjas que pueden delimitarse con precisión. En una encontramos a los votantes de centroderecha, que, después de lo ocurrido en las autonómicas de mayo, dudan entre votar a Foro o al PP.

En la otra se reúnen los votantes socialistas más disconformes con su partido y con el Gobierno, que se plantean la alternativa de no votar o votar a otros partidos, sobre todo a IU o a UPyD.

Asturias podría ser una de las pocas circunscripciones donde el PP no ganara las elecciones. Bastaría con que se repitieran los resultados de las autonómicas de mayo. Entonces, Foro le arrebató más de la mitad de los votos que había obtenido en las generales de 2008. Para ganar el próximo domingo, el PP, además de conquistar el apoyo de jóvenes que votarán por primera vez y de movilizar a una parte de los abstencionistas, tendrá que recuperar un buen número de los votos perdidos en aquella ocasión, porque al contrario que en el resto de España, donde se estima que será respaldado por más de un millón de votantes socialistas, en Asturias sólo le serán transferidos votos desde Foro. El crecimiento electoral del PP será a costa del partido de Álvarez-Cascos, porque no debe olvidarse que los electores de ambos partidos en su mayor parte tienen un origen común, comparten orientaciones ideológicas y manifiestan las mismas actitudes y opiniones políticas. La diferencia estriba en que el PP es claro favorito para dirigir el Gobierno de la nación y disputa al PSOE la primacía en Asturias, en tanto que Foro, según varios estudios recientes, lucha por un asiento en el Congreso y sobrevivir durante un tiempo.

Al inicio de la campaña, entre un tercio y la mitad de los votantes de Foro se mostraba dispuesto a mantener su voto. Otro tercio estaba inclinado a dar su apoyo al PP y el tercio restante, a la espera de acontecimientos para aclarar su criterio, no sabía qué hacer. En la arena electoral están los partidos que lucharon por el voto en mayo, pero las circunstancias son muy diferentes. La competición es nacional, la economía es el único asunto que interesa ahora a los electores, Álvarez-Cascos no es candidato y Foro ha perdido la fuerza de atracción que lo catapultó en mayo. Su discurso político y la acción del Gobierno autonómico, las palabras y los hechos, chocan con demasiada frecuencia. La reacción de los asturianos a la actuación de Foro en estos meses es, cuando menos, tibia. Los electores desean acuerdos políticos para superar los problemas económicos y Foro rehúsa el diálogo. Es como si circulara por una vía paralela, en solitario y con rumbo fijo pero desconocido. Es probable, por todo ello, que el flujo de votos de Foro hacia el PP adquiera mayor densidad a medida que avanza la campaña.

Si el PSOE consiguiera retener a sus votantes más contrariados, los que le dejaron caer hasta el 30% en mayo, tendría posibilidades de ganar las elecciones en Asturias. Pero estos votantes han abierto una brecha importante con el partido y están dispuestos a retirarle el apoyo y abandonarlo a su suerte. Consciente de la dificultad, el PSOE está realizando un gran esfuerzo para evitar una derrota de similares proporciones a la cosechada en el año 2000. Ha reducido su discurso a la defensa del Estado de bienestar y a advertir del daño que las políticas del PP causarían a sus bases electorales, pero no parece que éste haya sido estímulo suficiente para conmover a los más desconfiados. Una parte se abstendrá, facilitando la victoria al PP, y otra ayudará a IU a obtener un escaño.

La primera duda que los electores indecisos deben despejar afecta al hecho elemental de votar. Las previsiones apuntan a una concurrencia ante las urnas ligeramente inferior a la registrada en 2008. La participación alimenta las expectativas del PSOE y del PP de alcanzar el cuarto escaño. La abstención acercaría a Foro e IU a sus objetivos. Aún hay electores que tienen pendiente una conversación consigo mismos. Mientras, pululan con sus dudas por las bandas derecha e izquierda de la palestra electoral.
Fuente: lne.es

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