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domingo, 23 de octubre de 2011

Juan Cueto: «La cultura no puede reducirse a una cosa simple, tiene que poner en solfa la complejidad del mundo»

Asturias

Juan Cueto. El escritor y periodista, fundador de ‘Los Cuadernos del Norte’, analiza en esta entrevista el estado de la cuestión cultural en Asturias
 
Juan Cueto posa para la cámara en actitud reflexiva en pleno Muro de San Loreno. Pablo lorenzana
Juan Cueto posa para la cámara en actitud reflexiva en pleno Muro de San Loreno. Pablo lorenzana

23/10/2011 08:13 /
En tiempos de incertidumbre siempre es bueno acudir a las voces autorizadas, y la de Juan Cueto (Oviedo, 1942) es una de las que con más conocimiento de causa pueden opinar acerca de la cultura y sus márgenes. Fundador de Los Cuadernos del Norte y responsable de la implantación de Canal + en España e Italia, ha recopilado este mismo año una pequeña parte de sus ensayos y artículos Cuando Madrid hizo pop (Trea) y permanece atento a los cambios en el paisaje político y cultural que le rodea, por más que su firma haya desaparecido de los periódicos y disfrute ahora de una vida sosegada y contemplativa, muy alejada de aquella que mantuvo cuando sus obligaciones le obligaban a subirse a varios aviones cada semana. Sentado en una cafetería del Muro y mientras degusta el primer café de la mañana, conversa con LA VOZ acerca de las políticas culturales que se están llevando a cabo en Asturias y plantea su opinión acerca de por dónde deberían ir los tiros.

¿De qué hablamos cuando hablamos de cultura? Cuando hablamos de cultura, actualmente, hablamos de un interés de la nueva economía. La cultura actual está relacionada con la cultura de la innovación. La cultura entendida como un cúmulo de actividades culturales ya pasó a otra dimensión y hoy en día es mucho más. Ahora la cultura tiene que ver con la innovación, con la tecnología, con las nuevas perspectivas y, sobre todo, con el nuevo conocimiento. Y el nuevo conocimiento, como todo el mundo sabe, supone una inversión. La cultura no se puede dejar de lado en absoluto, es un eje fundamental de las nuevas políticas de acción. Y además, el tener las ideas claras en el mundo de las políticas culturales supone tenerlas también claras en todos los demás ámbitos de la política. Lo que estoy viendo es que las políticas culturales de ahora suelen tratar a la cultura como una especie de desiderata de otras cosas.

¿A qué se refiere? A lo que estamos viendo en el caso de Foro Asturias. Yo no sé cuál es su idea política ni su idea cultural. Lo que sé exactamente es a qué se oponen. Y por lo que veo, están en contra de los pocos asuntos que apostaban aquí por la innovación y la cultura entendida en un sentido moderno. Por ejemplo, lo primero que hicieron fue atacar la Semana Negra; después, sin transición, cargaron contra el Niemeyer, una cosa que no se puede explicar, entrando allí como un elefante en una cacharrería, con todo lo que eso significa, porque ante todo el Niemeyer es un aspecto muy importante de esa nueva cultura de la que hablaba; y ahora vemos que tampoco están defendiendo como debieran LABoral Centro de Arte.

¿Hasta ahora Asturias tenía claro cuál era el tipo de cultura por el que había que apostar? Hasta ahora, sí. LABoral era un elemento importante de esa cultura de la innovación y el conocimiento; el Niemeyer, indudablemente, lo es; y la Semana Negra, a su manera, también, en el aspecto más divertido y lúdico. Y otro elemento más que probablemente se terminen cargando es el Festival de Cine. Al menos no veo que lo apoyen demasiado. Si analizas todos estos aspectos que ha enfocado el partido de Álvarez-Cascos, se puede ver muy a las claras la idea contra la que está luchando.

El Festival de Cine, por cierto, celebrará su 49ª edición dentro de unas semanas.

Me preocupa porque no veo mucho entusiasmo hacia él por parte de los responsables municipales, y el Festival de Cine encarna muy bien esa forma de la que yo creo que hay que encarar la cultura. No trata al cine desde una perspectiva puramente lúdica, no lo ve como un simple divertimento. El festival de Gijón tiene esa vocación de abrir caminos, de tender puentes, de establecer contactos entre corrientes que en principio están alejadas entre sí, que es la que debería prevalecer en la cultura de hoy en día. Noto cierta ambigüedad en el ayuntamiento con el tema, y eso no me resulta nada tranquilizador.

Todos los elementos que ha citado hasta ahora -Semana Negra, Niemeyer, LABoral, Festival de Cine- son muy definitorios de una cierta manera de entender la cultura que no parece estar muy acorde con los intereses de Foro Asturias.

Eso demuestra qué idea tiene esta gente de la cultura, la de algo prescindible que sólo tiene que ver con esas actividades culturales de las que hablábamos antes. Todo esto lo hacen por un odio hacia lo que ellos consideran despectivamente cultura progre , un modelo al que no le dan importancia pero que es, sin embargo, el que nos termina conectando con la modernidad. Ellos defienden una idea de cultura que está reñida con la idea de conocimiento. Piensan que la cultura puede reducirse a leer poemas, pero la cultura ya pasó hace tiempo a otra fase mucho más avanada que eso. Insisto: hacer cultura es innovar. Ellos siguen una idea vieja que tiene que ver con las famosas dos culturas del siglo pasado: la buena es la que tiene que ver con las letras, y la mala es la relacionada con las ciencias, las nuevas tecnologías y el conocimiento.

Cuando fundó ‘ Los Cuadernos del Norte’, una de las características que definían a la revista era su vocación de mirar al exterior desde el interior, de incorporar a España al mundo sin descuidar lo propio.

Ésa es la idea de cultura que hay que marcar, sobre todo si se tiene en cuenta que España no es un país puntero en el ámbito de la cultura, o que por lo menos tiene mucho que aprender. Es importante estar abiertos, y creo que estos modelos que quiere poner en marcha esta gente no tienen nada que ver con ningún tipo de cultura exportable.

Por sus declaraciones, los distintos responsables culturales de Foro Asturias dan, en muchos casos, la impresión de estar buscando un modelo involutivo: una reivindicación absoluta de lo propio y un cierto desprecio de lo ajeno.

Sí. Es una idea de cultura absolutamente obsoleta que consiste en primar lo local exclusivamente sobre lo foráneo, por muy interesante que sea esto último. Estamos en un mundo globalizado, de eso no cabe ninguna duda, y lo que hay que hacer es una cultura global y local, porque las nuevas culturas del globo tienen que ver con esos nuevos conocimientos que hay que reivindicar.

Hace unos meses, cuando le concedieron la Sardina de Oro de la asociación Sabugo, ¡tente firme!, declaró que el Niemeyer era el paradigma que Asturias tenía que seguir en el ámbito cultural, un hito que marcaba el rumbo que habrían de tomar los tiempos.

Sí, y sigo pensándolo. No es posible que haya una fobia tan grande al Niemeyer. El Centro Cultural representa la unión de lo global y lo local, simbolizada perfectamente en el diseño del arquitecto brasileño. Pensé que los de Foro respetarían, al menos, lo que respeta el resto del mundo, y que en este caso es tanto el Centro Niemeyer como el propio Niemeyer, que al diseñar el edificio quería compaginar todas las facetas de la cultura, lo que se ve muy claramente en esa plaza central que simboliza un punto de encuentro. Ahora quieren cargarse todo eso con unos criterios que no acabo de entender, porque tienen que ver con una idea de cultura muy antigua. Están aplicando una plantilla que tal vez se pueda usar en el Museo de Bellas Artes, y tengo mis dudas al respecto, pero que no encaja con el tipo de cultura que se intenta fomentar en estos tiempos. La prueba es que, como recordó Natalio Grueso, hay más visitantes en el Niemeyer que en el Bellas Artes.

Usted fue uno de los artífices de LABoral, un equipamiento sobre el que, pese a las buenas palabras, tampoco terminan de estar claras las cosas… Para mí LABoral era un invento que procedía de ese tipo de cultura nueva que se está dando en todo el mundo. Realmente fue dificilísimo ponerlo en marcha porque era un modelo muy complicado, pero poco a poco se fue consiguiendo que cuajase. Ahora no entiendo las zancadillas que se le están poniendo. Lo que deduzco es que es un modelo cultural que molesta. Y, por lo que veo, me da la impresión de que tampoco apasiona, porque no noto que hayan salido muchas voces en su defensa.

Teniendo en cuenta los aspectos que hemos venido tratando en esta conversación, ¿puede decirse que el gobierno de Álvarez-Cascos tiene un modelo cultural definido o que, al menos, ha detallado un punto de destino? Tiene un modelo cultural definido, pero de signo negativo, que consiste únicamente en no hacer lo que se hizo en el pasado. Pretenden hacer tabla rasa porque no les interesa nada de lo que se fue construyendo, como hemos dicho antes. Sabemos lo que no quieren, pero no se sabe lo que quieren, salvo que lo que se quiera sea fomentar la cultura celta o el folclore de raíces autóctonas duras y puras.

El famoso debate entre Shakespeare y la madreña, como se ha resumido irónicamente el contenido de la primera comparecencia parlamentaria de Emilio Marcos Vallaure, el actual consejero de Cultura.

Eso es.

Precisamente, usted fue muy crítico con esa comparecencia en la que Vallaure criticó, con una dureza inusitada en un cargo público, la programación del Niemeyer y la gestión económica y cultural del centro.

Vallaure es un clariso ; es decir, en su día formó parte de aquel grupo de intelectuales que lideró Joaquín Manzanares y que se oponía al derribo del antiguo convento de las clarisas, en Oviedo, para construir en su lugar la nueva Delegación de Hacienda. Ese espíritu de entonces es el que ha mantenido siempre, y no se puede entender su comparecencia en el Parlamento si no se tiene en cuenta esa procedencia. Vallaure reduce toda la cultura al patrimonio y eso no es así, aunque el patrimonio esté muy bien. Todos queremos mucho al Prerrománico y estamos de acuerdo en mantenerlo, pero es que lo que hay que hacer con el Prerrománico es únicamente eso: evitar que se caiga. Lo que no se puede hacer es limitarse exclusivamente a eso porque el modelo cultural del Prerrománico era válido para el siglo IX, pero es evidente que se ha quedado obsoleto en el XXI.

Toda esa retórica hace que, en ocasiones, dé la impresión de que estamos volviendo a aquel regionalismo que surgió en la década de los setenta del siglo pasado...

Es una vuelta a los setenta, sí, pero sin haber pasado por el siglo XX.

¿Qué modelo cultural es el que debería aplicarse? Uno que apueste por la cultura de la complejidad. La cultura en ningún momento fue una cosa simple, y ahora mismo lo es menos que nunca. El mundo cada vez es más complejo, y el problema viene cuando se promueve un tipo de cultura simplona que no pone en solfa el modelo dominante. La cultura tiene que ver con la complejidad actual, y esa complejidad no entiende de masas o de minorías, sino de mezcla. De ahí el auge que ha cobrado todo lo llamado multicultural, ese ámbito en el que no hay fronteras entre las letras y las ciencias ni entre los eruditos y los que no lo son. La nueva cultura tiene que triturar todas las fronteras.

Teniendo en cuenta sus opiniones acerca de lo que debería ser un modelo cultural solvente y lo que parece que se nos viene encima, ¿está preocupado? Pues sí. Para qué te voy a engañar.
 Fuente: La Voz de Asturias

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