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viernes, 2 de septiembre de 2011

Opinión: Cuando hablar de fútbol es lo de menos

La Columna de Ivar Matusevich repasa los primeros compases de la Liga Española y recuerda la necesidad de comprender primero para luego intentar formarse una opinión.

Spain Sergio Ramos (Abolfazl Aman)

Cuando Sergio Ramos opina...

Cuando uno escucha hablar a Sergio Ramos, el paisaje se vuelve taciturno, las grietas de las cavernas profundizan sus abismos y el fútbol español se transforma en un cortijo defendido por el sicario lego de turno.

Todo en un breve y superficial comentario de taberna expuesto por el defensa del Real Madrid con la soltura de los inconscientes y el desparpajo de los que aún no han recibido las clases pertinentes de señorío, saber estar y tolerancia.

No nos sorprende. El señor Ramos ya intentó burlarse de Gerard Piqué y del idioma catalán en una rueda de prensa de la selección española. Entonces se le recomendó –a Ramos- una breve lectura de la Constitución y memorizarse qué es eso que llamamos España y español –como lengua, no como gentilicio-.

Perdimos el tiempo y la intromisión en el mundo de los improperios continuó -¿o precedió?- con un ¡Arriba España!  –no confundir con el legítimo ¡Viva España!-, canto de guerra empleado durante aquellos tiempos en donde la vida de las víctimas era rifada por la sed de sangre de sus verdugos.


Pues bien. La última boutade de Sergio Ramos, sí, el mismo del que Mourinho preguntó ¿”éste es campeón del mundo?”, en clara referencia a su escaso rigor táctico, saltó con los tacos de punta y en un escape hacia la nada, respondió a las críticas de José María del Nido acerca de la falta de competitividad de la Liga: "nuestra liga no es la mayor porquería de Europa, sino del mundo", espetó el mandatario sevillista.

¿Y con qué nos enriqueció uno de los capitanes del Real Madrid, ex Sevilla, por cierto?: "Si no le gusta esta liga que se busque otra". Con una simpleza que supera lo insultante y erigido en comunicador y referente verbal no ya de su equipo sino de la Selección, Ramos cerró la discusión como si de su cortijo, estancia, hacienda o parcela recalificada, se tratara. ¿A quién le ganaste? dirían en Argentina.

Sergio Ramos no debería ni siquiera opinar de un tema que desconoce, como otros tantos, y que tiene al fútbol español sumido en una crisis que, por irresuelta, puede convertirse en terminal. El espectáculo es de todos y cada uno de los equipos que juegan la Liga y sí, nos resulta preocupante la tremenda diferencia existente entre los dos grandes –con modelos antagónicos- y el resto. Sería bueno que Ramos lo entienda.

La superioridad del Barça y del Real Madrid


Pep Guardiola es el mejor entrenador de cuantos tenga memoria. Hace jugar, convence y nos enriquece con variantes nunca repetidas. Esta vez tocó el conocido 3-4-3 y el  Barcelona impuso su ley desde el compromiso con el balón e invitando a su rival, en este caso el Villarreal, a observar atónito la puesta en escena. Fue tal el repaso estilístico y conceptual de los de Guardiola y sus siete canteranos titulares, que nos dio la sensación de estar ante un desfile de pases, movimientos, sociedades y verticalidad. Este equipo cada día juega mejor, gane, pierda o empate.


Por su parte, el equipo de José Mourinho también empezó con todo. Se esperaba lo que ocurrió y cuando un juego se vuelve predecible resulta peligroso. El Real Madrid apretó, machacó y no tuvo piedad de un rival timorato y que, gracias a Javier Aguirre, entiende muy poco de grandezas. A pesar de ello, el conjunto merengue es de temer y como dijo Mesut Özil, parece estar cerca de su real objetivo: “estar a la altura del Barcelona”. Sobran los comentarios.

¿Y La Otra Liga?

Hace mucho tiempo que no podíamos analizar al Atlético de Madrid desde otra óptica que no fuera el resultado. Sin embargo, y más allá del empate ante Osasuna, el equipo de Gregorio Manzano jugó decididamente bien, con una idea clara y la intención loable de tocar en todos los sectores del campo. Gracias a las llegadas de Diego y Falcao, si nada cambia, estaremos ante un muy buen conjunto, teniendo en cuenta su objetivo: ser tercero o cuarto.


El Valencia, por su parte y con Emery en el banquillo, es capaz de recorrer todos los estados anímicos existentes. En noventa minutos el entrenador pasa de ser cesado a convertirse en héroe, pero no nos engañemos: Soldado le salvó el pellejo cuando todo hacía presagiar que el Racing iba a dar la sorpresa. Unai Emery pasó la prueba pero lo están esperando.


El Sevilla no sorprendió al Málaga sino que ganó el que lleva más tiempo trabajando y sabiendo lo que es jugar en la parte alta de la tabla. En este sentido, y aunque sin las rimbombancias del dinero dulce, Negredo se encargó de hundir el barco malacitano que aún no zarpó. Lo tendrán difícil porque jugar bien es mucho más complejo que comprar jugadores.


El último párrafo se lo dedicaremos al siempre querido Betis. Con esfuerzo, humildad, afán de superación y mucho sufrimiento, los de Pepe Mel consiguieron tres puntos importantísimos para la fe del grupo y su pelea por la salvación. Si los verdiblancos consiguen rápidamente un colchón de puntos importante, pueden soñar con algo más que no bajar. La tranquilidad y la paciencia, como siempre, las mejores consejeras.


Conclusión
Una temporada más asistiremos al paseo humillante –para 18 equipos- de los gigantes. Dos clubes demasiado poderosos para el mercado doméstico y, por supuesto, también en el ámbito continental.

Y es sólo ese argumento el que mantiene en el vilo de la duda a nuestros dirigentes. ¿Es la Liga mediocre o son demasiado buenos Barça y Madrid?, se preguntan mientras otean un horizonte negro. La respuesta no la tienen y no parece que vayan a encontrarla en los próximos meses.

Mientras ellos se lo cuestionan -o no-, la realidad expone más y más nuestras miserias: tenemos pies de barro en los que se sustenta el prestigio de dos inmensidades que, tarde o temprano, necesitarán del grupo para intentar una escalada a la que ya no podrán vencer. ¿Cuándo ocurrirá? Las generaciones doradas no son eternas y el tiempo corre en nuestra contra.

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