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lunes, 22 de agosto de 2011

La Isla del Lector: Trascendencia internacional de Pedro Gómez Valderrama

Posted by Libros y Letras on miércoles, agosto 17, 2011

Por: Ramiro Lagos/ III Parte. A tal renombre llegó Gómez Valderrama entre los escritores españoles, que alguna vez el poeta José Hierro me preguntó: “!Coño Ramiro! ¿Que tal es ese Embajador vuestro, autor de esa obra que acabo de leer titulada La otra raya del tigre? Pues, mira, Pepe, lo mejor es que le conozcas. Te lo voy a presentar, pero un escritor que ha escrito Los ojos del burgués, no se si te va a ti que has escrito poesía antiburguesa “!Joder!” responde Pepe, con sus “tacos“ de siempre, “lo importante es que tenga ojos de buen amigo colombiano como Cote Lamus”. Desde luego los tiene, le respondí. ¿Pero, qué? Es que para ti quizás te resulte muy solemne, pues por su corpulencia y basten, parece serlo. Mira Ramiro: esa solemnidad diplomática, si la tuviese, con un par de Riojas y “tacos” de los míos, se va a tomar por el saco. Y así fue, porque los dos Gómez Valderrma y el futuro Premio Cervantes departieron un ágape cordial, y taco viene y sonrisa va, ambos se pudieron entender dentro de la amenidad del diálogo sin que Gómez Valderrama se sorprendiese de las expresiones “barriobajeras” puestas de moda por Camilo José Cela, ya que en el Quijote (eso lo sabía muy bien el escritor colombiano), el “taco” era parte del leguaje popular de España. La cita se hizo en el conocido tertuliadero del Cafe Gijón, donde los dos escritores, Gómez Valderrama, de Santander, Colombia, y Pepe Hierro de Santander, España, terminaron hablado el leguaje de la amistad sin que el “taco” en presencia de nuestras señoras, fuese del todo parte del plato del dia, sino el vino lírico de Berceo con que se motivó el recuerdo de otros amigos comunes como Eduardo Cote Lamus, Rafael Gutiérrez Girardot y Hernando Valencia Goerkel. Desde entonces Pepe Hierro entró a formar parte de lo que Gómez Valderrama llamaba “Mi gente”. Lo escuché en la Embajada de Colombia, de sus labios: “Mi gente” se cultivó en las letras de Europa y con mi gente fundamos y difundimos la revista Mito”. Agréguense los nombres de Jorge Eliécer Ruiz y Jorge Gaitán Durán con los advenedizos de los “cuadernícolas” Fernando Charry Lara, Fernando Arbeláez y quizás Cobo Borda de la revista Eco, y “mi gente”, a decir de Gómez Valderrma era mi familia literaria, élite del pensamiento y de la lírica de su generación lustrosa.

Saltando de la anécdota, al prestigio de Gómez Valderrama en otras latitudes, huelga decir que este prestigio no se mantuvo sólo en España, sino que pasó al ámbito académico estadounidense, donde el profesor y poeta chileno de la Universidad de Georgia en Athens, Luis Correa Díaz sorprendió al campus universitario con una obra de gran envergadura, titulada Una historia apócrifa de América. El arte de la conjetura de Pedro Gómez Valderrama. Básase el crítico chileno en cuatro relatos-ensayos del escritor colombiano, a saber: “!Tierra...!”, “En un lugar de las indias”, en Corpus Iuris Civilis” y en “Las muertes apócrifas” de Pinochet, para ahondar en la trascendencia que la investigación depara con dichos textos ensayísticos enmarcados dentro del género narrativo ficcional. Con referencia al cuento de el re-descubrimiento de América, “!Tierra!..”, dice el investigador chileno que es uno de los textos, a excepción de La otra raya del tigre más difundido desde que se publicó por primera vez en la revista Mito en 1960, habiendo sido traducido al sueco, al francés y al alemán. La trascendencia histórica de todos lo cuentos tiene que ver en su orden con el Descubrimiento de América (final Siglo XV), con Cervantes y la Colonia (siglos XVI y XVII). También con Andrés Bello en su época de post-independencia (siglo XIX) y finalmente con la nefanda figura de Pinochet, las dictaduras y la Libertad (Siglo XX).

El crítico resalta la intención reelaboradora e interpretativa de la historia en la que se ha empeñado el escritor Gómez Valderrama, teniendo en cuenta que “la historia se redescribe siempre” y “la literatura tiene la posibilidad, sobre todo en el espacio de lo no dicho con las luces de la ficción- de una ficción que se propone como conjetura histórica”.

Resumiendo con el crítico el itinerario literario e histórico que recorre Gómez Valderrama para lograr su gran obra, sustentada al alcance de su visión global, tan sólo basta ir recorriendo con el autor episodio tras episodio, relato tras relato iluminados éstos de observaciones, y así, percatarse de su intencionalidad y re-descubrimientos conjeturados. Obsérvese, pues, que el primer relato americanista ,”!Tierra..!”,escrito en 1959, es un re-descubrimiento ficcional de la cultura mestiza; es, dice el critico, “una metáfora del mestizaje biológico (y sexual) americano..”Puede ser visto como una entrada apócrifa (y amotinada) al Diario de Cristóbal Colón”.

El segundo relato “En un lugar de la Indias” el autor se mete en el mundo de Cervantes y del Quijote imaginado dentro de tierras de América. Fue un cuento escrito en 1970. Recoge ante la realidad, “las intenciones e ilusiones frustradas y la carta de aquel 1590”, llegándose a la “cópula literaria e histórica entre la novela de caballería - la que por ser en este caso quijotesca trae en si la novela picaresca incorporada- y la crónica de Indias”.

El tercer relato “Corus Iuris Civilis”, fue escrito en 1974 con referencia a don Andrés Bello y a la post-independencia americana. Es como un tributo a la personalidad del maestro y trata sobre aspectos de su vida privada confrontada con la pública. Sigue el autor las huellas del maestro en todas las direcciones y escritos, hasta llegar a “ciertos escondijos (Fray Luis de León mediante) de uno de sus textos jurídicos trascendentales para la historia y la cultura de América, el ejemplar “Código Civil de la República de Chile (1841-1855), donde rescata el valor poético-erótico de uno de sus artículos”, volcando su pasión en lo que se re-descubre: en una “razón de amor (a América, al pueblo americano”).

El relato final, escrito en 1976, da entrada al personaje más nefasto de las dictaduras americanas, Augusto Pinochet. “Las muertes apócrifas“ del tirano chileno, Ello da pie el autor para narrar “las muertes hipotéticas“ de 13 personajes históricos. Según el critíco Luis Correa Díaz, se trata como de “una tanatología histórico-literaria y jurídico-política (juegos necronológicos/necroscópicos que, a veces, parecen mimar la forma de epitafios provocadores, de autopsias al cadáver cultural de esos seres alguna vez vivos (se cita a Pinochet y Henry Kissinger), ciertamente, la de un obituario apócrifo”.

En conclusión: es a través de los personajes de los cuentos-ensayos, “y de sus respectivas épocas y circunstancias, que Pedro Gómez Valderrama vuelve a narrarnos -o sea, la relee, la re-describe- la historia de NUESTRA AMÉRICA, siguiendo y apartándose, a un tiempo, de lo sabido (lo escrito, por cuanto se trata de una historia ya textualizada) para la cual, por un lado y sin quererlo, hace gala de su fructífera erudición, y por el otro de su (in) disciplinada imaginación”, recordándose, que “se define a si mismo como un “historiador imaginativo”.

Las sagas de fondo en su orden conjetural, paralelas al acierto investigativo de Luis Correa-Díaz, apuntan a hacernos ver las trascendencia de la obra del escritor colombiano Pedro Gómez Valderrama, para presentarnos en todas sus dimensiones su gran obra desbordante de ideas, conjeturas, sugerencias, divagaciones imaginativas y sobre todo, de sorprendentes re-descubrimientos, todo lo cual culmina en lo que el crítico también descubre como la Summa Librorum de una gran novela de Amor a América.

Apostilla
 
Pongo de presente que la mayoría de los textos estrecomillados son del crítico Luis Correa Díaz, quien me dedicó La historia apócrifa de América “en la complicidad de nuestra admiración por don Pedro y sus finísimos cuentos que tanto nos enseñan y deleitan”. También el autor de Los ojos del burgués, me hizo el honor de dedicarme su libro en 1974 con su expresión de amistad, asi: “Al escritor Ramiro Lagos con la cordial estimación de su amigo. Pedro Gómez Valderrama”. Me hizo el honor, por otra parte, como Embajador de Colombia, de presentar en la Biblioteca Nacional de Madrid mi antología: Voces femeninas del mundo hispánico (Bogotá, Tercer Mundo, 1991)

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