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jueves, 4 de agosto de 2011

La Isla del Lector: Antonio Colinas

Fe de vida

Esperar junto a este mar (en el que nacieron las ideas)
sin ninguna idea. (Y así tenerlas todas.)
Ser sólo la brisa en la copa del pino grande,
el aroma del azahar, la noche de las orquídeas
en las calas olvidadas.
Sólo permanecer viendo el ave que pasa
y no regresa; quedar
esperando a que el cielo amarillo
arda y se limpie con los relámpagos
que llegarán saltando de una isla a otra isla.
O contemplar la nube blanca
que, no siendo nada, parece ser feliz.
Quedar flotando y transcurriendo de aquí para allá,
sobre las olas que pasan,
como un remo perdido.
O seguir, como los delfines,
la dirección de un tiempo sentenciado.
Ser como la hora de las barcas en las noches de enero,
que se adormecen entre narcisos y faros.
Dejadme, no con la luz del conocimiento
(que nació y se alzó de este mar),
sino simplemente con la luz de este mar.
O con sus muchas luces:
las de oro encendido y las de frío verdor.
O con la luz de todos los azules.
Pero, sobre todo, dejadme con la luz blanca,
que es la que abrasa y derrota a los hombres heridos,
a los días tensos, a las ideas como cuchillos.
Ser como olivo o estanque.
Que alguien me tenga en su mano como a puñado de sal.
O de luz.
Cerrar los ojos en el silencio del aroma
para que el corazón –al fin- pueda ver.
Cerrar los ojos para que el amor crezca en mí.
Dejadme compartiendo el silencio
y la soledad de los porches,
la hospitalidad de las puertas abiertas; dejadme
con el plenilunio de los ruiseñores de junio,
que guardan el temblor del agua en las últimas fuentes.
Dejadme con la libertad que se pierde
en los labios de una mujer.
***
Antonio Colinas publica su Poesía Completa en una edición para Latinoamérica
 
04-08-2011 / 12:30 h
Madrid, 4 ago (EFE).- La Obra Poética Completa del leonés Antonio Colinas, 45 años de recorrido creativo que aún continúa, se publica ahora por la mítica editorial del Fondo de Cultura Económica en América Latina, una región donde la poesía se vive de forma apasionada y cuyos lectores son "el futuro", según el autor.

"Para los poetas que nos formamos en España en esa época, la editorial del Fondo de Cultura Económica, como Losada o las del Sur, fueron una verdadera escuela, no solo por la poesía que nos llegaba sino también por las publicaciones de ensayos, de historia, de antropología. A través de estos libros conocimos América, tanto la precolombina como la colonial", explica a Efe Colinas.

Pero este bello volumen, publicado en España hace unos meses, también ha contado para su edición con la colaboración del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes de México. Una publicación que es toda una oportunidad para llegar a unos lectores de un continente que viven la poesía de forma apasionada y que son "el futuro", en opinión de Antonio Colinas (La Bañeza, León, 1946).

"Como he afirmado en otras ocasiones, la esperanza o el 'mundo nuevo' de la poesía en español puede estar en América. En Europa hemos 'intelectualizado' excesivamente la poesía, hemos derivado en las últimas décadas hacia una poesía más fría y más plana, más hueca; por eso el vigor y la riqueza expresiva siguen brillando ejemplarmente para nosotros al otro lado del océano", explica el poeta y traductor.

Premio Nacional de la Crítica y Nacional de Castilla y León, además de Premio Nacional de Traducción en Italia por verter al castellano la poesía completa de Salvatore Quasimodo, Colinas participó en la Feria del Libro de Guadalajara (México), el pasado mes de noviembre y pudo comprobar el buen estado del que goza este género literario en ese territorio.

"El humanismo con el que se vive allí la poesía es admirable. Esa fusión entre poesía y vida, entre experiencia de ser y experiencia de escribir es para mí primordial, ineludible en el poeta", subraya.

La Obra Poética Completa de Antonio Colinas, que en España ha publicado Siruela, reúne 16 libros y dos manuscritos rescatados, ampliados y pulidos: "La viña salvaje", que el creador compuso en 1972, y "El laberinto invisible", que cierran este volumen con los últimos poemas inéditos del escritor, algunos de ellos compuestos en su último viaje a China, país en el que engendró su libro, "La simiente enterrada", un texto a caballo entre el diario, la reflexión y los aforismos.

El volumen se abre con "Poemas de la tierra y la sangre" su primer libro temprano, de 1967, junto con "Preludios a una noche total" y siguen los títulos "Truenos y flautas en un templo" (1968-1970), "Sepulcro en Tarquinia (1970-1974), "La viña salvaje", "Astrolabio" (octubre, 1975-junio 1979) y "En lo oscuro" (1980).

Además, se incluye "Noche más allá de la noche" (1980-1981), "Jardín de Orfeo" (1984-1988), "La muerte de armonía" (1990), "Los silencios de fuego"(1988-1992), "Libro de la mansedumbre" (1993-1997), "Tiempo y abismo (1990-2002), "Desiertos de la Luz" (2004-2008) y "El laberinto invisible" (2011).

El libro ofrece también una introducción del propio poeta bajo el título "Un círculo que se cierra, un círculo que se abre", en la que explica su sentir poético y el recorrido vital y estético de toda su poesía, además de una bibliografía esencial.

Admirador de poetas de América Latina como Vallejo, Neruda, Octavio Paz, Sabines, Efrain Huerta o Pacheco y de poetas jóvenes -entre ellos muchas voces de mujer, que dice "seguir mucho"-, en la poesía de Colinas hay fuertes aromas de Hölderlin, Juan Ramón Jiménez, Rilke, Machado, Viente Aleixandre, o de Montaigne, Homero, Jung o Cervantes. EFE
Fuente: ABC.es

***
La ciudad está muerta
 
                                             La città è morta, è morta
                                                           S. Quasimodo
¿No tuviste bastante con morir una vez
en la muerta ciudad, que vuelves otra vez
entre sus cancerosos muros iluminados
a veces por verdores putrefactos?
¿Quedan aún las brasas de los sueños
ardidos en lugares y en labios que creiste
hermosos?
¿Te niegas a aceptar que aquí estuvo el amor
imaginando pájaros, desenterrando ruinas?

Llueve, llueve, y la música es negra en estas calles
abarrotadas de crucificados que andan,
de agonizantes que laboran,
de insepultos cadáveres que aplauden y sonríen.
Acaso quede aún en este espacio
de sueños destrozados, de sueños machacados,
otro loco que aún sueñe y vaya repitiendo:
«Tenéis cerca la luz, está cerca la luz».
Pero, ya como en tiempos, sólo un frío y vacío
silencio os responde,
aunque siga festivo y ciego el ajetreo
de los muertos perfectamente pulcros,
de los muertos perfectamente muertos.
Sólo se oye la agria y metálica caída de otra noche
como una inmensa, gruesa, negra chapa de acero.

"Astrolabio" 1975 - 1979

*** 
Entrevista | Antonio Colinas

'La infancia del poeta es la fuente que no cesa de manar'

El poeta Antonio Colinas, en La Bañeza. | Casares | Efe
El poeta Antonio Colinas, en La Bañeza. | Casares | Efe

  • El poeta y traductor habla de lo que sucede en el mundo y de su tierra
  • 'Yo no he ido a donde he querido, sino a donde la vida me ha llevado'
Acaba de publicar su 'Obra poética completa' en Siruela –casi 45 años de oficio, 15 libros y poemas inéditos– y confiesa que ha vuelto a momentos primordiales de su existencia: las vivencias de adolescente en su tierra natal, los cuatro años que pasó en Italia o los 21 en Ibiza, la muerte de los padres, el retorno y la apuesta por la tierra de los orígenes, el reencuentro con los lugares de los veranos de la infancia ahora arrasados por un paisaje de ruinas....

¿De dónde viene su apellido?

Es un apellido difundido en zonas muy concretas de lo que fue el Viejo Reino de León (El Bierzo, el Órbigo), seguramente ligado a poblaciones muy concretas de estos dos territorios (Colinas del Campo de Martín Moro y Colinas de Trasmontes), pero antes incluso hay un precedente legendario. Un 'capitán Colinas' fue el artífice de la batalla de Camposagrado. Son, en cualquier caso, referencias con las que un poeta puede fabular, pero a mí simplemente me gusta decir –como recuerdo en el poema 'Dos retratos' de mi libro 'Jardín de Orfeo'–, que mis antepasados fueron agricultores y herreros por estas tierras leonesas al menos desde el siglo XVII. Hace sólo unos días que participé con los vecinos del pueblo de mi abuelo materno en la 'facendera', en los trabajos de limpieza de las ruinas de su fragua, la fuente, lagunas y alrededores.

¿Qué le inspira su tierra? ¿Con qué versos lo resumiría?

En mi tierra natal están mis raíces creadoras, en esos espacios en los que poeta lleva a cabo las primeras contemplaciones, la primera lectura de símbolos. Es un paisaje doble; por una parte, el de La Bañeza y sus ríos; por otro el de Fuente Encalada, ese pueblo en el que yo pasé todos los veranos de mi infancia y de mi adolescencia. Símbolos como los del propio río, determinados árboles (el chopo, la encina), la cima tutelar, las ruinas de los campamentos romanos de Petavonium, las leyendas y los relatos orales, forman parte de esa simbología. Serían muchos los versos que resumirían ese tiempo. Recuerdo sólo uno de ellos: 'Aroma de la jara y aroma de la encina / se mezclan en mi sangre desde tiempos remotos'.

Portada del nuevo libro.
Portada del nuevo libro.

"Cualquier poeta que posee una voz propia acaba siendo una voz independiente"

¿Cuál sería su primer recuerdo relacionado con la poesía?

Cualquiera de aquellos instantes de la infancia en plenitud: la contemplación de la nieve, el escuchar un relato de lobos a la luz de la lumbre del hogar, la ascensión a la cueva del viejo castro, las correrías por los sotos del Órbigo o del Duerna. O aquellos agotadores paseos en la bicicleta que cuando aprobé la reválida de 4º mi padre me compró y con la que recorrí todas las comarcas de los alrededores de La Bañeza.

¿Qué poeta unido a sus primeras lecturas no ha olvidado?

Son tres sobre todo: Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez y Pablo Neruda. Es obvio que antes, en las lecturas escolares, había leído otros poemas y a otros poetas, pero sólo con esos tres autores, leídos intensamente en la adolescencia, se me reveló la poesía como un fenómeno anímico, como una vocación a la que no tenía más remedio que entregar mi vida.

¿De qué fuentes bebió, quiénes son sus 'maestros'?

Además de los tres autores citados, recordaría a determinados clásicos, sobre todo de lo que reconocemos como 'escuela castellana': Manrique, Garcilaso, Juan de la Cruz, Fray Luis, Lope. Ellos apuestan por una pureza formal y por una hondura que se prolonga hasta Claudio Rodríguez. Pero luego he sido también un lector fervoroso de Góngora. También tengo por maestros los que yo reconozco como poetas del 'mundo o espíritu mediterráneo', de donde venimos: Homero, los líricos grecolatinos, Virgilio, Dante, hasta Valèry, Seferis, Ritsos, Salvatore Quasimodo (del que he traducido su 'Poesía Completa'), Aleixandre, Gil-Albert... Son los poetas de "la luz del conocimiento".

Algunos autores sostienen que la patria de un escritor es "su infancia". ¿Qué es lo que hizo que un Antonio Colinas niño, o joven, se convirtiera en poeta?

Estoy de acuerdo. La infancia del poeta es como una especie de 'fuente' que no cesa de manar y de proporcionarle información al futuro escritor. La vida entonces era muy humilde, llena de carencias, pero a la vez un pueblo era un microcosmo vivo en el que el niño podía vivir la plenitud. Aquella Bañeza de ríos y de huertas, aquel pueblecito en el que se seguían los ciclos y labores estacionales, las muchas horas pasadas leyendo en la biblioteca municipal, la sensibilidad de los seres queridos que me rodearon, ejercieron sobre mí una influencia provechosa, enorme.

¿Compartía esta aficción con algún amigo, algún maestro?

"Estoy contra las soluciones bélicas, ya sabemos lo que ha pasado en Irak"

Tuve la suerte de tener, ya desde la infancia, un grupo de amigos que eran devoradores de libros. Las tías de uno de ellos, tenían una librería en la misma Plaza Mayor de La Bañeza y nos iba pasando las novedades de Verne y Salgari. Maestros, lo que se dice maestros, sólo los tuve más tarde. Vicente Aleixandre, cuando a los 18 años llegué a Madrid, más en el campo de lo estrictamente literario, y María Zambrano, a la que ya conocí en Ginebra, y que fue para mí un referente en lo que se refiere al pensamiento, a lo que ella reconoció como la "razón poética", frente a la "razón histórica" de Ortega.

Ha vivido en Italia, en Ibiza, ahora en Salamanca, ciudad que le ha nombrado 'hijo adoptivo... ¿Se ha planteado alguna vez volver a vivir a León?

Ya he dicho en algunas ocasiones que no he ido a donde he querido, sino a donde la vida me ha llevado. A Italia me fui para un periodo de seis meses y me detuve cuatro años. A Ibiza iba para un año, aprovechando la Beca de Creación que concedía la Fundación March y me quedé veintiún años. A Salamanca vine por poderosas razones familiares, como los estudios de mis hijos, y por estar más cerca de mis padres enfermos. Mi hermano José era el que llevaba todo el peso de la situación y hasta donde pude colaboré con mi ayuda en esa difícil etapa. El resultado de esos momentos cruciales fue un libro como 'Tiempo y abismo'. Desde que vivo en Salamanca voy siempre que puedo a La Bañeza, así que de hecho también vivo en León.

¿Cree en las corrientes poéticas?

Una corriente poética, o una generación literaria, tiene una utilidad didáctica, pero nada más. Hay momentos en que los intereses necesarios confluyen, por eso se me ha unido a los 'novísimos', porque a mediados de los 60 era necesaria una nueva sensibilidad poética, un lenguaje más rico y más libre, nuevas lecturas... Pero ahí acaban en mí las confluencias. Creo que cualquier poeta que posee una voz propia acaba siendo una voz independiente.

Usted siempre ha buscado fundir poesía y pensamiento... ¿Cree que la poesía puede ser también una forma de acción?

Por supuesto, pero no en el sentido fácil como en el pasado algunos entendieron la llamada poesía "social o testimonial". La palabra del poeta es palabra a contracorriente, y en este sentido el poeta también es un hombre de acción. El poeta siente la realidad y testimonia sobre ella con una intensidad que le es propia. Él pone en su vida una apuesta que no es fácil. Ahora, pensar simplemente que nuestra poesía tiene utilidad porque uno escribe un poema creo que esto no es suficiente. La poesía, como la libertad, es algo que debe brotar de dentro afuera. El mejor compromiso es el de escribir una obra sincera, sea como sea nuestra voz, pues puede haber tantas 'Poéticas' como poetas auténticos.

Su poesía ha evolucionado hacia un mayor humanismo, hacia una mayor presencia de la realidad. ¿A qué se debe?

Quizá sea algo debido a la edad, o a la simple evolución de mis libros. Creo que en ellos siempre ha latido un humanismo que ahora se elevado en los cuatro últimos poemarios que he escrito. Esta actitud viene ya, como apuntó el profesor José Olivio Jiménez, desde un libro como ‘Noche más allá de la noche’, pero culmina en 'Cuaderno de la luz', la segunda parte de los 'Desiertos de la luz', un libro que escribí tras dos viajes que hice a Palestina e Israel. Ahí es donde también se da un claro diálogo con lo sagrado, que como ya he repetido muchas veces, no es lo estrictamente religioso, o algo que debe ser visto con las anteojeras de un anticlericalismo decimonónico. Para mí toda la realidad es sagrada siempre que la miremos con ojos de piedad. Esa realidad la veo incluso en algunos de mis poemas en "los ojos abiertos del niño muerto", o en las mujeres heridas o masacradas del poema X de los 'Catorce retratos de mujer'.

"¿Hasta cuándo es posible la utopía de un desarrollo infinito? El planeta no es inagotable, envía avisos"

Usted ha viajado por Extremo Oriente, y eso le ha llevado también a escribir libros como 'Cerca de la Montaña Kumgang' o 'La simiente enterrada. Un viaje a China'. ¿Que se puede aplicar o aprender hoy de culturas tan antiguas?

Para mí esa "simiente enterrada" es la de la sabiduría de los orígenes, la de los viejos poetas y filósofos de Oriente. Creo que Oriente y Occidente (en lo mejor que tienen) deben ser culturas complementarias. Nunca una debe sustituir a la otra, o mimetizarse en ella. Hoy nosotros aprendemos en su espiritualidad, de sus técnicas de sanación, y ellos aprenden en nuestro "desarrolismo". Como siempre, en el punto medio creo que está siempre la verdad.

Una de sus grandes preocupaciones es el medio ambiente... ¿Qué lección 'poética' podemos extraer de lo que está aconteciendo ahora mismo en Japón?

Pues padezco mucho este tipo de situaciones. Hace unos días me preguntaban si estaba favor o en contra de la energía nuclear y yo respondía diciendo que antes de esta pregunta el ser humano tiene que hacerse otra. ¿Hasta cuándo es posible la utopía de un desarrollo infinito? ¿Hasta dónde vamos a llevar el saqueo de la naturaleza, su explotación, un industrialismo contaminador? El mundo no es inagotable y el planeta nos envía sus "avisos" de vez en cuando. No acabamos de aprender la lección y seguimos huyendo hacia adelante.

¿Cómo contempla un poeta comprometido como usted las 'revoluciones' que se están sucediendo en los países árabes?

No sé qué decirle con certeza. Al principio leí que era un fenómeno desencadenado electrónicamente. Es obvio que la libertad y el progreso de los pueblos es lo primero, pero no sabemos qué va a salir de todo ello, si no se va a desencadenar un radicalismo más grave. Habrá que esperar. Estoy contra las soluciones bélicas y ya sabemos lo que ha pasado en Irak y en Afganistán, o en derivaciones como las de Irán.

Usted ha defendido siempre que "cuando no sirven las palabras normales el hombre siempre acude al verso o al versículo bíblico", que la poesía "revela una sabiduría perenne". ¿Qué versos le pondría al mundo en que vivimos?

Cualquier verso, cualquier libro de poemas de un buen poeta. En efecto, cuando el resto de las palabras o mensajes ya no sirven, los mandatarios de la tierra recuerdan a los poetas del pasado y del presente, citan algún verso. Hay un encuentro con la paz, hay un afán de armonía al abrir un libro de poemas por cualquiera de sus páginas, de noche, en soledad: encontramos sin más en él lo que el mundo no nos concede, hallamos lo que yo he llamado "la segunda realidad", o una "realidad trascendida".

¿Sobre qué proyecto gira su escritura ahora mismo?

Mi 'Obra poética completa' se cierra con dos poemas breves que hablan muy bien de en qué momento se encuentra mi ánimo, o mi visión de la escritura. Quisiera tener ahora, a partir de mis 65 años, tiempo para escribir la tercera de mis novelas. O acaso un cuarto 'Tratado de armonía'. Pero en esto de la creación de los libros, como en la elección de los lugares, voy hacia donde la palabra me lleva.
Fuente: EL MUNDO.es

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