El cineasta le agradece a Miami haber salvado su carrera
Gabriel de Lerma
Especial/El Nuevo Herald
Comenzó su carrera 23 años atrás con un programa que hizo historia en la televisión mexicana, Hora marcada, y su primer incursión en el cine, un lustro después, resultó tan impactante que lo llevó a cruzar fronteras. Cronos, su película mexicana que se exhibió en el Festival de Cine de Miami antes que en el resto de Estados Unidos, le abrió las puertas de Hollywood, y ya en 1997 había estrenado la primera de varias películas en inglés, Mimic.
Pero aunque en sus primeros pasos Guillermo del Toro se consagró como maestro del horror, nunca se conformó sólo con asustar a la audiencia: experimentó con curiosas combinaciones con otros géneros, como en El laberinto del fauno, y también trabajó en rubros cercanos, como las comedias fantásticas protagonizadas por el Hellboy que interpretó su actor fetiche, Ron Perlman.
Un prolífico guionista y entusiasta productor que ha ayudado con su prestigio a numerosos directores jóvenes, poniéndole su nombre a filmes destacados, como la española El orfanato, la mexicana Rudo y cursi o la norteamericana Splice, Del Toro ha tenido una participación aún más intensa en Don’t Be Afraid of the Dark, el remake de la película televisiva de 1973 que supieron protagonizar Kim Darby y Jim Hutton. El filme, que esta semana llega a las carteleras, con Katie Holmes, Guy Pearce y la niña Bailee Madison en los papeles principales, es el producto de la obsesión del cineasta mexicano con aquella película, la que vio una vez durante su infancia pero nunca pudo olvidar. “Lo que es curioso es que la reinventé aún siendo niño, porque en aquella época no había forma de volver a ver las películas”, cuenta Del Toro en entrevista exclusiva. “Yo la vi cuando tenía unos 10 años. En aquel entonces lo que hacíamos era contarle la película a nuestros amigos en la escuela, y con el correr de los años, con las décadas, logré conseguir un VHS de la película y cuando la vi me di cuenta de que muchos de los momentos que yo había contado por años no existían en la película: los había inventado yo de pequeño. Entonces, éste fue el principio del interés en rehacerla. Quisimos conservar los momentos más espeluznantes que yo recordaba, pero a la vez reinventarla de una manera que mezclara el cuento de hadas con el de terror”.
Para lograrlo, el guionista y productor incorporó a una niña como personaje principal. Es ella quien empieza a escuchar las voces de los seres fantásticos que habitan en la casa a la que se muda con su padre y su nueva novia. “Eso cambia todo completamente” enfatiza Del Toro. “En la película original el personaje principal es una mujer adulta, pero cuando la protagonista es una niña, nadie le cree lo que dice. Si fuera una mujer adulta, tendríamos que inventar una situación muy extrema para que no pudiera escapar de donde vive. En cambio, la mayoría de los niños, de una forma u otra, son prisioneros de una casa. Tienen que estar en donde estén sus padres”.
Aunque Del Toro tenía una conexión muy profunda con el proyecto, ya que escribió el guión en 1998 junto a Matthew Robins, con quien también había trabajado en Mimic, cuando después de tantos años el proyecto se hizo realidad sintió que no sería una buena idea que él fuera el director, por lo que terminó dejando el proyecto en las manos del debutante Troy Nixey. “Sentí que algunas situaciones del inicio de la película estaban –superficialmente– demasiado ligadas al inicio de El laberinto… Y pensé que sería mejor tener un punto de vista diferente. Pero al final, como productor, terminé destinándole casi el mismo tiempo que le hubiera puesto como director”, informa.
Aunque su carrera lo ha llevado por todo el mundo, e incluso recientemente se pasó dos años viviendo en Nueva Zelanda preparando The Hobbit, el filme que finalmente terminó rodando Peter Jackson, Del Toro reconoce que tiene una relación muy especial con el sur de la Florida. “A mí Miami me salvó la vida”, dice convencido. “Estuve allí antes de hacer Mimic, con Cronos, y en el Festival de Miami fue donde conocí a Pedro Almodóvar. En ese momento él me ofreció producir El espinazo del diablo. Y digo que me salvó la vida porque después de haber pasado por la mala experiencia de Mimic en Estados Unidos, estuve a punto de no querer volver a hacer cine. Y con El espinazo… me reconcilié. Además de los amigos que tengo allí, la gente es estupenda, el mar es maravilloso y la comida para un gordo como yo es vital. Se come magníficamente bien en Miami”, afirma entusiasmado.•
Pero aunque en sus primeros pasos Guillermo del Toro se consagró como maestro del horror, nunca se conformó sólo con asustar a la audiencia: experimentó con curiosas combinaciones con otros géneros, como en El laberinto del fauno, y también trabajó en rubros cercanos, como las comedias fantásticas protagonizadas por el Hellboy que interpretó su actor fetiche, Ron Perlman.
Un prolífico guionista y entusiasta productor que ha ayudado con su prestigio a numerosos directores jóvenes, poniéndole su nombre a filmes destacados, como la española El orfanato, la mexicana Rudo y cursi o la norteamericana Splice, Del Toro ha tenido una participación aún más intensa en Don’t Be Afraid of the Dark, el remake de la película televisiva de 1973 que supieron protagonizar Kim Darby y Jim Hutton. El filme, que esta semana llega a las carteleras, con Katie Holmes, Guy Pearce y la niña Bailee Madison en los papeles principales, es el producto de la obsesión del cineasta mexicano con aquella película, la que vio una vez durante su infancia pero nunca pudo olvidar. “Lo que es curioso es que la reinventé aún siendo niño, porque en aquella época no había forma de volver a ver las películas”, cuenta Del Toro en entrevista exclusiva. “Yo la vi cuando tenía unos 10 años. En aquel entonces lo que hacíamos era contarle la película a nuestros amigos en la escuela, y con el correr de los años, con las décadas, logré conseguir un VHS de la película y cuando la vi me di cuenta de que muchos de los momentos que yo había contado por años no existían en la película: los había inventado yo de pequeño. Entonces, éste fue el principio del interés en rehacerla. Quisimos conservar los momentos más espeluznantes que yo recordaba, pero a la vez reinventarla de una manera que mezclara el cuento de hadas con el de terror”.
Para lograrlo, el guionista y productor incorporó a una niña como personaje principal. Es ella quien empieza a escuchar las voces de los seres fantásticos que habitan en la casa a la que se muda con su padre y su nueva novia. “Eso cambia todo completamente” enfatiza Del Toro. “En la película original el personaje principal es una mujer adulta, pero cuando la protagonista es una niña, nadie le cree lo que dice. Si fuera una mujer adulta, tendríamos que inventar una situación muy extrema para que no pudiera escapar de donde vive. En cambio, la mayoría de los niños, de una forma u otra, son prisioneros de una casa. Tienen que estar en donde estén sus padres”.
Aunque Del Toro tenía una conexión muy profunda con el proyecto, ya que escribió el guión en 1998 junto a Matthew Robins, con quien también había trabajado en Mimic, cuando después de tantos años el proyecto se hizo realidad sintió que no sería una buena idea que él fuera el director, por lo que terminó dejando el proyecto en las manos del debutante Troy Nixey. “Sentí que algunas situaciones del inicio de la película estaban –superficialmente– demasiado ligadas al inicio de El laberinto… Y pensé que sería mejor tener un punto de vista diferente. Pero al final, como productor, terminé destinándole casi el mismo tiempo que le hubiera puesto como director”, informa.
Aunque su carrera lo ha llevado por todo el mundo, e incluso recientemente se pasó dos años viviendo en Nueva Zelanda preparando The Hobbit, el filme que finalmente terminó rodando Peter Jackson, Del Toro reconoce que tiene una relación muy especial con el sur de la Florida. “A mí Miami me salvó la vida”, dice convencido. “Estuve allí antes de hacer Mimic, con Cronos, y en el Festival de Miami fue donde conocí a Pedro Almodóvar. En ese momento él me ofreció producir El espinazo del diablo. Y digo que me salvó la vida porque después de haber pasado por la mala experiencia de Mimic en Estados Unidos, estuve a punto de no querer volver a hacer cine. Y con El espinazo… me reconcilié. Además de los amigos que tengo allí, la gente es estupenda, el mar es maravilloso y la comida para un gordo como yo es vital. Se come magníficamente bien en Miami”, afirma entusiasmado.•
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