GRANADA
La crisis obliga a buscar nuevas alternativas laborales con las páginas de clasificados como escaparate
24.08.11 - 01:35 -
Cada día decenas de anunciantes ofrecen servicios de todo tipo en el periódico. :: GONZÁLEZ MOLERO |
Los anuncios por palabras de los periódicos siguen ocupando su lugar desde hace mucho tiempo en la prensa escrita. Los años pasan, la vida evoluciona, pero parece que una pequeña porción de tiempo se detiene en una sección que sirve para vender cualquier cosa, desde un abrigo de visón hasta tu propio cuerpo. Aunque existen varias secciones, es la de relax la que suscita mayor interés entre los lectores.
Algunos la leen por morbo, otros lo hacen como consumidores. La crisis ha hecho que cada vez más gente acuda a una oficina a contratar publicidad de sí mismo. La falta de recursos obliga a buscarse la vida de alguna manera y esto es un trabajo en el que se gana dinero rápido y a veces abundante. Pero los trabajadores de una central de recepción de anuncios no solo ejercen de comerciales, sino que con los años adquieren los conocimientos que se enseñan en la Facultad de Psicología para ejercer como auténticos consejeros.
Los años de bonanza económica quedaron atrás. En la actualidad hay que subsistir con lo mínimo. Por eso la tendencia es reducir costes. Antes, para vender un piso, se describía hasta el más mínimo detalle para atraer al cliente. Ahora son telegramas escuetos en los que se ofrece la información básica para ser legibles, y a veces ni eso se consigue con tal de reducir costes. Pero es indudable que sigue siendo una herramienta fundamental para la vida de muchos de sus anunciantes, por eso la intención del Gobierno de eliminar la sección de sexo de los clasificados mantiene preocupado a más de uno, porque de ella dependen sus ingresos.
Que la crisis está afectando a la sociedad granadina es un hecho. El ejemplo está en que ha aumentado considerablemente el número de personas que deciden cambiar de profesión, sobre todo particulares. El aumento es general, pero se acentúa entre un sector de mediana edad de sexo femenino y entre la comunidad gay. Por contra, los travestis, «un colectivo muy demandado en Granada desde hace muchos años», según explica una trabajadora de una de las oficinas de anuncios por palabras de la ciudad, se ha visto reducido de un tiempo a esta parte. Y las tarifas por los servicios se están reduciendo paulatinamente.
Muchos lo hacen por necesidad, pero otros lo hacen por placer o amparados en la comodidad de un recurso que les ofrece una calidad de vida importante gracias a unos ingresos más que interesantes, «sobre todo los gays, cuya clientela tiene un poder adquisitivo alto».
Las nuevas tecnologías han supuesto un duro rival para este tipo de publicidad. Internet es la herramienta preferida para buscar servicios, pero la excesiva oferta hace que mucha gente siga utilizando el periódico. Mientras haya clientes el negocio será rentable.
Oficina de la 'esperanza'
La naturalidad es la cualidad esencial para que el cliente se sienta cómodo a la hora de poner un anuncio. Aquí nadie les juzga, el trato es correcto y eso les reconforta. «Es como un círculo cerrado en el que casi todos nos conocemos», explican las comerciales. Esa confianza hace que los anunciantes se abran y cuenten historias cuanto menos curiosas. El entendimiento es tal entre emisor y receptor que en muchas ocasiones simplemente les dan el nombre y el número de teléfono y son los trabajadores del periódico los que formulan el mensaje. Otras veces les dan la vuelta al contenido, siempre con el consentimiento del usuario, para que se capta mejor la idea.
«Recuerdo una mujer que vino a anunciarse como empleada de hogar. Un tiempo después nos contó que comenzaron a llamarla clientes confundidos en busca de otro tipo de servicios. Probó por curiosidad y ahora se dedica a ello y le va muy bien», relata una de las empleadas de la oficina. El panorama es de lo más variopinto. También hay quien utiliza la picaresca para intentar vender un producto describiéndolo de una forma que no se ajusta a la realidad. En ese momento es fundamental hacer uso de la psicología para hacerle entrar en razón, pues de lo que se trata es de no engañar al lector.
Entre los anuncios se puede encontrar el caso de una persona invidente cuyo marido no puede cubrir sus necesidades por problemas de salud y ofrece su cuerpo por dinero. Tiene una clientela fija que le aporta un sobresueldo y además le aporta algo con lo que ella no puede contar en su hogar.
Aunque no aparece en ningún cartel que aquello es un consultorio, la confianza que adquieren los anunciantes hace que aprovechen la visita para abrir su corazón. Solo necesitan a alguien que les escuche, desahogarse y volver a la calle con los mismos problemas con los que entraron pero con la relajación que les da hablar de aquello que les preocupa y que haya alguien que les atienda.
Pero la confusión también ha provocado más de un episodio desagradable. Personas con problemas psicológicos han hecho un uso inadecuado de estas oficinas, poniendo en peligro al personal que allí trabaja. «Una vez dos jóvenes que habían consumido algún tipo de droga entraron visiblemente nerviosos para exigir que un periodista acudiera a cubrir la muerte de un amigo suyo por sobredosis. Aunque intenté explicarles que en esta oficina solo se contrataban anuncios por palabras, era difícil hacerles entrar en razón. Al final conseguí, con una tranquilidad aparente, aunque por dentro estaba muerta de miedo, que se marcharan».
Cuando uno coge el periódico y acude a la página de clasificados difícilmente puede imaginar las miles de historias personales que se esconden detrás de cada mensaje. Todas esas personas tienen unas características muy particulares que los hacen únicos. También son únicos los comerciales que se encargan de dar forma a aquello que los clientes quieren ofrecer. Pero su trabajo no se limita a recoger los mensajes, sino que aportan una válvula de escape para aquellos que necesitan desahogarse o simplemente ser escuchados.
Fuente: ideal.es
No hay comentarios:
Publicar un comentario