Columnistas - Opinión
Durante la persecución de los judíos era política general de los nazis el concentrarlos en un barrio de cada ciudad, el más famoso de los cuales fue el gheto de Varsovia. Cuando corrió el pánico porque los habitantes eran sacados por la fuerza de sus casas, congregados por miles en la plaza central y de allí llevados a una estación férrea cercana y finalmente desaparecidos, los judíos se rebelaron contra sus guardianes asesinando a algunos. La insurrección fue sofocada a sangre y fuego, las casas arrasadas totalmente y la población diezmada de tal manera que en 1945 sólo se contaban por pocos miles los judíos allí residentes los cuales fueron a su vez obligados a emigrar durante la ocupación soviética.
En 1944, en el ocaso de la segunda guerra mundial cuando el dominio nazi entró en crisis y los rusos sitiaban la ciudad, hubo un frustrado levantamiento contra los nazis; hombres, mujeres, niños, ancianos armados con palos y fusiles rudimentarios se enfrentaron a las armas automáticas, artillería y tanques alemanes; como resultado se perdieron 200.000 vidas y la ciudad fue arrasada en un 84% por orden expresa de Hitler. En los años 50, comenzó la reconstrucción total de la ciudad antigua guiados por algunas fotografías y por las pinturas del Canaletto y con apoyo económico de los emigrados. Hoy la reconstrucción ya ha sido completada y la ciudad luce como otrora a excepción del gheto judío en cuyo lugar sólo queda un monumento conmemorativo erigido en la posguerra.
Esta ciudad es una joya preciosa de arte vibrante de patriotismo que requiere una visita de al menos tres días con un guía especializado que ayude a saborear cada rincón y su historia. Al menos hay que visitar la plaza central o del comercio en cuyo centro se encuentra el monumento de la sirenita, emblema de la ciudad. Narra la leyenda que dos sirenitas curiosas abandonaron el Atlántico y se internaron en el Mar Báltico; una de ellas se enamoró de las islas danesas y se quedó en Copenhague; la otra se internó por Danzig en el río Vístula y llegada al sitio donde está Varsovia, enamorada de un príncipe fijó su morada allí. También es preciso visitar el Castillo real sede de los reyes, monumento repleto de arte prevalentemente italiano, donde se podrá repasar en forma viva toda la historia de Polonia. En las cercanías es interesante visitar en un hermoso parque la suntuosa casa de Federico Chopin, pianista, compositor de tantas polonesas mazurcas y bellas melodías. Me impresionó la cantidad de niños que la visitan cimentando así su orgullo patrio. Cabalmente no podía faltar en el programa un concierto en una sala ornada con frescos italianos, donde los arpegios del piano conmovieron hasta las lágrimas a varías compañeras de viaje.
En 1944, en el ocaso de la segunda guerra mundial cuando el dominio nazi entró en crisis y los rusos sitiaban la ciudad, hubo un frustrado levantamiento contra los nazis; hombres, mujeres, niños, ancianos armados con palos y fusiles rudimentarios se enfrentaron a las armas automáticas, artillería y tanques alemanes; como resultado se perdieron 200.000 vidas y la ciudad fue arrasada en un 84% por orden expresa de Hitler. En los años 50, comenzó la reconstrucción total de la ciudad antigua guiados por algunas fotografías y por las pinturas del Canaletto y con apoyo económico de los emigrados. Hoy la reconstrucción ya ha sido completada y la ciudad luce como otrora a excepción del gheto judío en cuyo lugar sólo queda un monumento conmemorativo erigido en la posguerra.
Esta ciudad es una joya preciosa de arte vibrante de patriotismo que requiere una visita de al menos tres días con un guía especializado que ayude a saborear cada rincón y su historia. Al menos hay que visitar la plaza central o del comercio en cuyo centro se encuentra el monumento de la sirenita, emblema de la ciudad. Narra la leyenda que dos sirenitas curiosas abandonaron el Atlántico y se internaron en el Mar Báltico; una de ellas se enamoró de las islas danesas y se quedó en Copenhague; la otra se internó por Danzig en el río Vístula y llegada al sitio donde está Varsovia, enamorada de un príncipe fijó su morada allí. También es preciso visitar el Castillo real sede de los reyes, monumento repleto de arte prevalentemente italiano, donde se podrá repasar en forma viva toda la historia de Polonia. En las cercanías es interesante visitar en un hermoso parque la suntuosa casa de Federico Chopin, pianista, compositor de tantas polonesas mazurcas y bellas melodías. Me impresionó la cantidad de niños que la visitan cimentando así su orgullo patrio. Cabalmente no podía faltar en el programa un concierto en una sala ornada con frescos italianos, donde los arpegios del piano conmovieron hasta las lágrimas a varías compañeras de viaje.
No hay comentarios:
Publicar un comentario