TOUR | Cadel Evans, campeón
| Cadel Evans, con su equipo, en la vuelta de honor en los Campos Elíseos. | Ap |
El campeón del Tour actúa bajo el mando de los que dirigieron a Landis en 2006 y también pasó su infancia en una comunidad aislada
Su historial reafirma su figura de campeón laborioso y en continua progresión, completamente ajeno a cualquier sospecha
Puesto a menudo como ejemplo de ciclista limpio, nunca ha intentado convencer a los que le acusan de 'chuparruedas' o 'garrapata'
Hay coincidencias biográficas de Cadel Evans con Floyd Landis que transmiten cierto resquemor, aunque este carezca de fundamento científico. Son simples curiosidades en una trayectoria intachable.
La primera es que se crió en un ambiente aislado, en una aldea aborigen donde no había radio ni televisión ni motores y el único transporte aceptado era la bicicleta. El estadounidense que fue desposeído del Tour 2006 por dopaje también pasó su infancia en un ambiente similar, una granja menonita, antes de soltarse el pelo a los 20 años y lanzarse a la competición en bicicleta. "La tentación es fuerte", diría su madre al conocer que había dado positivo.
La segunda similitud es apenas un roce: la forma de escapar y buscarse una salida fue la bicicleta de montaña, aunque Landis se dio cuenta de que no era lo suficientemente explosivo para esa especialidad y se desvió a la carretera mucho antes que Evans, quien llegó a ser uno de los mejores: campeón australiano, bronce mundial sub 23 (1996) y dos Copas del Mundo (1998, 1999), entre otros laureles.
La tercera es insoslayable: Cadel Evans ha ganado el Tour de Francia 2011 a las órdenes de quienes se las dieron a Floyd Landis en 2006. John Lelangue es el director deportivo principal del BMC, como lo fuera con el Phonak, un equipo alzado por un suizo loco por el ciclismo, Andre Rihs, actual copropietario del BMC Racing de licencia estadounidense y alma suiza.
Una vez hilvanadas estas puntadas del destino, conviene aclarar que son pura superstición: a Cadel Evans se le ha tenido por adalid del ciclismo limpio todos estos años y el pelotón, por su forma de correr, parece haber entendido que los atajos ya son vías sin salida. Esta edición se ha hallado positivo al ruso Alexander Kolobnev por un diurético que, sin estar en la lista prohibida, ha resultado sospechoso.
Un pelotón calculador
| Evans, en el Giro 2002. |
Evans no es un tipo que atienda lo que dicen de él. Ha oído durante años cosas no muy agradables: chuparruedas, garrapata, cobarde... Él se ha metido en su mundo, con su esposa y la perrita Molly, sus amigos australianos, suizos, italianos... Y tampoco ha querido hablar de sus virtudes. Cada vez que le preguntan si se considera un ejemplo del ciclismo limpio remite a los demás para que lo juzguen. "No soy yo quién para decirlo".
Los que hablan mal de Cadel Evans (14-2-77, Katherine, Australia) no tienen razón. Ha sabido aprovechar las características únicas -cada carrera ofrece rasgos particulares- de esta edición para ganar el Tour de Francia 2011. Merece todos los honores. Ha luchado contra un equipo poderoso y rivales a los que en ocasiones ha intentado llevar a la táctica que a él más le interesaba. Cuando fallan los rivales, es preciso acertar: el líder del BMC ha sido preciso en sus contadas reacciones: en las dos etapas del Galibier y en la crono de Grenoble.
En el pelotón mundial no hay grandes atacantes hoy por hoy, exceptuando la 'joya de la corona' que algunos supuestos aficionados también pretenden destruir, Alberto Contador. Detrás del hombre-Tour de Pinto, el panorama se puebla de corredores calculadores. Andy Schleck es la alternativa, pero su lenta maduración se complica en un equipo sin mando, en el que los hermanos de Luxemburgo no se someten a directrices claras.
Muchas emociones
"En ningún lugar del mundo podría estar más feliz que aquí", dijo al público de los Campos Elíseos. Cadel Evans llevaba 24 horas emocionado. Al citar el encuentro en la meta con su esposa, Chiara Passerini, volvió a llorar. Y en la cima del podio, más lágrimas. Lo que cabe esperar de un hombre que se hizo a sí mismo, corrió en algunos de los mejores equipos europeos de primeros de siglo después de decidirse a hacer de la bicicleta el centro de su vida.
Los asistentes a la coronación del primer australiano en la gran avenida capitalina también se emocionaron al escuchar a Evans: "Esta victoria es un proceso de muchos años, creo que en ello tiene mucha responsabilidad mi primer entrenador en australia y a quien creyó a mí en Europa, que confió en mí más que yo mismo. Todo lo que he aprendido, todo lo que he trabajado, se lo debo a él. Se lo dedico a él". Se refería al preparador Aldo Sassi, recientemente fallecido.
| Así ganó el Mundial 2009. |
Como Cadel vivió su infancia aislado, cuenta que su afición por el ciclismo comenzó a los 14 años. Con el primer Tour de Miguel Indurain, a quien admira. Por fin tuvo acceso a la televisión, se quedó hipnotizado delante del Tour de Francia y decidió dedicarse al ciclismo en serio.
Tras sus éxitos con la bicicleta de montaña, los equipos italianos profesionales le animaron a dedicarse de lleno a la carretera. Corrió desde verano de 2001 con el Saeco y sus éxitos (etapa y general de la Vuelta a Austria, A Través de Lausana, Brixia Tour) lo llevaron a una escuadra potentísima: Mapei. Allí estrechó su relación con Aldo Sassi, el entrenador que lo guió y siempre le dijo que tenía condiciones para ganar un Tour.
Las primeras páginas empezaron mostrar el nombre de Cadel Evans con su liderato en el Giro de 2002. Entró en la alineación por puros méritos, a base de actuaciones relevantes en las Ardenas, en la Vuelta al País Vasco y en la de Romandía.
Los alemanes del T-Mobile lo reclutaron, pero ni en 2003 ni en 2004 se sintió cómodo en ese equipo. Pasó al Lotto con sus diversas denominaciones farmacéuticas (2005-2009) y comenzaron sus actuaciones en el Tour: octavo, cuarto, segundo, otra vez segundo (5 días líder) y trigésimo (1 día líder). Su consistencia lo llevó cerca del triunfo, sobre todo en 2007. Pero en el equipo belga su progresión se había frenado y buscó una salida. La buena.
Cuando le preguntan si su carácter cambió a ganador gracias al título de Mendrisio, el nuevo campeón del Tour siempre contesta que el punto clave fue el cambio a un equipo estadounidense, una concepción del deporte y el deportista que se adapta mucho mejor a su mentalidad que la que ha padecido en las formaciones europeas.
El BMC le hizo una oferta y Evans encontró el apoyo que andaba buscando, incluso si por las lesiones y las caídas no pudo rendir el año pasado. Un día después de pensar en abandonar tras un accidente, se vistió, sin proponérselo,de amarillo. Fue un día solo. Nada que ver con la experiencia que vivió el sábado y aún llena de lágrimas su rostro.
Fuente: EL MUNDO.es
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