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El comisario de Asuntos Económicos y
Monetarios, Olli Rehn (centro), junto a Algirdas Semeta (izquierda),
comisario europeo de Fiscalidad y Unión Aduanera, y el comisario europeo
de Empleo y Asuntos Sociales, Laszlo Andor (derecha). / OLIVIER HOSLET (EFE)
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Lo importante y lo urgente. España se hunde en la recesión y tiene
serias dificultades con su deuda pública: eso es lo importante. Y esto
es lo urgente: Madrid tiene un problema mayúsculo en la banca, que
necesita dinero público por la vía rápida para taponar las vías de agua
que han dejado el sonoro pinchazo inmobiliario y la esperpéntica
nacionalización de Bankia.
En Bruselas y en las capitales europeas sube como la espuma la opinión
de quienes consideran que el Gobierno de Rajoy puede verse abocado a
solicitar una intervención europea
porque el tiempo se echa encima sin que se vislumbre nada parecido a
una solución para el sistema bancario, que va a requerir fondos públicos
a paletadas. Frente a ese veredicto,
la Comisión Europea dio este miércoles algo de aire a España,
protagonista absoluto de la crisis europea en este momento, al conceder
un año más —con condiciones— para rebajar el déficit al sacrosanto 3%
del PIB. Un año extra para la parte importante del problema, la fiscal.
Pero nada de nada para lo urgente. La peor solución para sacudirse la
presión de los mercados suele ser dar una respuesta a medias, quedarse
en tierra de nadie: ese balón de oxígeno en el déficit público llega
cuando la tensión está en máximos en lo relativo al sistema financiero. Y
ni Europa ni el Gobierno ni el Banco Central Europeo (BCE) dieron una
sola señal de optimismo en medio de ese paisaje alterado y convulso de
la banca española.
Madrid quiere evitar a toda costa pedir el dinero a Europa por el estigma que eso supone
Los mercados penalizaron la falta de soluciones definitivas
a una crisis que ha dejado de ser fiscal y financiera para convertirse
en eminentemente política. La prima de riesgo, el sobrecoste que exigen
los inversores al bono español a 10 años frente al alemán, alcanzó los
540 puntos básicos, un nuevo máximo histórico de esta medida de la
solvencia de la deuda soberana española desde que existe el euro. Hay
que remontarse a 1993 para encontrar niveles similares. El tipo de
interés de la deuda a 10 años llegó a tocar el 6,7%. Y aun así, todavía
hay algo de margen. Pero no demasiado: el bono italiano alcanzó el 7,5%
justo antes de que Europa exigiera la salida de Silvio Berlusconi del
Gobierno; y los rescates de Grecia, Irlanda y Portugal se produjeron en
torno al 8,5%.
A falta de una, España tiene todavía otra segunda prima de riesgo:
la cotización de Bankia,
portada de los grandes medios internacionales a diario. La antigua Caja
Madrid de Rodrigo Rato llegó a caer este miércoles cerca del 15% y
cerró con un descenso superior al 8%. Los problemas se acumulan: al
terremoto diario causado por Bankia se suma la reciente
dimisión del gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, con la credibilidad del supervisor en caída libre tras las críticas del propio Gobierno.
Es muy improbable que en un plazo de unas
semanas, cuando se conozcan las auditorías a la banca española, el
dinero esté disponible para invertirlo en España por esa vía
El BCE contribuyó al caos con un cruce de notas de prensa en las que,
a la postre, venía a confirmar que no es partidario de recapitalizar
Bankia y el resto de las entidades que lo necesiten con deuda pública,
tal y como pretendía en principio el Gobierno. No se transforma a un
país y no se sale de una crisis desmesurada como esta sin ser capaz de
contar una historia. Y el Ejecutivo "no ha contado aún a las claras
cuáles son sus planes para Bankia y para el resto del sector cuando
falta ya poco más de un mes para ver cuáles son las verdaderas
necesidades de la banca española", indicaron fuentes europeas. El
agujero puede ascender a algo más de 50.000 millones de euros, según
distintas fuentes, aunque esa cifra es aún aventurada. "O el sector
financiero español consigue ese capital, algo improbable, o el Estado
inyecta fondos públicos, algo que parece difícil en este momento de
desconfianza con todo lo que huela a España, o será imposible evitar un
rescate europeo que gana enteros a cada día que pasa", explicaron
fuentes financieras en Washington.
Cuando la prima de riesgo llega a los 200 puntos, se enciende la
señal de advertencia. A los 400 suenan las alarmas. A los 600 es el fin,
y España lleva varios días acercándose peligrosamente a esa cota. La
presión no cedió este miércoles, aunque sí hubo un momento en el que
pareció que España se alejaba de territorio comanche: en un doble
mensaje positivo para Madrid, junto con el mayor plazo para el déficit
la Comisión —el brazo ejecutivo de la UE— dio a entender que está
trabajando en un proyecto de unión bancaria, que incluye un fondo de
garantía de depósitos y, sobre todo, un mecanismo de resolución de
entidades financieras que podría permitir al fondo de rescate inyectar
dinero directamente en los bancos, sin pasar por los Estados.
Cuando la prima de riesgo llega a los 200
puntos, se enciende la señal de advertencia. A los 400 suenan las
alarmas. A los 600 es el fin, y España lleva varios días cerca de esa
cota
Durante unos minutos se abrió el cielo para el riesgo país español:
Madrid quiere evitar a toda costa pedir el dinero a Europa por el
estigma que eso supone. Los fondos internacionales huirían de España
inmediatamente en busca de refugios más seguros; ni siquiera sería
descartable un pánico bancario en ese caso, según los expertos más
agoreros, que son cada día más. Pero inyectar los fondos directamente en
las entidades, sin que el Gobierno se viera obligado a pedir ayuda,
permitiría sortear el tabú de una intervención (en realidad no tan tabú:
Grecia, Irlanda y Portugal tardarán mucho tiempo en poder volver a
financiarse por sí solos). Eso supondría una medida del agrado de
España, y al parecer también de los mercados, que por unos minutos
saludaron esa posibilidad con un vaivén optimista.
Nuevos sacrificios
La confianza duró lo que tardó el vicepresidente Olli Rehn en cortar
de raíz esa opción: "Las inyecciones directas a los bancos no son
posibles actualmente", zanjó. Esa medida podría estar disponible dentro
de unos meses, si los socios europeos se ponen de acuerdo. Pero es muy
improbable que en un plazo de unas semanas, cuando se conozcan las
auditorías a la banca española, el dinero esté disponible para
invertirlo en España por esa vía. Porque además, como de costumbre,
Alemania (y otros países) no quiere oír hablar de esa posibilidad.
"Allá donde hay peligro también surge la
salvación", dice un verso de Hölderlin, tan alemán como el BCE,
probablemente la única institución que tiene algo parecido a la
salvación para España
A falta de respuestas para los problemas urgentes, al menos hubo un
gesto para lo importante. "España tendrá un año más para cumplir con el
déficit", dijo Rehn, tal como
había avanzado este periódico.
Un año más con unos cuantos condicionales: siempre que Madrid presente
un plan presupuestario bianual, para 2013 y 2014, y apruebe nuevos
sacrificios en el ámbito de la
reforma laboral y de las pensiones,
suba el IVA
y consiga controlar el gasto en las comunidades autónomas, entre otras
muchas medidas. Hace seis meses, ese año adicional (que el PSOE solicitó
en la campaña electoral y que le granjeó duras críticas de Rajoy)
hubiera sido como agua de mayo.
Como de costumbre, vale ese
adagio tan europeo del
"demasiado poco, demasiado tarde": la crisis se complica para España y
desde el FMI a la UE, pasando por Berlín, cada vez se ve más posible una
intervención europea. A España le queda un mes de órdago. En apenas
unos días tiene que presentar un programa creíble para 2013 y 2014 que
garantice ese año adicional. Hay que esperar que de las
elecciones en Grecia
no salga un Gobierno contrario a los acuerdos con la UE para
tranquilizar a los mercados. Hace falta también nombrar un nuevo
gobernador para el Banco de España y sobre todo algo creíble para
garantizar que el Gobierno tiene el dinero disponible para cuando se
conozca el examen final a la banca, en los primeros días de julio.
"Allá donde hay peligro también surge la salvación", dice un verso de
Hölderlin, tan alemán como el BCE, probablemente la única institución
que de veras tiene algo parecido a una posibilidad de salvación para
España.