Esta legislatura española será recordada, entre otras cosas, por la constante vulneración del principio constitucional de la seguridad jurídica, que obliga a todos los poderes públicos.
El restablecimiento del Impuesto del Patrimonio ha suscitado una fuerte polémica, ha puesto de relieve las evidentes contradicciones existentes en el Consejo de Ministros y ha hecho renacer de sus cenizas la demagogia populista del “rico” versus “pobre”.
Un esperpéntico espectáculo en medio de una tragedia como la de tener más de cuatro millones de parados y la de padecer la intervención oficiosa de España por parte del BCE., que hizo levantar la sospecha del presidente de los EEUU. Todo, hablemos claro, porque los socialistas temen una debacle electoral tan categórica que a las cuevas de Altamira hayan de recurrir para contar cuántos quedan en pie. Todo, porque, con un discurso finiquitado, han resuelto ir para atrás en la recuperación de una trasnochada demagogia populista que hoy ya no engaña ni al más bobo.
Ante el mismísimo vacío, se ha recuperado la vieja dialéctica de ir contra los “ricos”, estableciendo a toque de decreto-ley quién es “rico” y quién es “pobre” en función de su patrimonio. Alucinante, falso y engañoso porque, entre otras cosas, los “ricos de verdad” saben de vericuetos legales, que no han destruido los socialistas, antes lo contrario, por donde colarse y hacerse el “pobre”.
Aquí, como casi siempre, es la esforzada clase media quien paga el pato. El pato de una mediocridad intelectual acreditada, el pato de una dirección política tan errática como equivocada y el pato de haber de haber ocupado la presidencia del Gobierno la mismísima frivolidad.
El engaño y la mentira de esta recuperación del Impuesto del Patrimonio, amén de constituir nuevo atentado a la necesaria e imprescindible seguridad jurídica, reside en quienes van a ser los paganos: Los ahorradores, los profesionales, los autónomos, los pequeños empresarios y las viudas y los pensionistas que, previsores, perciben un complemento de su renta fruto del trabajo y del ahorro.
Pequeños y medianos patrimonios van a cotizar a Hacienda; los grandes patrimonios, van a seguir burlándose de Hacienda. Se castigará el ahorro que ayuda a la inversión. Esta es la gran verdad y esta es, a su vez, la gran mentira que pregonan los socialistas recuperando una dialéctica que en el almacén de las antiguallas ideológicas se hallaba.
Josep López de Lerma, abogado.
Fuente: Expansión.com
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