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jueves, 31 de mayo de 2012

Bruselas no logra frenar el vendaval

La Comisión da un año extra a España para rebajar el déficit al 3%
El récord de la prima de riesgo de la deuda hace suspirar por un apoyo inmediato
Bruselas 31 MAY 2012 - 00:16 CET

El comisario de Asuntos Económicos y Monetarios, Olli Rehn (centro), junto a Algirdas Semeta (izquierda), comisario europeo de Fiscalidad y Unión Aduanera, y el comisario europeo de Empleo y Asuntos Sociales, Laszlo Andor (derecha). / OLIVIER HOSLET (EFE)
Lo importante y lo urgente. España se hunde en la recesión y tiene serias dificultades con su deuda pública: eso es lo importante. Y esto es lo urgente: Madrid tiene un problema mayúsculo en la banca, que necesita dinero público por la vía rápida para taponar las vías de agua que han dejado el sonoro pinchazo inmobiliario y la esperpéntica nacionalización de Bankia. En Bruselas y en las capitales europeas sube como la espuma la opinión de quienes consideran que el Gobierno de Rajoy puede verse abocado a solicitar una intervención europea porque el tiempo se echa encima sin que se vislumbre nada parecido a una solución para el sistema bancario, que va a requerir fondos públicos a paletadas. Frente a ese veredicto, la Comisión Europea dio este miércoles algo de aire a España, protagonista absoluto de la crisis europea en este momento, al conceder un año más —con condiciones— para rebajar el déficit al sacrosanto 3% del PIB. Un año extra para la parte importante del problema, la fiscal. Pero nada de nada para lo urgente. La peor solución para sacudirse la presión de los mercados suele ser dar una respuesta a medias, quedarse en tierra de nadie: ese balón de oxígeno en el déficit público llega cuando la tensión está en máximos en lo relativo al sistema financiero. Y ni Europa ni el Gobierno ni el Banco Central Europeo (BCE) dieron una sola señal de optimismo en medio de ese paisaje alterado y convulso de la banca española.
Madrid quiere evitar a toda costa pedir el dinero a Europa por el estigma que eso supone
Los mercados penalizaron la falta de soluciones definitivas a una crisis que ha dejado de ser fiscal y financiera para convertirse en eminentemente política. La prima de riesgo, el sobrecoste que exigen los inversores al bono español a 10 años frente al alemán, alcanzó los 540 puntos básicos, un nuevo máximo histórico de esta medida de la solvencia de la deuda soberana española desde que existe el euro. Hay que remontarse a 1993 para encontrar niveles similares. El tipo de interés de la deuda a 10 años llegó a tocar el 6,7%. Y aun así, todavía hay algo de margen. Pero no demasiado: el bono italiano alcanzó el 7,5% justo antes de que Europa exigiera la salida de Silvio Berlusconi del Gobierno; y los rescates de Grecia, Irlanda y Portugal se produjeron en torno al 8,5%.

A falta de una, España tiene todavía otra segunda prima de riesgo: la cotización de Bankia, portada de los grandes medios internacionales a diario. La antigua Caja Madrid de Rodrigo Rato llegó a caer este miércoles cerca del 15% y cerró con un descenso superior al 8%. Los problemas se acumulan: al terremoto diario causado por Bankia se suma la reciente dimisión del gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, con la credibilidad del supervisor en caída libre tras las críticas del propio Gobierno.
Es muy improbable que en un plazo de unas semanas, cuando se conozcan las auditorías a la banca española, el dinero esté disponible para invertirlo en España por esa vía
El BCE contribuyó al caos con un cruce de notas de prensa en las que, a la postre, venía a confirmar que no es partidario de recapitalizar Bankia y el resto de las entidades que lo necesiten con deuda pública, tal y como pretendía en principio el Gobierno. No se transforma a un país y no se sale de una crisis desmesurada como esta sin ser capaz de contar una historia. Y el Ejecutivo "no ha contado aún a las claras cuáles son sus planes para Bankia y para el resto del sector cuando falta ya poco más de un mes para ver cuáles son las verdaderas necesidades de la banca española", indicaron fuentes europeas. El agujero puede ascender a algo más de 50.000 millones de euros, según distintas fuentes, aunque esa cifra es aún aventurada. "O el sector financiero español consigue ese capital, algo improbable, o el Estado inyecta fondos públicos, algo que parece difícil en este momento de desconfianza con todo lo que huela a España, o será imposible evitar un rescate europeo que gana enteros a cada día que pasa", explicaron fuentes financieras en Washington.

Cuando la prima de riesgo llega a los 200 puntos, se enciende la señal de advertencia. A los 400 suenan las alarmas. A los 600 es el fin, y España lleva varios días acercándose peligrosamente a esa cota. La presión no cedió este miércoles, aunque sí hubo un momento en el que pareció que España se alejaba de territorio comanche: en un doble mensaje positivo para Madrid, junto con el mayor plazo para el déficit la Comisión —el brazo ejecutivo de la UE— dio a entender que está trabajando en un proyecto de unión bancaria, que incluye un fondo de garantía de depósitos y, sobre todo, un mecanismo de resolución de entidades financieras que podría permitir al fondo de rescate inyectar dinero directamente en los bancos, sin pasar por los Estados.
Cuando la prima de riesgo llega a los 200 puntos, se enciende la señal de advertencia. A los 400 suenan las alarmas. A los 600 es el fin, y España lleva varios días cerca de esa cota
Durante unos minutos se abrió el cielo para el riesgo país español: Madrid quiere evitar a toda costa pedir el dinero a Europa por el estigma que eso supone. Los fondos internacionales huirían de España inmediatamente en busca de refugios más seguros; ni siquiera sería descartable un pánico bancario en ese caso, según los expertos más agoreros, que son cada día más. Pero inyectar los fondos directamente en las entidades, sin que el Gobierno se viera obligado a pedir ayuda, permitiría sortear el tabú de una intervención (en realidad no tan tabú: Grecia, Irlanda y Portugal tardarán mucho tiempo en poder volver a financiarse por sí solos). Eso supondría una medida del agrado de España, y al parecer también de los mercados, que por unos minutos saludaron esa posibilidad con un vaivén optimista.

Nuevos sacrificios
 
La confianza duró lo que tardó el vicepresidente Olli Rehn en cortar de raíz esa opción: "Las inyecciones directas a los bancos no son posibles actualmente", zanjó. Esa medida podría estar disponible dentro de unos meses, si los socios europeos se ponen de acuerdo. Pero es muy improbable que en un plazo de unas semanas, cuando se conozcan las auditorías a la banca española, el dinero esté disponible para invertirlo en España por esa vía. Porque además, como de costumbre, Alemania (y otros países) no quiere oír hablar de esa posibilidad.
"Allá donde hay peligro también surge la salvación", dice un verso de Hölderlin, tan alemán como el BCE, probablemente la única institución que tiene algo parecido a la salvación para España
A falta de respuestas para los problemas urgentes, al menos hubo un gesto para lo importante. "España tendrá un año más para cumplir con el déficit", dijo Rehn, tal como había avanzado este periódico. Un año más con unos cuantos condicionales: siempre que Madrid presente un plan presupuestario bianual, para 2013 y 2014, y apruebe nuevos sacrificios en el ámbito de la reforma laboral y de las pensiones, suba el IVA y consiga controlar el gasto en las comunidades autónomas, entre otras muchas medidas. Hace seis meses, ese año adicional (que el PSOE solicitó en la campaña electoral y que le granjeó duras críticas de Rajoy) hubiera sido como agua de mayo.

Como de costumbre, vale ese adagio tan europeo del "demasiado poco, demasiado tarde": la crisis se complica para España y desde el FMI a la UE, pasando por Berlín, cada vez se ve más posible una intervención europea. A España le queda un mes de órdago. En apenas unos días tiene que presentar un programa creíble para 2013 y 2014 que garantice ese año adicional. Hay que esperar que de las elecciones en Grecia no salga un Gobierno contrario a los acuerdos con la UE para tranquilizar a los mercados. Hace falta también nombrar un nuevo gobernador para el Banco de España y sobre todo algo creíble para garantizar que el Gobierno tiene el dinero disponible para cuando se conozca el examen final a la banca, en los primeros días de julio.
"Allá donde hay peligro también surge la salvación", dice un verso de Hölderlin, tan alemán como el BCE, probablemente la única institución que de veras tiene algo parecido a una posibilidad de salvación para España.
Fuente: EL PAÍS.com

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