OBITUARIO
El historiador era una eminencia de la epigrafía clásica
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| El historiador Géza Algöldy, junto al acueducto de Segovia.- JUAN MARTÍN (EL ADELANTADO DE SEGOVIA) |
Hombre amable y con sentido del humor, atributo que hace más sabio al sabio, estuvo muy vinculado a España y especialmente a Tarragona, la antigua imperial Tarraco, al estudio de cuyas inscripciones romanas dedicó una considerable parte de su tiempo y su talento.
Nacido en Budapest en 1935, estudió en su Universidad y logró el doctorado en 1958. Trabajó en el Museo de la Ciudad de la capital húngara hasta 1960 y en 1965 emigró a Alemania Federal. En 1975 ocupó plaza de profesor de Historia Antigua en la Universidad de Heidelberg, de la que era profesor emérito.
Fue un viajero compulsivo que visitó todas las antiguas provincias romanas para investigar sus inscripciones. Entre sus principales áreas de estudio estaban la historia social de Roma -tema al que dedicó uno de sus libros más populares, titulado precisamente así, Historia social de Roma (Alianza)-, y el ejército romano. Su trabajo como epigrafista se esencializa en el Corpus inscriptionum latinarum, la magna obra destinada a recoger todas las inscripciones del mundo romano. Entre sus tareas más curiosas figura haber sido consultor de un filme sobre Augusto protagonizado por Peter O'Toole. Su mirada no se circunscribió a la antigüedad y en 1990 comenzó a trabajar sobre la historia moderna de su país, Hungría.
Alföldy visitó por primera vez Tarragona en los años sesenta para preparar la edición de sus inscripciones romanas (Die römischen inschriften von Tarraco, Berlín, 1975) y desde entonces se vinculó a la urbe, con cuyos arqueólogos trabó estrechos lazos de amistad. Su obra ha supuesto un impulso para el mejor conocimiento de la urbe romana y para la revalorización de sus restos monumentales. La lista de reconocimientos y premios del fallecido maestro es inabarcable e incluye doctorados honoris causa por universidades de todo el mundo, incluyendo muchas españolas, la Medalla Kuzsinsky de la arqueología húngara (1965), que no se le pudo entregar hasta 1992 por su calidad de emigrado; la insignia Nagy Imre "por su trabajo prominente en apoyo del espíritu de la revolución de 1956" (1977) y la Creu de Sant Jordi de la Generalitat de Cataluña.
Fuente: EL PAÍS.com

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