Hay muchos riesgos en la economía y las finanzas, propios de su desenvolvimiento en sus procesos de desarrollo y aplicación. Pero, más allá de esos riesgos normales, controlables, están los riesgos especulativos que se apartan de la ética del trabajo, base y fundamento de una justa renta.
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| Ricardo Franco Lanceta |

Ricardo Franco Lanceta (*)
¿Qué es el riesgo inmobiliario?
Japón fue la primera víctima de un sistema financiero muy liberal en los créditos con garantía inmobiliaria. Un pequeño departamento de 30 m² llegó a costar más de un millón de dólares; pero, al llegarse a un ciclo recesivo no se pudieron pagar las deudas y colapsó todo el sistema financiero.
El Estado prácticamente compró la cartera pasiva, con préstamos a largo plazo y sin tasa de interés. Se salvó esta crisis, pero sus secuelas grabaron el trauma de este riesgo. Otros países del Primer Mundo sufrieron luego la misma experiencia. Por lo visto, la irresponsabilidad de la especulación tiene más poder que los factores genuinamente productivos. La moderación debe ser la norma y no las aberraciones de incrementar los precios inmobiliarios y cubrirlos con créditos. Aquí está el grave problema.
¿Cómo se manifiesta este riesgo inmobiliario en Paraguay?
País de economía agropecuaria con poco desarrollo industrial, la tierra representó tradicionalmente un valor de uso y de renta. Su valor no era comercial sino de uso; pero, de pronto, se dan dos fenómenos que incrementan el valor inmobiliario de las tierras rurales y urbanas, con la agricultura mecanizada y una extensión irracional del urbanismo. No se previó un plan regulador para el uso de la propiedad. El área rural disminuyó y los sectores urbanos se ampliaron. El campo queda para la agricultura mecanizada en tamaño, pero no en servicios, y las ciudades se agrandan. Y el valor de la tierra deja de definirse por su uso, para adquirir un carácter comercial especulativo. El crédito sigue este proceso y la garantía del mismo deja de ser la renta del trabajo, para constituirse en el valor de la propiedad. El crédito, así, se vuelve patrimonialista y se aparta de una función vinculada a las demandas de la economía de producción de bienes y servicios. Se trata de la peligrosa espiral especulativa. La propiedad cada día tiene mayor valor y hace que menos gente pueda acceder a la misma, sea en el área rural o urbana.
Cuando la tierra rural tenía un valor de uso y renta, los campesinos agricultores tenían acceso a la misma y las familias en las ciudades accedían a la propiedad de sus viviendas. Hoy todo cambió. El sistema financiero nacional privilegia el valor especulativo de la propiedad para otorgar créditos. Y así surgen los grandes cinturones de inestabilidad y desocupados urbanos, y campesinos en los sectores rurales del país. El valor comercial de la propiedad genera una injusta discriminación social, que impide la seguridad y la dignidad humana. Nacen los latifundios mecanizados de alta productividad e ingresos, generosamente protegidos por un sistema tributario que, prácticamente, los exonera del pago de tributos, tal está establecido en la Ley 125/92 y la Ley 2421/04 de Adecuación Fiscal. El principio de legalidad cede espacio a la especulación y aumenta el riesgo financiero que reduce cada día más los sujetos de créditos o concentra los mismos en el gran patrimonio. Y, para los más pequeños, hoy denominados “microempresarios”, son los créditos consumistas a corto plazo y altas tasas, que no tienen relación con la rentabilidad del trabajo. El verdadero riesgo está en no tomar como garantía la justa renta del trabajo. Y así nos va. La abundancia concentrada en muy pocos y las necesidades insatisfechas en los más.
¿Cómo parar este riesgo?
Hay dos medidas: a) Una fiscal, que a su vez tiene dos componentes simples: aumentar el valor inmobiliario de las tierras rurales superiores a 10 Ha., hasta su valor de mercado para el pago de impuestos al capital (inmobiliario) y eliminar ese absurdo tributo llamado Imagro, universalizar el impuesto a la renta y excluir el crédito fiscal IVA que hoy beneficia la exportación de materia prima sin valor agregado. b) La financiera, en especial de la banca pública de fomento, que debe ser un instrumento que financie el crecimiento económico para adentro (fuentes de trabajo) y la transformación de la producción primaria en agroindustrial. Exportar alimentos acabados y no materias primas. Este es el gran reaseguro para impedir los riesgos de crisis inmobiliarias y crisis financieras. Hacer posible así una economía vertebrada en el interés general, en la seguridad jurídica para todos y en la democracia plural.
Poder
El Estado prácticamente compró la cartera pasiva, con préstamos a largo plazo y sin tasa de interés. Se salvó esta crisis, pero sus secuelas grabaron el trauma de este riesgo. Otros países del Primer Mundo sufrieron luego la misma experiencia. Por lo visto, la irresponsabilidad de la especulación tiene más poder que los factores genuinamente productivos. La moderación debe ser la norma y no las aberraciones de incrementar los precios inmobiliarios y cubrirlos con créditos. Aquí está el grave problema.
¿Cómo se manifiesta este riesgo inmobiliario en Paraguay?
País de economía agropecuaria con poco desarrollo industrial, la tierra representó tradicionalmente un valor de uso y de renta. Su valor no era comercial sino de uso; pero, de pronto, se dan dos fenómenos que incrementan el valor inmobiliario de las tierras rurales y urbanas, con la agricultura mecanizada y una extensión irracional del urbanismo. No se previó un plan regulador para el uso de la propiedad. El área rural disminuyó y los sectores urbanos se ampliaron. El campo queda para la agricultura mecanizada en tamaño, pero no en servicios, y las ciudades se agrandan. Y el valor de la tierra deja de definirse por su uso, para adquirir un carácter comercial especulativo. El crédito sigue este proceso y la garantía del mismo deja de ser la renta del trabajo, para constituirse en el valor de la propiedad. El crédito, así, se vuelve patrimonialista y se aparta de una función vinculada a las demandas de la economía de producción de bienes y servicios. Se trata de la peligrosa espiral especulativa. La propiedad cada día tiene mayor valor y hace que menos gente pueda acceder a la misma, sea en el área rural o urbana.
Cuando la tierra rural tenía un valor de uso y renta, los campesinos agricultores tenían acceso a la misma y las familias en las ciudades accedían a la propiedad de sus viviendas. Hoy todo cambió. El sistema financiero nacional privilegia el valor especulativo de la propiedad para otorgar créditos. Y así surgen los grandes cinturones de inestabilidad y desocupados urbanos, y campesinos en los sectores rurales del país. El valor comercial de la propiedad genera una injusta discriminación social, que impide la seguridad y la dignidad humana. Nacen los latifundios mecanizados de alta productividad e ingresos, generosamente protegidos por un sistema tributario que, prácticamente, los exonera del pago de tributos, tal está establecido en la Ley 125/92 y la Ley 2421/04 de Adecuación Fiscal. El principio de legalidad cede espacio a la especulación y aumenta el riesgo financiero que reduce cada día más los sujetos de créditos o concentra los mismos en el gran patrimonio. Y, para los más pequeños, hoy denominados “microempresarios”, son los créditos consumistas a corto plazo y altas tasas, que no tienen relación con la rentabilidad del trabajo. El verdadero riesgo está en no tomar como garantía la justa renta del trabajo. Y así nos va. La abundancia concentrada en muy pocos y las necesidades insatisfechas en los más.
¿Cómo parar este riesgo?
Hay dos medidas: a) Una fiscal, que a su vez tiene dos componentes simples: aumentar el valor inmobiliario de las tierras rurales superiores a 10 Ha., hasta su valor de mercado para el pago de impuestos al capital (inmobiliario) y eliminar ese absurdo tributo llamado Imagro, universalizar el impuesto a la renta y excluir el crédito fiscal IVA que hoy beneficia la exportación de materia prima sin valor agregado. b) La financiera, en especial de la banca pública de fomento, que debe ser un instrumento que financie el crecimiento económico para adentro (fuentes de trabajo) y la transformación de la producción primaria en agroindustrial. Exportar alimentos acabados y no materias primas. Este es el gran reaseguro para impedir los riesgos de crisis inmobiliarias y crisis financieras. Hacer posible así una economía vertebrada en el interés general, en la seguridad jurídica para todos y en la democracia plural.
Poder
Por lo visto la irresponsabilidad de la especulación tiene más poder que los factores que son genuinamente productivos.
Norma
Norma
La moderación debe ser la norma y no las aberraciones de incrementar los precios inmobiliarios y cubrirlos con créditos.
Riesgo
El verdadero riesgo está en no tomar como garantía la justa renta del trabajo. La abundancia concentrada en muy pocos.
(*) Abogado, economista con doctorados

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