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domingo, 18 de septiembre de 2011

Aung San Suu Kyi optimista pero prudente sobre reformas en Birmania


Después de medio siglo de poder militar, Birmania parece entrar poco a poco en una prometedora era de reformas, estima la célebre opositora y premio Nobel de la Paz, Aung San Suu Kyi, que precisa que la ruta hacia una democracia auténtica y perenne será larga y no pasará, en su opinión, por la violencia.

En una entrevista exclusiva con la AFP en Rangún, la laureada con el premio Nobel de la Paz consideró sinceros los esfuerzos del presidente Thein Sein, pero no pudo augurarle éxito a largo plazo.

"Ha habido cambios, pero no creo que todos seamos completamente libres. Hay todavía hay un largo camino por recorrer", explicó en la deteriorada sede de la Liga Nacional por la Democracia (LND, disuelta), con la que entró en política hace ya más de veinte años.

"He dicho siempre que soy una optimista prudente y sigo siéndolo. Creo sinceramente que el presidente quiere provocar cambios positivos, pero saber hasta que punto lo logrará habrá que estudiarlo", declaró.

En marzo pasado, la junta que encabezaba el temido generalísimo Than Shwe, en el poder desde 1992, se autodisolvió y pasó las riendas del gobierno a Thein Sein, uno de los muchos jefes militares de alto rango que han dejado el uniforme para dirigir este régimen "civil".

El parlamento surgido de las controvertidas elecciones de noviembre fue convocado, sordo ante las críticas que denunciaban las irregularidades en la votación y la exclusión de Suu Kyi, liberada una semana después de los comicios, tras siete años consecutivos de arresto domiciliario.

En las últimas semanas, el poder birmano se ha abierto a la oposición.

Thein Sein recibió a Aung San Suu Kyi en Naypyidaw, posando debajo de una foto del padre de la opositora, el general Aung San, héroe de la independencia asesinado en 1947, única personalidad unánimemente admirado.

Nada se ha sabido del diálogo, pero "tenemos mucho, muchas cosas en común, en cuanto a lo que queremos que ocurra en nuestro país", indicó ella.

La opositora, fiel a su culto de la no violencia, que le ha valido ser comparada con Mahatma Gandhi, excluye de su proyecto cualquier tipo de movimiento que no sea estrictamente pacífico.

"Lo que necesitamos es una revolución del espíritu. Sin que cambien las actitudes, sin que cambie la percepción (de las autoridades) de los problemas que enfrentan, no habrá un cambio verdadero.

Una insurrección como las de Medio Oriente es por tanto inadecuada, dijo.

"Todos sabemos que los problemas en Libia van a durar largo tiempo. Incluso si logran librarse de todos los miembros del antiguo régimen y establecer un nuevo gobierno, tendrán tantas dificultades, la amargura permanecerá, las heridas quedarán abiertas por mucho tiempo", subrayó.

"El tipo de cambios que queremos tomará tiempo. Y yo quisiera que lleguemos a lograrlos en forma pacífica, mediante la negociación", indicó.

Los últimos grandes movimientos populares en Birmania, en 1988 y 2007, fueron violentamente reprimidas por la junta y no provocaron ninguna reforma, en un país con más de 2.000 presos políticos.

Suu Kyi, la musa de la democracia, boicoteó por su parte las elecciones de 2010, el primer comicio convocado desde el que ella ganó, en 1990, sin haber podido ejercer nunca el poder.

La LND, disuelta a consecuencia del boicot y a la que el régimen ordenó cesar toda actividad "prohibida", sobrevivió bajo la vigilancia de policías de civil que fotografiaban a cualquiera que entrase en su local.

¿La mujer a la que sus admiradores llaman respetuosamente "Señora" se volverá a presentar en 2015? Es demasiado pronto para decirlo, dice tajante, pero está claro que está dispuesta a todo.

"No reflexiono en mi papel político imaginando convertirme en presidente, pero creo que estas cosas deben ser decididos por el pueblo y no por individuos, ni incluso por sus partidos", señala.

¿Lo haría si el pueblo se los pidiese? "Bueno, creo que si no se está preparado para eso, en caso de necesidad, hay que empezar por no entrar en política", subraya.

Hace poco se le permitió a Suu Kyi viajar fuera de Rangún, lo que atrajo a cientos de sus partidarios. Y por primera vez, los diplomáticos y un puñado de periodistas extranjeros -incluyendo la AFP- pudieron visitar el Parlamento.

Un gesto, durante un discurso, a la intención de las minorías étnicas y algunos proyectos han completado lo que algunos quisieron ver en Birmania como una promesa política.

No es suficiente sin embargo como para convencer a los escépticos ni para hacer olvidar a los opositores políticos que siguen en prisión.
El pasado mes, un enviado de la ONU condenó una vez más el desastre de las zonas étnicas en situación de guerra civil, donde campean los asesinatos, las violaciones, los niños soldados y el trabajo forzoso.

El año pasado, el argentino Tomás Ojea Quintana había ya exasperado a la junta al reclamar una investigación internacional sobre los abusos cometidos por las fuerzas de seguridad, que en su opinión equivalían a "crímenes contra la humanidad".

Suu Kyi estima por su lado que un trabajo más cercano al de las Comisiones de la Verdad y la Reconciliación en Sudáfrica, en los años 90, podría ayudar a aliviar a la nación traumatizada.

"No es un tribunal. No tiene nada que ver con la venganza. Pero hay que establecer los hechos, para permitir la futura armonía y el perdón", indica.

Tras vivir siete años sin internet ni teléfono, la mujer que inspiró a tantos activistas había comprometido abrir cuentas en Facebook y Twitter, pero, por ahora, la "Señora" está demasiado ocupada.

"Debo admitir que estamos un poco desbordados, porque recuperar el retraso acumulado en siete años no se puede hacer rápidamente", explicó.

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