El centro cultural de la ría de Avilés se promociona con camisetas, paraguas, lápices, sombreros y relojes que siguen una línea minimalista, además de ofrecer gastronomía asturiana y libros de arte
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En primer término, caja de los dulces típicos del Niemeyer, las «niemeyitas». / Mara Villamuza |
Avilés, Alba D. COSGAYA
Allá donde llegan los turistas no tardan en proliferar las tiendas de recuerdos. Y en el lugar de moda de Avilés, el Centro Niemeyer, no podía faltar uno de estos establecimientos. Pero con una diferencia: ya que se trataba de algo inevitable, a la hora de diseñar los productos con la marca del centro cultural se intentó huir de los típicos cacharritos con la leyenda «Yo estuve en?» y se apostó por acercar un poco más los productos de la región a todos los visitantes.
Lo primero que llama la atención al entrar en la tienda de souvenirs del Niemeyer es el cromatismo, es un amplio espacio decorado en los mismos tonos blancos que el resto del complejo. Sólo destacan de ese entorno blanco los uniformes rojos de sus dependientas, que aseguran que los souvenirs están teniendo buena aceptación entre los turistas.
Estefanía Riego se mueve por la tienda vestida con un pichi y bailarinas de color rojo. Hasta lleva los labios pintados del mismo color mientras trabaja en la tienda. «De momento éste es nuestro uniforme. Tenía que ser rojo, el color corporativo, pero lo hemos elegido nosotras», explica. «La idea es que todo el centro acabe teniendo un mismo uniforme, pero hasta que lo diseñen y llegue, nosotras vamos así».
La tienda se divide en cuatro espacios: el primero dedicado a los recuerdos del Niemeyer en forma de camisetas, paraguas, lápices y todo lo correspondiente, en rojo por supuesto. El segundo rincón es un espacio con libros sobre las exposiciones destacadas que alberga el edificio en el momento. Y la última es una zona con los productos gastronómicos más típicos de Avilés, algo bastante novedoso y en el que destacan las «niemeyitas».
Las galletas, que fueron diseñadas con la forma de la cúpula del Niemeyer en mente, se han convertido en una de las señas de identidad de la tienda. Las «niemeyitas» son un producto artesanal hecho en Avilés, y de los cinco sabores originales han ido creciendo hasta llegar a los nueve: café, frambuesa, «gianduja», violeta, almendra, crema quemada, naranja, chocolate y limón. Su forma recuerda un poco a los típicos «macarrons» franceses, pero las galletas avilesinas son mucho menos empalagosas y están teniendo una acogida muy buena entre los turistas. «Están muy ricas», asegura Estefanía Riego.
Aunque sea verano, uno de los recuerdos más buscados del Niemeyer son los paraguas. «Vendemos muchos por el mal tiempo. También se lleva mucho la gente camisetas, bolígrafos y lápices», explica Estefanía. «Generalmente, para regalar».
Los libros de diseño y arquitectura son una de las apuestas fuertes del Niemeyer. Pero además el centro cultural también ha hecho su propia selección de novelas gráficas: «El invierno del dibujante», «Chico y Rita», «Persépolis»... Destinadas a un público más joven con gustos más alternativos. Y aún queda mucho por ver.
«Todavía faltan muchas cosas por llegar, teniendo en cuenta que los tiempos de producción son de unos cuarenta días, y llevamos abiertos desde el 1 de junio», explica la responsable de la tienda. De todas formas, los primeros objetos han tenido éxito, y los turistas ya empiezan a comprar. Antonia Grijalgo nació en Avilés, pero vive en Valencia desde los 4 años. Ahora ha vuelto a visitar su ciudad y la encuentra «muy cambiada, con un casco antiguo muy bonito». Ha decidido comprar un paraguas y una bolsa como recuerdo y explica que son para regalo. Su opinión sobre el Centro Niemeyer, en cambio, no la tiene tan clara. «Creía que iba a ser algo más espectacular y me ha dejado un poco desilusionada», opina. «Además, todo el tema de su utilidad multicultural no termino de creérmelo del todo», reconoce Antonia Grijalgo.
Álvaro Bilbao ha venido explícitamente para ver el nuevo centro cultural de la ciudad avilesina, empujado por el reclamo de la exposición de Carlos Saura y de la muestra «Polaroids» de Julian Schnabel. «Me han parecido muy curiosas las " niemeyitas"», explica Bilbao, intrigado por la forma de los dulces. «Los "macarrons" franceses sí que los he probado y no me gustan mucho», añade el visitante.
Carmen del Caño y su marido, Federico Castro, son de Madrid y acudieron a Avilés para interesarse por la oferta cultural del Niemeyer y, de paso, disfrutar del día en familia. «Nos ha encantado. Acabamos de llegar y vamos a ir a visitar la exposición de Carlos Saura, que nos han dicho que está muy bien y es interactiva», explica Carmen del Caño refiriéndose a la muestra «Luz». «El edificio es espectacular», añade su marido. «La tienda es muy bonita, tiene mucho estilo», pondera Del Caño. «Y la zona con sillones para los niños está fenomenal, porque se pueden sentar a descansar y te dejan ver las cosas tranquilamente», explica entre risas. Y si lo dice una madre de dos niñas, María y Ana, tiene que ser verdad.
Los souvenirs típicos
Una de las apuestas de la organización del centro cultural a la hora de diseñar los objetos a la venta en el Niemeyer han sido los productos típicos de la región: embutido, sidra y distintos tipos de quesos. Pero tampoco ha olvidado los más clásicos, como los paraguas y los sombreros.
Hora Niemeyer
Los recuerdos de los lugares que se visitan se regalan con buena intención, pero no siempre se acierta. El reloj del Niemeyer es una buena opción, un souvenir que no lo parece.
Fuente: La Nueva España

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